Volumen
11 Número 3 Mayo - Junio 1999
Artículos Originales
Anselmo Garza Hinojosa |
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Obtener datos acerca del origen y desarrollo de la anestesiología en nuestro país es sumamente difícil debido al escaso acervo existente. De tal modo, tratando de esclarecer un poco la historia de la anestesiología acercándonos lo más posible a las fechas y lugares específicos, escribimos este artículo titulado Apuntes históricos de la anestesiología en México, con el propósito de que sea la "primera piedra" en la construcción de un verdadero capítulo sobre la historia de la anestesiología en nuestra nación.
Por miles de años la raza humana ha tenido que sufrir el dolor y sus consecuencias, entre ellas miseria, desesperación y terror. Cabe entonces considerar como relevantes en el desarrollo de la humanidad y la medicina, a los sucesos históricos que directa o veladamente han aliviado el dolor, ya sea de origen quirúrgico o provocado por algún tipo de enfermedad1.
El objetivo del presente artículo es difundir las contribuciones que han hecho los mexicanos para aliviar el dolor a lo largo de la historia de nuestro país.
América Indígena
Mesoamérica
Se conoce como Mesoamérica a una amplia región delimitada al norte por los ríos Sinaloa, en la costa del Océano Pacífico, y Pánuco, en la vertiente del Océano Atlántico, unidos por una línea imaginaria que pasa al norte de los ríos Lerma, Tula y Moctezuma. Al sur la zona incluye a Honduras, salvo en su región noreste, y a la parte oriental de Nicaragua y Costa Rica, excepto una porción noroccidental de Guanacaste y de la Península de Nicoya.
La historia de las culturas mesoamericanas se puede dividir en dos grandes etapas. La primera se desarrolló aproximadamente entre el año 1000 antes de Cristo y el 600 de nuestra era. Se conoce como etapa clásica y en ella los pueblos mesoamericanos vivieron su auge, con ciudades donde abundaban los artistas en una atmósfera de intensa religiosidad (Teotihuacán, Tajín, Monte Albán, Xochicalco, Cholula). Durante la segunda etapa sufren su decadencia económica y política, que se convierte en un verdadero desastre aproximadamente en el año 1000 de nuestra era.
A pesar de sus naturales diferencias étnicas, los pueblos que habitaban Mesoamérica en la época prehispánica (olmecas, huastecos, totonacas, teotihuacanos, toltecas, mexicas, zapotecas, mixtecas, mayas, etc.) tenían numerosos aspectos culturales en común que les dieron unidad básica.
Durante el Imperio Azteca se empleaban yerbas que adormecían la conciencia y disminuían el dolor. Se utilizaban sobre todo para menguar los sufrimientos de los prisioneros que eran sacrificados ante los dioses, pero no para evitar molestias a los pacientes en operaciones menores.
La existencia de los pueblos mesoamericanos se ha aceptado por las ruinas que aún permanecen y que muestran, en imágenes de distinto orden, experiencias humanas, inquietudes, intereses, afanes, pensamientos y costumbres. Asimismo, buena parte de la información ilustrada que nos ha llegado de tan remotas épocas se conserva en códices y testimonios pictográficos (prehispánicos y posthispánicos). Algunos de éstos están en poder de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y otros se encuentran custodiados por los gobiernos de diversos países, como España, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania.
Una de las zonas arqueológicas y culturales más importantes de Mesoamérica fue Monte Albán. Las personas que edificaron y poblaron esa ciudad nos legaron, además de la riqueza común de todos los pueblos mesoamericanos, dos grandes adelantos: la
orfebrería (laminado y vaciado del oro) y los vestigios de la primera escuela de medicina.
