
Volumen
18 Suplemento 1 2006
Indice
Dr. Enrique Hernández Cortez |
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La entrega de oxígeno al tejido es el producto del flujo sanguíneo y el contenido arterial de oxígeno, lo que en forma general está representado por el gasto cardiaco y el oxígeno arterial. La cifra mágica de 10/30, no es el criterio único para la transfusión de sangre o el punto de aceptación de un paciente para ingresarlo a cirugía, también se incluyen otras variables tan importantes como la primera, tipo de cirugía, pérdida de sangre estimada, monitoreo invasivo, edad del paciente, factores que determinan el transporte, entrega y extracción de oxígeno. Las diferencias fisiológicas y hematológicas entre niños y adultos, determinan las diferentes guías de transfusión perioperatoria de sangre en el niño. El umbral para transfundir a un niño lo determina principalmente la edad y las condiciones fisiológicas de cada uno. El niño tiene un mayor consumo de oxígeno, un gasto cardiaco mayor, un volumen de sangre elevado y un hematocrito alto. El miocardio neonatal trabaja al máximo para compensar algunas deficiencias en el transporte de oxígeno por una hemoglobina fetal, que no libera oxígeno fácilmente al tejido periférico, por lo que los valores de hematocrito y de hemoglobina del recién nacido deben de ser mucho más altos. El recién nacido de término muestra valores normales de hemoglobina de entre 14 y 20 g/dL. Varias guías de transfusión sanguínea se han publicado recientemente, basadas en la mejor evidencia, usando como indicadores de transfusión sanguínea un hematocrito menor de 30%, o una pérdida de sangre de más del 15% del volumen sanguíneo estimado. Stehling ha reportado que el 26% de todas las transfusiones sanguíneas en el perioperatorio fueron administradas innecesariamente, mientras que el plasma fresco congelado fue administrado innecesariamente en un 33%. A pesar de décadas de esfuerzo, la práctica de la transfusión de sangre sigue siendo inadecuada en la mayoría de los pacientes. La transfusión de sangre a cualquier edad, no deberá basarse sobre la cifra o dato único de hemoglobina, si no por el contrario, deberá basarse sobre el riesgo del paciente de desarrollar complicaciones por el transporte inadecuado o deficiente de oxígeno. El propósito de esta revisión es analizar las causas y las consecuencias fisiopatológicas, de la anemia perioperatoria, así como reconsiderar las indicaciones propias de la transfusión sanguínea en el niño.
Palabras clave: Hemoglobina, niños, transfusión.
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Tissue oxygen delivery is the product of blood flow and arterial oxygen content and on the whole the body level is represented by cardiac output and the arterial oxygen. Blood has an oxygen carrying capacity of 1.34 mL of oxygen per gram of hemoglobin. The magic rule 10/30 is no longer the single criteria to suggest a blood transfusion or to accept a patient for surgery, but also the type of surgery and estimated blood loss, including invasive monitoring to determine transport, delivery and oxygen extraction. The physiologic and hematologic differences between adults and children dictate different guidelines regarding perioperative blood transfusion. The threshold to transfuse a child may be altered secondary to these physiologic considerations. Children have higher oxygen consumption and a higher cardiac output to blood volume ratio than adults. The neonatal myocardium operates at maximum level of performance as a baseline. Therefore, the newborn’s heart be unable to compensate for a decreased oxygen carrying capacity by increasing cardiac output. Therefore, the optimal hemoglobin values in the newborn are generally higher than those of older patients. The normal neonate has hemoglobin values from 14 to 20 g/dL. Several transfusion guidelines have been published recently, based on the best available evidence, using as an indicator for blood transfusion a hematocrit less than 30%, or blood loss of 15% of the estimated blood volume. Stehling has reported that 26% of all transfusion in the perioperative setting was given unnecessarily. Fresh frozen plasma was inappropriately administered in 33%. Despite decades of effort, red cell transfusion practice remains erroneous in most patients. The blood cell transfusions should not be dictated by a single hemoglobin trigger, it should be based on the patient´s risks to develop complications of inadequate oxygenation. The purpose of this review article is to analyze the causes and pathophysiological consequences of perioperative anemia and blood loss, as well as to reconsider the proper indications for blood transfusion in children
Keywords: Hemoglobin, children, transfusión.