El cerro de Monte Albán se ubica al poniente de la ciudad de Oaxaca, en un excelente paraje que domina los fértiles valles de Etla, Tlacolula y Ocotlán. Las investigaciones refieren el origen de la cultura allí implantada entre 1500 y 800 antes de Cristo. Asimismo, consideran cinco periodos importantes de su historia:
I. de 1500 a 800 a.C. Estelas.
II. de 800 a 250 a.C.
IIIA. de 250 a.C. a 300 d.C. Odontotripia
IIIB. de 300 a 800 d.C. Trepanaciones
IV. de 800 a 1200 d.C.
V. de 1200 a 1400 d.C. Decadencia.
Algunos retablos descubiertos en la zona de Monte Albán, cuyos relieves representaban, en un principio, danzantes, se han interpretado recientemente como imágenes anatómicas que muestran deformidades congénitas, órganos internos e incluso una operación cesárea. Tales hallazgos motivaron la interpretación de que en ese sitio, entre los siglos IX y XIL hubo una institución encargada de difundir algunas artes curativas, como: extracción e incrustaciones dentales, asistencia en partos, reducción de fracturas, práctica de sangrías, curación de heridas, limpieza de abscesos y trepanación de cráneos humanos. Se trata, nada menos, de la primera escuela de medicina en Mesoamérica2.
La Colonia
Durante la Colonia la evolución médica fue fiel reflejo de lo que acontecía en la Península Ibérica. Los estudios de medicina realizados en la primera Universidad, fundada en 1551 por el Virrey Don Antonio de Mendoza, eran sólo de índole médica, las curaciones y pequeñas intervenciones estaban en manos de barberos cirujanos, para quienes no había ningún procedimiento anestésico. Posteriormente se realizaron estudios de cirugía en la misma Universidad, pero fueron las escuelas de cirugía (la primera se fundó en 1778) las que impulsaron esta rama, con actividades afines de barberos, flebotomistas y dentistas, todos con un ejercicio reducido en el terreno quirúrgico y sin ninguna aplicación anestésica3.
México Independiente
En esta época los procedimientos anestésicos consistían en la ingestión de bebidas alcohólicas, a fin de realizar operaciones por heridas de guerra o durante las que se practicaban en forma limitada en nuestros primeros hospitales4.
Los Inicios
Éter
El progreso constante de las ciencias médicas a partir de la segunda mitad del siglo pasado provocó la necesidad de profundizar en el estudio de ciertos órganos y sistemas y orilló a los médicos a dedicarse al tratamiento de un área definida. Esto dio lugar al nacimiento de las especialidades médicas.
Desde los inicios de la anestesia quirúrgica (1846) se hizo evidente la necesidad de que una persona se encargara de todos los aspectos relacionados con la administración de los anestésicos.
Al principio, "el anestesista", como se denominó a la persona encargada de administrar el anestésico, podía ser una enfermera o un ayudante de cirujano. Sin embargo, a medida que creció la casuística de anestesias administradas, aumentó también el número de accidentes y complicaciones por el uso de los anestésicos, haciendo imperiosa la necesidad de que un médico con amplios conocimientos de fisiología y farmacología se dedicara no sólo al aspecto técnico de la administración del anestésico, sino a la vigilancia estrecha de las funciones vitales, el mantenimiento del equilibrio hidroelectrolítico, la reposición del volumen y la regulación del equilibrio ácido-básico durante el periodo transoperatorio.
La historia de la anestesia quirúrgica empezó con la exitosa demostración del efecto del éter sulfúrico el memorable 16 de octubre de 1846, cuando William Morton, en el hospital general de la ciudad de Boston, Massachusetts, administró anestesia por inhalación y logró extirpar un tumor del cuello "sin la menor manifestación de dolor por parte del enfermo".
La piedra angular de la anestesiología en México es un documento histórico hallado en Yucatán donde se asienta que el Dr. José Matilde Sansores practicó la eterización en un paciente en el Hospital General de San Juan de Dios de Mérida el día 4 de junio de 1847, sólo ocho meses después del experimento de Morton en Boston. Este documento define al Dr. Sansores como el primer mexicano en utilizar la anestesia inhalatoria en nuestro país, y al estado de Yucatán como el primer lugar donde se efectuó dicho suceso, lo cual está comprobado por la situación política que durante la guerra México-Estados Unidos guardó dicho estado.