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La
primera información que aparece en la literatura respecto a la cifra de hemoglobina
(HB) necesaria para que un paciente recibiera algún tipo de anestesia apareció
en 1942, en donde Adams y Lundy recomendaban transfundir a los pacientes antes
de cirugía, cuando su HB fuera menor de 10 g/dL. Se adoptó este sofisma como regla universal una HB y un hematocrito
(HT) de 10/30, sin mencionar alguna
posible explicación o soporte científico por mínimo que fuera.1 Bajo
estas condiciones dicho concepto permaneció incuestionable hasta
aproximadamente 1994 en que
En
los últimos 50 años la anestesiología ha pasado del éter al desflurano, del
curare al vecuronio, del estetoscopio al monitoreo invasivo, de los dispositivos
o equipos rudimentarios para administrar anestesia a base de esponjas, gasas,
conductos de cobre o recipientes de superficie ancha, en donde se inhalaban los
vapores del cloroformo, a las máquinas de precisión, con detalles de mecánica,
ingeniería y electrónica a base de microprocesadores, para asegurar una
cantidad exacta de un gas que sea predecible, a fin de garantizar la seguridad
del paciente. En algunas áreas de la anestesiología los avances han sido
gigantescos. ¿Pero realmente cuanto hemos cambiado, con respecto a la cifra de HB
y HT, necesarios para someter a un paciente a los efectos de la anestesia?, ¿o
qué es lo que les estamos legando y enseñando a las nuevas generaciones de anestesiólogos,
cuando observan que rechazamos un
paciente pre quirúrgico, por tener menos de 10 g/dL de HB?
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La
anemia es la disminución del HT, de la concentración de HB por dL, y de la cantidad
de eritrocitos por milímetro cúbico, al compararlos con los valores de
referencia de la población normal. En el neonato la anemia se define como una
concentración de HB por debajo de los 13 g/dL. La principal función de la HB es
el transporte de oxígeno de los pulmones a los capilares periféricos y la
entrega de oxígeno final. La anemia puede ser congénita o adquirida, primaria o
secundaria a otros padecimientos y en la gran mayoría de los casos representa
solamente un síntoma secundario a otra enfermedad.3
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En
México la prevalencia de anemia en embarazadas es del 27.8% contra 20.8% en las no embarazadas. Las regiones de México
con mayor taza de anemia son las áreas rurales del sur del país; 23.2% contra
20.9% para las áreas del norte. Las mujeres de las zonas indígenas son las más afectadas. Varios factores se asocian a
sus causas, como son la edad, paridad, hábitos de alimentación, nivel cultural
y socioeconómico, etc.4
La
forma más común de anemia, es debida a una falta de hierro en la dieta. La
anemia por deficiencia de hierro se encuentra ampliamente distribuida,
presentándose en alrededor del 42% de los niños en países en desarrollo y entre
el 10 y 20% de los hombres en África, América del Sur y Asia. La última Encuesta
Nacional de Nutrición en México encontró que la prevalencia de anemia en niños
menores de 5 años de edad es de 27.7%, pero en niños entre 12 y 23 meses, es hasta
de un 50% en algunas zonas bien identificadas en nuestro país. La anemia crónica
severa en cualquiera de sus presentaciones, puede disminuir en forma importante
el transporte de oxígeno a cualquier parte del cuerpo, pero la alteración más
preocupante es el aprendizaje lento o retardado en la niñez, característico de
los países en desarrollo. En los menores de cinco años las principales causas son deficiencias de
vitaminas y minerales, en una tercera parte de estos niños hay deficiencia de
zinc, vitamina A y vitamina C.5
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Es
necesario recordar algunas características propias del menor de 3 meses de edad,
en especial en el aparato cardiovascular y respiratorio, que nos permiten
entender mejor el comportamiento de la HB y su impacto en el neonato
relacionado con la oxigenación de la sangre, HB y transporte de oxígeno, y así
poder entender por qué la cifra de HB necesaria para recibir a un paciente a
quirófano, no puede ser la misma en todas las edades. El corazón neonatal tiene
menos fibrillas y mitocondrias que el del adulto, solo el 30% del miocardio es
tejido suficientemente contráctil, por lo tanto la fuerza de contracción
generada por el miocardio neonatal es significativamente menor que la generada
por la del miocardio adulto. Por esto el corazón del neonato, es menos
distensible, su volumen de eyección es relativamente fijo y el gasto cardiaco
casi dependiente de la frecuencia cardiaca. Aun cuando el gasto cardiaco es el
doble que el del adulto, debido a una mayor tasa metabólica y mayor consumo de
oxígeno. Por otro lado tenemos que la inervación simpática del corazón y de la
vasculatura periférica es incompleta al nacimiento, la reserva de catecolaminas
está disminuida, la inervación parasimpática del corazón está completamente
desarrollada al nacimiento y da lugar a un predominio del tono vagal, por lo
tanto tiene tendencia a la bradicardia, a la bradipnea y a la hipotermia. El
ducto arterio-venoso frecuente en los recién nacidos, y más comúnmente en el
prematuro de menos de 1500 gr, constituye un cortocircuito de izquierda a
derecha, con sobrecarga del circuito de la pulmonar, y posteriormente
sobrecarga del corazón derecho. En el aparato respiratorio encontramos que tiene un riesgo particular de
colapso pulmonar e hipoxemia durante el transanestésico. La red alveolar es
incompleta al nacimiento, un desarrollo rápido ocurre durante la infancia y
termina hasta los 8 años de edad. La relación ventilación minuto capacidad /
residual funcional es de 5:1, por ello la reserva de oxígeno es muy pequeña y
la rapidez con la que se agotan las reservas de oxígeno y la consecuencia inicial,
la cianosis. La pared torácica se deforma fácilmente y tiende a retraerse con
la inspiración, es inestable a causa de su alto contenido de cartílago. Los músculos
accesorios de la inspiración son ineficaces en los lactantes por la
configuración de las costillas horizontales, y se mueven muy poco con la
inspiración. La hipoxia sostenida conduce inicialmente a una recuperación de la
ventilación basal y después a una depresión ventilatoria. La respiración
periódica es un patrón ventilatorio que suele observarse en neonatos,
especialmente en los prematuros, y se caracteriza por pausas recurrentes en la
ventilación, con duración de
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La anemia crónica es mejor tolerada que la
aguda y su sintomatología depende de la causa que le dio origen. Así, una persona
puede tolerar niveles tan bajos de HB de menos del 50 %, sin efectos colaterales graves. Conocer los cambios
compensatorios de la anemia aguda es esencial. Estos cambios compensatorios pueden
ser centrales, regionales, de la microcirculación, o de la curva de disociación
de la HB. La anemia normovolémica resulta de una disminución de la viscosidad
sanguínea, lo que facilita el retorno venoso aumentando la precarga y
disminuyendo la postcarga. La estimulación simpática secundaria incrementa el
inotropismo, aumentando el gasto cardiaco, como un mecanismo compensatorio. En
los humanos cuando la concentración de HB disminuye, la entrega de oxígeno permanece
inalterada hasta que la concentración de HB disminuye a menos de 7 g/dL. La
entrega de oxígeno en el tejido periférico se encuentra en su máximo cuando la
concentración de hemoglobina es de10 g/dL. El incremento en el volumen
sistólico (no por taquicardia), y el volumen mayor de eyección, son favorecidos
por una menor viscosidad de la sangre y por la disminución de las resistencias
periféricas, lo que resulta en un flujo tisular aumentado, compensando así el
menor contenido de oxígeno en la sangre. En el paciente no sometido a cirugía,
los niveles de HB menores de 7 g/dL producen una debilidad extrema y cansancio
fácil. Cuando las cifras de HB son graves de 3 o menos g/dL, hay disnea de
esfuerzo y de reposo, con insuficiencia cardiaca progresiva. A nivel regional
hay una redistribución del flujo sanguíneo de los órganos no vitales a órganos
vitales como el cerebro, corazón y sistema nervioso central, previniendo
posibles eventos de hipoxia critica. El mecanismo compensatorio más importante
en el paciente con niveles de HB menores a 7 g/dL, es el aumento en la
concentración del ácido 2,3 difosfo-glicerato (2,3-DGP) en los eritrocitos, con
lo cual la curva de disociación de la hemoglobina se desvía a la derecha y con
ello existe una menor afinidad por el oxígeno, pero una mayor entrega del mismo
a los tejidos. El corazón por otro lado,
y debido a su mayor trabajo desarrolla hipertrofia miocárdica, con respuesta
respiratoria, que incluye disminución de los cortocircuitos pulmonares y
reducción de la reserva respiratoria. Se incrementa la producción de ácido
láctico al generar mayor deuda de oxígeno, esto puede causar hiperventilación
en el paciente despierto, la acidosis resulta del inadecuado aporte de oxígeno
y la no remoción de productos de desecho, ya que el ácido láctico es un
producto del metabolismo anaeróbico, y se acumula en los tejidos y en el sistema
vascular. 7,8
Anemia fisiológica. Los lactantes experimentan una disminución en
los niveles de HB durante las primeras semanas de la vida. La velocidad con la
que el nivel de HB declina, varía en relación inversamente proporcional a la
edad gestacional. Entre las ocho y las doce semanas de vida extrauterina en los
neonatos a término, las concentraciones de hemoglobina fluctúan alrededor de 10
g/dL, sus causas son múltiples, pero el factor más importante es la disminución
en la producción de glóbulos rojos maternos, que terminan su vida media natural
fetal y el inicio de su propia producción, aunque también contribuye el efecto
dilucional secundario al incremento del volumen plasmático. Sin embargo, en el
niño sano mayor de tres meses, programado para cirugía con una HB de 10 g/dL,
no está indicado su transfusión perioperatoria, tampoco hay evidencias
científicas que lo soporten, ya que la anemia leve a moderada no contribuye a
la morbimortalidad perioperatoria. Ante esta situación
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Se
considera que los seres humanos pueden tolerar concentraciones más bajas de HB
y de transporte de oxígeno durante la anestesia, que cuando están despiertos.