Durante dicho combate la frontera norte de la República Mexicana fue ocupada por tropas estadounidenses y los puertos fueron bloqueados. El ferrocarril, el telégrafo y otros medios de comunicación no funcionaban con eficiencia y oportunidad; el cuerpo médico mexicano se encontraba desorganizado y carente de equipo. Por estas razones, era difícil conocer los avances médicos y científicos de la época, así como practicar una medicina que proporcionara los adelantos del momento.
Sin embargo, estas circunstancias no alcanzaron toda su intensidad en la frontera sur, especialmente en la Península de Yucatán. En 1843 el gobierno yucateco solicitó su integración al territorio mexicano; para 1846 esta situación no se había concretado, ya que existían algunos impedimentos constitucionales. Esto motivó que las autoridades yucatecas solicitaran y obtuvieran del gobierno central la neutralidad, quedando así fuera de las acciones bélicas; sin embargo, pronto estarían inmersos en una guerra interna originada por un grupo de insurrectos que no reconocían a su gobierno (guerra de castas o social).
Para luchar contra la insurreción, los gobernantes yucatecos establecieron relaciones con Cuba, que les envió armamentos, víveres y medicamentos, al igual que una vía de comunicación libre con Estados Unidos y Europa, lo que permitió obtener conocimientos científicos, nuevas tecnologías y fármacos.
No obstante, Alcántara Herrera y Fernández del Castillo publicaron que el Dr. Pablo Martínez del Río fue el primer mexicano en administrar éter sulfúrico en nuestro país a fines de 1848 o principios de 1849. Es posible que estos investigadores desconozcan una nota periodística que confirma nuestra teoría en el sentido de que la primera anestesia con éter sulfúrico en territorio mexicano fue realizada en la Península de Yucatán. Esta prueba fue publicada en el diario "El Noticioso de Yucatán" (año I, Núm. 150, pág. 2) el día 12 de junio de 1847. La nota está firmada por el Dr. José Matilde Sansores, y se transcribe literalmente a continuación:
Supresión del dolor en las grandes operaciones quirúrgicas por medio del éter
"Bajo este tema leí en el Diario de La Habana (tomado del boletín científico) el descubrimiento del éter sulfúrico, debido a los cirujanos norteamericanos cuyos cinco primeros experimentos fueron comunicados al Journal of Surgery of Boston.
"En el momento ansiaba un caso para confirmar aquel hecho, y la ocasión se presentó el día 4 del
corriente en el Hospital General de San Juan de Dios, del que soy director, cuyo resultado creo mi deber publicar en honor de aquéllos y bien de la humanidad.
"El paciente José María Juchim, a quien el miércoles 2 por la tarde en el pueblo de Hynucmá, a consecuencia de una bomba que hizo explosión teniéndola en la mano izquierda, le hizo volar ésta en pedazos; conducido el día siguiente al anochecer al hospital, lo reconocí y vista la necesidad de amputación determiné ejecutarla poniendo en práctica el nuevo descubrimiento. Al efecto, dispuse de un aparato demasiado sencillo y supliqué a los doctores Don Ignacio Vado, inolvidable por haber fundado la escuela de medicina, y Mortimer Tappan, médico radicado en esta época en Mérida y profesor de la misma escuela, me acompañasen en mis deseos. A mi disposición dicho aparato, Juchim fue colocado sobre una mesa; a la una y treinta y tres minutos se dio principio a la inspiración del éter. Juchim, molierista por organización, se resistía a su inspiración.
"Decía: -No he venido al hospital para que me maten, sólo para que me curen. Convencido por la razón de que el objeto era librarlo de sufrir, empezó a hacer algunas inspiraciones y tuvo dos accesos de tos.