La pérdida aguda de HB en el paciente pediátrico, es la que más le interesa al
anestesiólogo, ya que es la que ocurre generalmente en quirófano, y por lo tanto,
es con la que debe estar familiarizado. La pérdida sanguínea máxima permisible
debe ser calculada siempre, antes de cada intervención quirúrgica, generalmente
no es mayor del 15 al 20%. Sin embargo, su importancia depende de la edad del
niño; en el recién nacido, perder el 10% de su volumen sanguíneo circulante,
puede ser suficiente para descompensarlo hemodinámicamente. La pérdida del 15%
del volumen sanguíneo total va seguida de una contracción vascular y una
redistribución del líquido que transfiere volumen desde el espacio
extravascular al intravascular, sin producir alteraciones clínicas. Con pérdida
entre el 15 y 30% del volumen sanguíneo, hay una significativa constricción
arteriolar que lleva a reducir el rendimiento cardíaco. Casi todos los
pacientes experimentan una baja en la presión del pulso, e hipotensión arterial
con más del 30% de perdidas, el organismo hace esfuerzos por
mantener un rendimiento cardíaco casi normal para el cerebro, suprarrenales y en general a todos los órganos ricamente vascularizados,
a expensas del flujo sanguíneo a otros órganos.
Cualquiera
de las formulas que toman en cuenta el peso y el HT del paciente son de gran utilidad
para estimar las pérdidas sanguíneas, como las siguientes.
PSE = peso x vsc (Ho-Hi)
Ho
PSE = peso x vsc (Ho-Hi)
H
PSE = peso x vsc x (Ho-Hi) x (3-H)
PSE (pérdida sanguinea permitida)
VSC (volumen sanguíneo circulante)
Ho (Hematocrito inicial)
Hi (hematocrito más bajo aceptable)
H (hematocrito
promedio) (Ho-Hi)
2
Cuantificar
las pérdidas de sangre en compresas y campos quirúrgicos, recolectores de
sangre y tubos de arrastre, pueden ser inexactas, por lo que es más aconsejable
pesar las gasas y compresas periódicamente durante la etapa de sangrado activo.
Las pérdidas agudas producen datos clínicos diferentes y muchas veces se
encuentran enmascarados bajo la influencia de los anestésicos, ya que estos
deprimen la función miocárdica, provocando disminución de la presión arterial,
del volumen sistólico y de las resistencias vasculares sistémicas, así como
disminución de las necesidades cerebrales, miocárdicas y de consumo de oxígeno
por el organismo. El incremento en el gasto cardiaco en el paciente despierto
es debido a un aumento tanto del volumen cardiaco, como al incremento de la
frecuencia cardiaca, en contraste al incremento del gasto cardiaco del paciente
anestesiado, el cual es debido solo al aumento del volumen cardiaco. Como
consecuencia la taquicardia en la anemia aguda ha sido considerada como un
signo de hipovolemia y deberá de ser tratada primariamente con soluciones
cristaloides.
En
el paciente adulto, sometido a anestesia general, se ha demostrado que las pérdidas
de sangre son más altas en relación a los pacientes que reciben anestesia
regional. Varios estudios controlados
han confirmado un ahorro de entre el 30 al 40% en pacientes bajo anestesia
regional, principalmente abajo anestesia peridural, sobre todo en pacientes
ginecológicas, urológicas y de cirugía ortopédica. Una de sus posibles
explicaciones es la analgesia postoperatoria, gracias a los anestésicos locales
y a los opioides, que reducen de manera importante el dolor en esta etapa de la
cirugía. Sin embargo existen otras razones como la hipotensión controlada más
baja de la anestesia regional, que de la anestesia general. Dicha afirmación no
ha sido estudiada en el paciente pediátrico, sin embargo los mecanismos
productores de sangrado durante la anestesia general, pueden ser muy idénticos
a los que ocurren en el paciente adulto,10 de tal manera que la
hipotensión arterial, la palidez de las extremidades y una caída del gasto
urinario, son los únicos datos clínicos importantes a considerar bajo
situaciones de anestesia e hipovolemia. La caída de la saturación de oxígeno,
se observa en situaciones más severas. Las
reducciones del contenido de oxígeno arterial habitualmente son bien tolerados
por el aumento del gasto cardiaco compensatorio, especialmente si se conserva la
primera regla de oro de la anemia aguda, que es mantener al paciente bajo
condiciones de normovolemia, en la fase aguda de la hemorragia es mucho más
importante mantener la volemia que la capacidad de transporte de oxígeno. Si se
mantiene el volumen sanguíneo se pueden tolerar grandes pérdidas del volumen
sanguíneo circulante, sin embargo, puede ser fatal una pérdida de
descompensación del volumen sanguíneo.11
Bajo
anestesia, los hipnóticos, el bloqueo neuromuscular, ciertas condiciones
intraoperatorias como la hipotermia, los agentes inhalados según su profundidad
anestésica, causan depresión miocárdica, descensos de la presión arterial y del
volumen de eyección, disminución de la resistencia vascular periférica y en
general bajan la demanda de oxígeno, por
lo tanto se toleran niveles más bajos de HB y transporte de oxígeno, esto se
puede deber a una reducción del consumo de oxígeno inducida por los
anestésicos. Aun cuando la entrega de oxígeno se define como el producto del
rendimiento cardíaco y el contenido arterial de oxígeno, la compensación
primaria del rendimiento cardiaco se ve afectada por la anestesia, la falla
ventricular en un paciente con anemia severa puede traer consecuencias graves.12 El corazón no comienza a producir ácido láctico a menos que el HT esté por
debajo de
Como
resultado de esta depresión del miocardio, un evento frecuentemente observado
en el paciente con disminución de la HB e hipovolemia, es la hipotensión
arterial después de un proceso de inducción anestésica, especialmente con
tiopental o propofol en bolo y sin control de la velocidad de administración,
por lo que es recomendable oxigenarlos previamente y la administración de una
carga de cristaloide, ya que la volemia es esencial en los niños hemodinámicamente
inestables. Es aconsejable llevar a cabo la inducción con un halogenado suave y
en forma progresiva, aumentando lentamente la concentración inspirada y a dosis
menores, atropinisar previamente al paciente, y tratar de deprimir lo menos
posible al miocardio, utilizando opioides como el fentanil. Dicho de otro modo;
adaptar las drogas a las condiciones del paciente y no el paciente a las
drogas. Diversos efectos de los medicamentos anestésicos pueden minimizarse utilizando formas de administración
adecuadas a cada paciente o previniendo las consecuencias de sus acciones. Los
cambios en el electrocardiograma se han observado con HB menores a 7 g/dl.14
No
se ha establecido el límite inferior de tolerancia humana a la anemia aguda
normovolémica; se sabe que la entrega de oxígeno es adecuada en la mayoría de
los individuos sanos a concentraciones de hemoglobina tan bajas como 7 g/dL,
siempre que se mantenga una saturación de oxígeno y gasto cardiaco normal, la
oxigenación tisular se mantiene, y la anemia se tolera, inclusive con valores
de HT tan bajos como 18 - 25%.
Hay
dos tipos de pacientes de quienes hemos aprendido mucho sobre la reducción a
niveles críticos de HB; los primeros son aquellos enfermos con insuficiencia
renal crónica y/o trasplante renal, quienes toleran la anestesia y la cirugía
aún con niveles tan bajos de HB como 6 a
7 g/dL, y los segundos son los enfermos que por motivos religiosos no aceptan
recibir sangre. En ambos casos se ha observado que la mortalidad se incrementa
cuando los niveles de HB están por abajo de 8 g/dL, sin embargo la mortalidad
está más relacionada con la pérdida sanguínea perioperatoria de más de 500 mL, que
con el nivel de HB.
Por
cada gramo de HB se transportan 1.34 mL de oxígeno, de tal manera que si la
saturación de oxígeno es al 100 %, la hemoglobina puede transportar 97% del
oxígeno, mientras que el 3% restante va disuelto en el plasma. Tres factores
debemos de tener en cuenta; el contenido arterial de oxígeno CaO = ((HB x 1.4 xSaO)) + (0.003 x PaO) / 100. En condiciones óptimas 100 mL de sangre
transportan 19 mL de oxígeno. Pongamos un ejemplo con 14 g/dL de HB y 95% de
saturación. CaO2 = gr de HB X 1.4 X Sat 02+ (0.003 xPa02)/100 = (14 x 1.4 x 95)
+ (0.003 x 95)/100 = 18.62 vol %, Quiere decir que por cada 100 mL de sangre se
transportan casi 19 volúmenes de O2. Ahora veamos otro ejemplo con 75% de
saturación y la misma cantidad de HB, ecuación No. 2, quiere decir que se
transportan casi 15 volúmenes de oxígeno, disminuyendo la saturación de
oxígeno, que bien podría ser un paciente con algún tipo de patología pulmonar o
cardiovascular. Finalmente con una HB más baja; CaO2 = (9 x 1.4 x 95) + (0.003
x 85)/100 = 11.90 vol %, una HB de 9 g/dL
y saturación de 95%, en este caso se transportan 12 volúmenes de oxígeno por
cada 100 mL de sangre, por lo tanto se transporta un poco más de la mitad de
oxígeno necesario para la vida.