"Como buen bebedor y sintiendo los efectos de la embriaguez dijo: -No me emborrachen... pues si viene mi amo y me encuentra así, creerá que así vine al hospital; si... quieren emborracharme denme a beber eso. Esto probaba que el éter comenzaba a hacerle efecto. Siendo más dócil a las aspiraciones dijo que la cabeza se le iba, cerró los ojos, se presentó un ligero sudor y palidez del rostro; le elevé un brazo dejándolo caer, advertí que había perdido la resistencia que debía oponer; se le hizo una impresión en la piel con la uña y no dando señas de sensibilidad, se retiró el tubo del éter, transcurriendo en todo este tiempo treinta y cinco minutos. Armado de cuchillo interóseo, di principio a la amputación del brazo izquierdo en el tercio inferior; dividí los tejidos, se serraron los huesos, se ligaron las arterias y concluido todo, el paciente no dio ningún síntoma de dolor; continuando como en un profundo sueño se le administró un poco de vino, y en menos de dos minutos el enfermo despertó perfectamente tranquilo. Interrogado en presencia de los doctores citados, de los empleados del establecimiento, estudiantes de medicina y algunos otros concurrentes sobre qué sentía, repuso: -nada-. ¿No has sentido que te hubiesen hecho alguna cosa? Repuso: -No, pues qué me han hecho, yo no he sentido ni siento nada
"Honor a Mr. Jackson y Morton por este gran descubrimiento, pues un poco de vapor de éter conducido a los pulmones, suprime el dolor y priva a las operaciones quirúrgicas de lo más repugnante que contienen.
"Yo invito a mis coprofesores a seguir estos experimentos, sin asegurarles que serán tan felices como yo en su primer ensayo, pues alguna vez ha fallado como sucede con todos los agentes físicos, o con todos los medicamentos, debiendo también tener en cuenta la imperfección de todos los procedimientos y el poco cuidado y habilidad que en todo descubrimiento nuevo encuentran los primeros ensayos.
"Se están inventando aparatos para hacer más perfecta la inspiración del éter, y de este modo más seguros y precisos sus resultados; más guiado de lo que creí y conformándome con lo que en el país puede hacerse, describiré el que me ha servido, demasiado sencillo y por lo tanto podrá proporcionárselo cualquiera: consiste en un pomo de cristal de boca ancha, con una tapa gruesa y que ajusta bien; ésta es atravesada por un tubo de lata, que representa el hueco de un cañón de pluma gruesa y debe llegar cerca del fondo del frasco; la extremidad que sobresale y es semicurva, termina en forma de embudo. Otro tubo atraviesa sólo el grosor de la tapa, es más largo y curvo que el anterior, termina en boca de pistero y es el que debe colocarse en la boca del paciente; empapados en pedazos de esponja en el éter e introducidos en dicho frasco, se coloca la tapa que contiene dichos tubos, y se hace la aplicación dicha, ésta debe ser metódica y prudentemente ejecutada".
Ésta es la comunicación del Dr. José Matilde Sansores que confirma claramente la fecha exacta de la aplicación de la anestesia etérea en Yucatán, así como del artefacto fabricado para tal aplicación, que también es una aportación para la vaporización del anestésico. En ella cita el nombre del paciente, los detalles clínicos observados en el enfermo durante el estado anestésico y el ambiente a su alrededor. Además, refiere dos detalles importantes para comprender cómo se difundían los conocimientos en la Península de Yucatán: 1) El Dr. Sansores se enteró del descubrimiento de Morton a través del boletín científico del Diario de La Habana; aunque no indica cuándo, se supone que fue a través de la comunicación de Bigelow, la de más influencia, citando la confirmación de los hechos por Warren en Estados Unidos, Malgaines en Francia, Foorguson en Inglaterra y Diego de Argumosa en Madrid a fines de 1846 y en enero de 1847, respectivamente. 2) Se puede deducir que el Dr. Sansores, en su calidad de director del Hospital General de San Juan de Dios, tenía los nexos suficientes con hospitales de La Habana para conseguir un frasco de éter sulfúrico (aspecto no mencionado en su escrito periodístico); además, no relata nuevas experiencias con el método.