Freeman
y Nunn involucraron una formula, en done el gasto cardiaco juego un papel muy
importante, es decir el oxígeno disponible para los tejidos por minuto (VaO),
que se traduce en el producto del gasto cardiaco y el contenido de sangre
arterial de oxígeno VaO = HB x 1.4 x SaO + (0.003 x PaO /100) x gasto cardiaco/100. Es decir 19 x 5 L/100 =
950 mL/min, es decir que por cada minuto se puede disponer de casi un litro de
oxígeno, aun cuando en realidad sólo se utilizan 250 mL bajo condiciones de
reposo en el adulto, mientras que en el niño pequeño es de 7mL/kg/min, el doble del adulto. La
liberación de oxígeno corporal es dependiente del gasto cardiaco y del
contenido de oxígeno, (HB, saturación de oxígeno y oxígeno disuelto) en condiciones fisiológicas normales, la
liberación de oxígeno excede el consumo de oxígeno, en más de cuatro veces,
resultando un índice de extracción de oxígeno del 20 al 30%, esto asegura una
administración de oxígeno suficiente para cubrir las necesidades tisulares de
oxígeno, incluso en condiciones difíciles o de demandas importantes. De tal
forma que en el paciente menor de 3 meses de edad la cantidad de HB para
someter a un enfermo a un proceso de cirugía y anestesia es necesario mantener
concentraciones preoperatorias de por lo menos 13 g/dL, que equivalen a
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La
transfusión deberá recaer sobre las características individuales de cada
paciente, y la tolerancia a compensar la disminución de la anemia, por lo que
no hay un disparador cuántico universal que indique cuando transfundir a un
paciente anémico. Son los signos clínicos de oxigenación tisular inadecuada,
que ocurren a varios niveles de HB. La anemia es un término muy general, revela
un síntoma secundario de una enfermedad primaria, y no es el eje del problema, pero
juega un papel importante para el anestesiólogo, ya que éste cuida y vigila la
entrega de oxígeno a órganos vitales como el corazón y el cerebro. La isquemia
en estos órganos es fatal, por lo tanto hoy tenemos que hablar de anemia, como
el punto crítico, en donde se compromete el transporte de oxígeno, y este punto
es variable para niños y adultos. En el niño menor de tres meses se aconseja
que no sea menor de 13 g/dL, por todas las características propias del neonato,
mencionadas en los párrafos anteriores. No está bien establecida la cifra de HB en el niño mayor sano. Esto también orienta
al anestesiólogo a tomar una decisión mucho mejor sobre cuál es el momento más
aceptado para indicar una transfusión, y
no necesariamente debe de ser durante el transanestésico. Los criterios
actuales de transfusión de sangre propuestos por Marcucci y Sphahn son los
mejor aceptados hoy en día, sin embargo su desventaja es que muchos de ellos,
no están al alcance de la mayoría de los anestesiólogos y fueron creados para
el paciente adulto. Estos criterios no están probados en pacientes menores de
8-9 años, sin embargo pueden ser una guía muy importante, sobre la cual tenemos
que trabajar (Tabla 1). En los últimos 60
años la mayoría de los anestesiólogos hemos evaluado a la anemia como un factor
aislado, sin analizarlo en forma integral, teniendo como referente primero al paciente y su condición clínica, edad,
patología agregada, tipo y extensión de cirugía, volumen intravascular,
funcionalidad del gasto cardiaco, enfermedad circulatoria o cerebral,
saturación de oxígeno, periodo postoperatorio, etc. Este factor ha sido el tradicional de HB /HT de 10/30, establecido desde 1942, el
cual poco ha cambiado desde entonces. El transporte de oxígeno se mantiene sin
cambios durante el descenso de la HB, hasta que llega a la cifra de 7 g/dL. De
modo que la afirmación de que el transporte de oxígeno es máximo a una HB de 10 g/dL ya no es válido en humanos. Hay poca literatura científica que apoye el valor de HB o HT
como indicador de transfusión en forma automática.16
Tabla 1. Indicaciones sugeridas para transfusión sanguínea.23 |
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Variable |
Intraoperatorio y UCI |
Postoperatorio |
Disparador de transfusión sanguínea: |
Si |
Si |
Depresión del segmento ST > mV |
Si |
Si |
Elevación del segmento ST > mV |
Si |
Si |
Pvo mmHg (presión parcial de oxigeno venoso) |
< 32 |
No aplicable |
Porcentaje de extracción de oxígeno |
> 40 |
No aplicable |
SVO2% (saturación de oxígeno venoso) |
< 60 |
No aplicable |
Anormalidades de movimiento de la pared Ecocardiografía transesofágica y transtorácica |
Si |
Si |
Disminución en la extracción de O2 (V02) |
> 10 |
No aplicable |
Transfusión basada en la HB |
7 |
7-8 |
En pacientes de más de 80 años |
7-8 |
8-9 |
Enfermedad arterial coronaria (CAD) o falla cardiaca congestiva. |