En resumen, se necesitan más documentos que aclaren totalmente esos sucesos, ya que dichas actividades demuestran el interés de nuestros antecesores en esforzarse por introducir cualquier progreso científico en México.
Sin embargo, es más lógico reconocer la primicia en Yucatán, debido a su situación geográfica y a la política que mantuvo durante la guerra entre México y Estados Unidos, además de que estaba en comunicación directa con este último país y Europa a través de la isla de Cuba.
Esto demuestra cómo los acontecimientos políticos y militares de la historia de México están ligados íntimamente con el desarrollo de la investigación científica, especialmente en lo relativo al origen de la anestesiología en la República Mexicana5,6.
Anestesia Y Conflictos Bélicos
Es digno de mención el hecho de que la primera administración de anestesia durante un conflicto bélico se efectuó en Veracruz, México, en marzo de 1847, mientras se desarrollaba la guerra entre México y Estados Unidos. Cuando los contingentes de la marina estadounidense desembarcaron en el puerto, el presidente Polk ordenó al cirujano militar Edward H. Barton evaluar el uso de anestesia en soldados durante el conflicto bélico. A mediados de febrero de 1847, Barton se reunió, vía La Habana, con la flotilla que bloqueaba Veracruz y que estaba al mando del general Winfield Scott. Al parecer, el 29 de marzo Barton administró la primera anestesia con éter a un cargador alemán que se había disparado accidentalmente a sí mismo con un mosquete. El 18 de abril, en la primera batalla en Cerro Gordo, cerca de Jalapa, se administró anestesia a una docena de soldados estadounidenses heridos7.
Otro informe cita que en septiembre de 1847, en Veracruz, el cirujano militar estadounidense John Porter, amputó la pierna izquierda al soldado William Williamson con anestesia por éter sulfúrico; lo relata con detalles: "el efecto de la eterización fue desfavorable y pernicioso. Hubo vómitos y hemoptisis, palidez, casi lividez de la cara, pulso lento y débil. Se le dio aire fresco y se le echó agua fría en la cara"8.
Hasta aquí nos hemos referido a los datos rescatados de lo ocurrido en el lado estadounidense. ¿Qué pasaba mientras tanto en las fuerzas armadas mexicanas? Se sabe que su cuerpo médico no estaba muy bien organizado, a pesar de los grandes esfuerzos que hacían el general Almonte y sus jefes médicos: el Dr. Pedro del Villar y el Dr. Pedro Van Der Linden. El equipo humano se integró con profesionales, en su mayoría voluntarios, que se afiliaron al batallón Hidalgo después de que estudiantes y profesores cerraron la escuela de medicina. En este batallón estaban médicos excelentes, como Don Miguel Jiménez (comandante), Leopoldo Río de la Loza, Francisco Vértiz, Francisco Ortega, Felipe Carrillo y Evaristo Bustillos (oficiales). Sus esfuerzos, llenos de heroísmo, son dignos de mención porque casi siempre carecieron del material y los elementos que exigía la época. Según Fernández del Castillo, Benjamín Bandera, Porter y el periódico estadounidense "The Daily American Star", en aquellos días los médicos mexicanos y estadounidenses atendían a compatriotas y enemigos, demostrando su nobleza de principios.
Los soldados mexicanos heridos en las batallas ocurridas en los alrededores de la Ciudad de México fueron anestesiados por Pedro Van Der Linden y Miguel Jiménez.
Hay, sin embargo, quien es menos romántico y piensa que: "En Veracruz y en todas las batallas de esa guerra, cuando los soldados estadounidenses necesitaron cirugía por sus heridas, recibieron los beneficios del éter, mientras que los mexicanos bajo las mismas condiciones y ante la carencia del anestésico, únicamente eran alcoholizados y se ordenaba a la banda que tocara lo más fuerte posible para acallar los gritos del herido". (Comunicación personal del Dr. Clemente Robles).