8 |
8-9 |
Saturación de menos de 90 % |
8-9 |
9 |
Pacientes con fiebre/hipermetabolismo |
7-8 |
8-9 |
Los
efectos de la anemia se deben separar de los de la hipovolemia, a pesar de que
ambos pueden interferir con el transporte de oxígeno. Si el problema es la
hipoperfusión tisular por HB baja o por enfermedad cardiaca o pulmonar,
entonces lo que se necesita es corregir el transporte de oxígeno mediante una
transfusión sanguínea. La decisión de transfundir requiere un detallado
análisis médico, que debe incluir la combinación de factores como condición
clínica del paciente, medición de oxigenación tisular y monitoreo gasométrico, concentración
inicial de HB, respuesta a los fluidos de reanimación, coexistencia de
enfermedad respiratoria o cardiaca. Si por el contrario lo que necesita es
corregir la hipovolemia, entonces la reanimación inicial se inicia con
soluciones cristaloides como la solución Ringer por su contenido de sodio,
potasio y calcio en concentraciones similares al plasma. En la fase aguda del
sangrado es mucho más importante mantener la volemia que la capacidad de
transporte de oxígeno, la reanimación masiva con salina al 0.9% puede llevar a
acidosis hiperclorémica, y el lactato de las soluciones Ringer actúa como
amortiguador (buffer o tampón) y se convierte a bicarbonato en el hígado, sin
olvidar que aproximadamente un tercio de los cristaloides administrados
permanecen en el compartimiento intravascular, un tercio se excreta y el tercio
restante sale al espacio intersticial. Después de aportar la cantidad necesaria
de cristaloides, en relación de
Finalmente,
el tratamiento de la hemostasia dependerá de la cantidad de sangrado acumulado,
o de si continúa la pérdida de elementos formes de la sangre, en cuyo caso el
paquete globular y el plasma fresco congelado para prevenir o corregir la
coagulopatía son necesarios. Recientemente en un artículo de Kock en 11,963
adultos transfundidos, con diferentes tipos de patología, estableció una
mortalidad de 1.77%, señalando los riegos de la transfusión sanguínea, en
diferentes órganos y sistemas. Con fuertes evidencias de que la transfusión de
sangre está asociada a resultados adversos y deberá ser evitada en lo posible,
como enfermedades infecciosas, hepatitis, virus de la inmunodeficiencia,
reacciones hemolíticas y no hemolíticas, de inmunosupresión, de aloinmunización
etc., por supuesto que los niños no están exentos de una situación similar.19
Determinar
con certeza el volumen sanguíneo circulante de un paciente no está al alcance
de la mayoría de los anestesiólogos, ya que se requiere de cateterismo arterial
y pulmonar, medición de presión venosa central, medición del gasto cardiaco,
consumo de oxígeno, oxígeno disponible y extracción del oxígeno, con la
finalidad de proponer cuando transfundir, especialmente si el niño es muy
pequeño, de tal manera que nos quedamos con datos clínicos y datos indirectos.20 Sin embargo, calcular las pérdidas sanguíneas que pueden tolerar un paciente
durante la cirugía o para llevar a cabo una hemodilución, se cuentan con varias
formulas que ya fueron discutidas. La formula de Bourke y Smith y la de Gross,
siguen siendo vigentes hoy en día.21
Los
pacientes con anemia crónica rara vez necesitan de una transfusión sanguínea,
excepto aquellos con enfermedad cardiopulmonar o pacientes muy graves. Hoy en
día los niños con más de 10 g/dL de HB rara vez son transfundidos, y no hay
evidencias que así lo soporten. La anemia leve a moderada no contribuye a la
morbimortalidad perioperatoria a menos que fuese de 3 g/dL.22 El concentrado
eritrocitario, es el más transfundido por anestesiólogos en todos los países
del mundo, después de los servicios de cirugía cardiovascular, en donde se
transfunde el 100% de los pacientes operados, y de los servicios de
hematología, los quirófanos son los sitios más comunes de transfusión de
concentrados eritrocitarios. El concentrado eritrocitario es el componente
obtenido por remoción de una parte del plasma de sangre total, que contiene
mayoritariamente eritrocitos, con un hematocrito entre 50 y 80%, y cuya función
principal es el trasporte de oxígeno a los tejidos.
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La
cifra de HB y/o HT, no son los parámetros mejor conocidos, para decidir la
necesidad de transfusión, es la sintomatología clínica la que nos hará tomar
esta decisión. Hay que recordar que las personas sin factores de riesgo
asociado, como cardiopatías, prematurez, neonatos, síndrome de estrés
respiratorio, pacientes intubados u otros, toleran cifras de HB hasta de 7 g/dL,
o inferiores, siempre que no exista hipovolemia en los pacientes pediátricos.