Ahora bien, ya que se presta a discusión determinar en qué fecha y quién fue el primer médico mexicano en utilizar la anestesia inhalatoria en nuestro país, hay una fotografía histórica que muestra al Dr. Pedro Van Der Linden, cirujano en jefe del cuerpo médico mexicano, presenciando la amputación de la pierna de un soldado aparentemente dormido y quizás bajo los efectos de la anestesia. Esta fotografía, tomada cuando Van Der Linden había caído prisionero, reafirma el hecho de que nuestros médicos conocían las acciones anestésicas del éter.
Cloroformo
Roa Bárcenas atribuye al Dr. José Pablo Martínez del Río la primera aplicación de éter en 1848 y posteriormente de cloroformo a su regreso de Londres en 1849. Alcántara Herrera afirma que Martínez del Río tuvo un papel relevante en los comienzos de la anestesia en México durante la guerra con Estados Unidos. Y agrega que cuando vivía en Miraflores, atendió en su propia casa a un oficial norteamericano muy amigo del general Scott, y puso todo su empeño en curarlo y salvar su vida. Este gesto ayudó más adelante a Martínez del Río a regresar, junto con su familia, del destierro al que fue condenado por su amistad con Maximiliano durante el imperio francés en México, ya que aquel soldado atendido por Martínez del Río era Shuyler Hamilton que, con el correr de los años se convirtió en general y, aún agradecido, gestionó con el gobierno de Don Benito Juárez el retorno del médico a México.
El propio Martínez del Río presentó, en 1878, ante la Academia Nacional de Medicina en México un trabajo titulado La Anestesia en la práctica obstétrica. En este artículo afirma: "Por casualidad recibí yo la primera noticia que llegó a México, años ha, de las operaciones quirúrgicas que se hacían en estado de anestesia por medio del éter sulfúrico y no tardé en practicar algunas operaciones de esta manera y con buen éxito en los hospitales de San Andrés y San Juan de Dios. Quiso la suerte que más tarde también recibiera yo la primera noticia de la aplicación del cloroformo al mismo objeto y muy poco después recibí de Londres el primer frasco de ese líquido que viniera a la República y que por cierto era de muy buena calidad. Muy pronto ensayamos ese anestésico el Dr. Galezowsky y yo con éxito satisfactorio, practicando él a una mujer la amputación del antebrazo derecho, mientras yo hice una litotomía; en ambos casos el cloroformo obró muy pronto y con tal perfección que a todos dejó admirados"9.
Por desgracia, en esta publicación de 1878 no se señalan las fechas en que el éter y el cloroformo fueron utilizados por el autor, aun cuando puede suponerse, por las fechas de fundación de los hospitales mencionados, que esto fue alrededor de 1848 y 1849, respectivamente.
A fines del siglo pasado era común el uso del éter y el cloroformo en los hospitales de México, y todo el equipo del "anestesista" consistía en mascarillas de gasa para el cloroformo y con cubierta de metal para el éter, frasco gotero, un abrebocas, una pinza para tirar de la lengua en casos de accidente y ampolletas de aceite alcanforado como tónico cardíaco7.
Raquianestesia
El 25 de julio de 1900 el doctor Ramón Pardo Galindez, en el Hospital de la Caridad, en la ciudad de Oaxaca, aplicó la primera anestesia raquídea para amputar una pierna, luego de leer cuidadosamente el artículo de Tuffier publicado en La Semana Médica de París el 16 de mayo de ese mismo año.
Theodoro Tuffier, quien trabajaba independiente de Bier, produjo anestesia espinal al inyectar una solución de cocaína entre la tercera y cuarta vértebras lumbares; publicó sus experiencias en Francia en 1899. Él pensó que había sido el primero en proponer este método, pero más tarde reconoció que Bier lo había realizado unas semanas antes.
En tanto, el doctor Pardo comunicó sus experiencias a la sociedad médica de Oaxaca y su trabajo, rico en detalles de anatomía, fisiología, observaciones clínicas y conceptos filosóficos, fue publicado en la Crónica Médica Mexicana el 1 de enero de 1901 con el título Cocainización lumbar por el método de Tuffier. Este hecho lo confirmó más tarde De Ávila Cervantes en su artículo denominado La primera anestesia espinal en México.
El texto completo del trabajo del Dr. Pardo puede consultarse en la Biblioteca de la Academia Nacional de Medicina y en la Revista Mexicana de Anestesiología. Es de gran valor histórico para la medicina mexicana, ya que fue la primera anestesia realizada en México por medio de esa metodología científica y acarreó grandes beneficios en la práctica de la cirugía en nuestro país.
En el texto aparece el siguiente párrafo: "Con todos estos datos, aprecio la base de la técnica y el fundamento del método, y me seduce el procedimiento y me simpatiza Tuffier con la cocainización lumbar. Por esto deseaba yo un caso, y el caso se presentó y vi y palpé la realidad del éxito".
Si reflexionamos acerca de estas líneas, podremos identificar las facetas de la recia personalidad médica y científica del Dr. Pardo. Con la frase: "Con todos estos datos", afirma que ya tenía conocimiento de las propiedades anestésicas de la cocaína, lo que se adivina en su artículo: "Recuerdo que la cocaína es un veneno protoplasmático, de manera que de un nervio no sólo la extremidad sino el tronco mismo es sensible al anestésico".
Este párrafo se interpreta como el conocimiento perfecto que poseía sobre diversos temas, como: la anatomía topográfica de la región, la seguridad de la punción de Quincke, la necesidad de usar una aguja más larga que la de la jeringa de Pravaz y que al llegar el anestésico al líquido cefalorraquídeo actúa en la cola de caballo.
Afirma: "Y me convenzo de que abajo y afuera de la apófisis espinosa de la 51 lumbar existe un espacio entre vértebra y vértebra con facilidad accesible en virtud de la dirección sencillamente horizontal de las apófisis.
"Y con un solo piquete se llega a la cavidad subaracnoidea y no se pica la médula puesto que queda separada por cuatro vértebras.
"Queríamos en un principio introducir por el punto indicado la aguja de la jeringa de Pravaz, inútilmente y es claro, esa aguja en su mayor modelo mide 4 centímetros y Tuffier indica 9 para llegar al canal raquídeo; entonces con una jeringa más apropiada logramos penetrar y ver salir el líquido cefalorraquídeo, precaución indispensable para no errar antes de lanzar la inyección de cocaína.
"E inyectando nada más 15 miligramos de cocaína se obtiene una anestesia de hora y media, según Tuffier, y de cuarenta minutos, según nuestro caso.
"Miro en Tuffier la cocainización de la cola de caballo como medio anestésico de la mitad inferior del cuerpo.
"Y me seduce el procedimiento".
Ramón Pardo fue un ejemplo del médico verdadero que en las postrimerías del siglo XIX ejercía su profesión con grandes conocimientos y actualización médico científica.
Ingresó a la Academia Nacional de Medicina el 6 de octubre de 1920 y rápidamente se ganó, con sus contribuciones a la ciencia médica, el aprecio y admiración de los académicos, que reconocieron en él a un maestro, consejero y amigo, con "una experiencia tan basta como sus inquietudes por estudiar y aprender".
Otra de las virtudes de Pardo fue su honradez profesional. Esa ética, honestidad y modestia se adivinan al analizar el comienzo de su artículo: "Señores: hace tres días solamente que practicamos una operación en el Hospital de la Caridad, los doctores Luis Flores Guerra, Herminio Acevedo, Manuel Pereyra Mejía y un humilde servidor de ustedes". Se dirige a los lectores en plural, cita a sus colaboradores y, con toda decencia, queda al final como un humilde servidor.