En caso de que la sintomatología nos obligará a transfundir, lo haremos con la
menor cantidad de eritrocitos necesarios para corregir los síntomas, sin tener
la meta de superar los 10 g/dL. La administración de concentrados plaquetarios
debe ser basada en la condición clínica del paciente, de forma ideal se deberá
de aplicar la siguiente fórmula para tener la mínima exposición con el mayor
efecto benéfico. De 10 a 15 mL/kg por día. Con una velocidad de administración de 2 a 3 mL/min, o 20 a 30 gotas por minutos
en un equipo normal y el volumen máximo por unidad que no exceda el 10% del
volumen sanguíneo total. La excepción a esta regla de la velocidad de
administración es el sangrado agudo con cambios importantes en la estabilidad
hemodinámica, y nunca con una duración mayor a las 4 horas. La sangre deberá
ser administrada con un filtro estándar de 170 a 210 micras. No debe de ser
calentado por arriba de la temperatura
corporal estándar, tampoco debe administrarse concomitantemente con medicamentos
u otras soluciones en la misma vía a excepción de soluciones salina isotónica
al 0.9%. Siempre deberá dejarse constancia en el expediente sobre cualquier
reacción secundaria existente. Al momento de recibir la unidad a transfundir se
deberá verificar que el componente sanguíneo cuente con pruebas cruzadas
compatibles, que la etiqueta en la bolsa cuente con fecha de extracción, fecha
de caducidad, nombre del donador, número de unidad, tipo de anticoagulante,
volumen, tipo de producto, grupo sanguíneo, ABO y Rh D, serología para VIH,
HVB, HVC, sífilis y las que se implementen con el tiempo todas negativas y que
no presente datos de hemólisis, coágulos u otros.24 La tabla 2
muestra las alternativas para transfundir concentrados plaquetarios.
| Tabla 2. Alternativas de uso de concentrados plaquetarios en pacientes adultos y mayores de 4 meses | |||
Receptor |
Concentrados de eritrocitos |
Receptor |
Concentrado de eritrocitos. |
O positivo |
O positivo |
O negativo |
O negativo |
A positivo |
A positivo |
A negativo |
A negativo |
B positivo |
B positivo |
B negativo |
B negativo |
AB Positivo |
Cualquier grupo Sanguíneo ABO |
AB negativo |
Cualquier grupo sanguíneo ABO negativo |
Algunos conceptos más actuales sobre el uso de sangre en el perioperatorio afirman que los eritrocitos desarrollan una gran variedad de cambios durante su almacenamiento, llamada “lesión eritrocitaria por almacenamineto”, la cual incluye disminución del 2,3-DFG (difosfoglicerato), depleción del ATP y liberación de sustancias pro inflamatorias, esto provoca desviación a la izquierda de la curva de disociación de la oxihemoglobina, aumentando así la afinidad de oxígeno por la molécula de HB. También hay alteraciones en la capacidad de deformación de las células eritrocitarias y reacciones inflamatorias en el receptor. Los neutrófilos sufren alteraciones por las sustancias liberadoras después de 2 semanas de almacenamiento. Algunos autores han encontrado una probable relación directa, entre la edad de los eritrocitos y la presentación de isquemia esplácnica en pacientes sépticos, con eritrocitos mayores de 12 a 15 días, una mayor incidencia de infecciones posoperatorias y neumonía posterior a cirugía. Aunque otros como Walsh y colaboradores no pudieron demostrar tal afirmación.25 Múltiples estudios reportan una asociación entre hemotransfusión y la recurrencia de cáncer, muerte debida a recurrencia oncológica o simplemente aumento en la mortalidad.26
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El
viejo y honroso límite de 10 gramos de HB, al parecer se basa más en aspectos
históricos y teóricos que en pruebas
clínicas o experimentales. La gran mayoría de los anestesiólogos actuales, en
la clínica cotidiana, han tomado tradicionalmente la cifra de HB de 10 gr/dL como el único factor a considerar, como la división entre
el bien y el mal, entre lo bueno y lo malo, como el punto para decidir, si se
transfunde un paciente, para ingresarlo a cirugía y anestesia. Se ha olvidado
que la cifra de HB examinada en forma aislada no dice nada trascendental para
la toma de decisiones desde el punto de vista de la anestesia, o en su defecto,
hacer algún cambio en el manejo del paciente anestesiado, no es el único factor
a considerar para la toma de decisiones. A la luz de los conocimientos
actuales, en donde el monitoreo es casi preciso y la información del paciente
anestesiado se nos muestra minuto a minuto y los conocimientos son cada día más
abundantes y exactos, hoy se sabe que es más importante mantener sujetos
normovolémicos, ante una hemorragia aguda hasta cierto límite, que transfundir
sangre. Cada paciente debe de ser visto desde el punto de vista multifactorial,
cada paciente tiene patologías diferentes y se comporta de manera diferente.
Esto hace imposible fijar normas estrictas de transfusión igual para todos los
pacientes, especialmente si no se ha visto al paciente como un ser integral y
dinámico.
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