La trascendencia de su. trabajo fue tal, que al momento de su muerte en 1940, 64% de las operaciones que se realizaban en el Hospital General de México, se practicaban bajo raquianestesia.
Recordemos que ciertas características relevantes del método científico son ser repetitivo, útil y trascendente. Seguramente Tuffier y Pardo conocían perfectamente los trabajos de Claudio Bernard sobre el método experimental, el primer paso colosal de la medicina moderna. En efecto, aquel último lo cita al afirmar que las historias clínicas son verdaderas experiencias clínicas"10,11.
Época Moderna
Durante los primeros años del siglo XX, en todo el territorio mexicano aparecieron médicos con habilidades especiales en la administración de anestesia. En la Ciudad de México el doctor José María Bandera, quien acompañó en numerosas intervenciones quirúrgicas al doctor Rafael Lavista y al doctor Aureliano Urrutia, realizó la primera histerectomía abdominal en 187811.
En 1912, cuando el destacado doctor Benjamín Bandera comenzaba sus estudios de medicina, se usaban técnicas como la administración de éter por vía rectal, punciones altas de la columna dorsal y cervical (Jonnesco) y, salvo la anestesia local con sales de cocaína que usaban los oftalmólogos, se empleaba el cloruro de etilo para anestesia cutánea en el desbridamiento de abscesos; las operaciones se ejecutaban, en su mayor parte, con cloroformo y raquianalgesia, y para pacientes en mal estado se recomendaba el éter.
Entre 1920 y 1930 se realizaron algunas modificaciones. Las mezclas de anestésicos volátiles, como la de Schleich, cobró actualidad, y se agregó el gomenol bajo el nombre comercial de balsoformo. Es entonces cuando se popularizó un aparato diseñado por Ombredarme para administrar el éter, el cual fue adoptado fácilmente en los hospitales por su sencillo manejo. Pocos años después se añadieron dispositivos, como el de Desplas, para inhalaciones interrumpidas de anhídrido carbónico12.
En esa misma época aparecen modelos de aparatos de hospital para administrar protóxido de ázoe, el cual comienza a usarse y a provocar trabajos de investigación sobre su empleo13.
Es en esos años cuando la medicación preanestésica comienza a desarrollarse y a cobrar importancia.
En la segunda parte del siglo, el Dr. Emilio Varela abrió la brecha en el medio quirúrgico demostrando que un médico podía dedicarse exclusivamente a la administración de anestésicos. Sin embargo, después, por motivos de salud, se alejó del ejercicio de la anestesia.
Otros destacados cirujanos de esa época impulsaron la anestesia con sus trabajos, su práctica y el alto concepto que expresaban de ella. Entre ellos estaban los doctores Ulises Valdez (pionero de la anestesia con óxido nitroso, admirador y continuador de Crile y la "anoci-association"), Darío Fernández (continuador y modificador de la técnica de Koster para la raquianestesia alta), Rosendo Amor (partidario de la analgesia espinal en todas sus formas) y José Castro Villagrana (impulsor de la anestesia regional).
Una de las contribuciones a la anestesia hecha por un mexicano fue la introducción como agente anestésico endovenoso del alcohol etílico, lograda por Manuel García Marín. Siendo estudiante del segundo año de Medicina en la Universidad de México y al notar que los efectos secundarios de la ingestión de etanol simulaban episodios que ocurren durante la inducción de la anestesia, decidió realizar observaciones de originalidad y agudeza únicas, dignas de gran ingenio y estimuladas por la limitación y la necesidad.
En 1925, García Marín tuvo la impresión negativa de presenciar la inducción prolongada y tormentosa con éter o cloroformo de pacientes en los hospitales-escuela de la época. Esa impresión despertó su interés por buscar otras alternativas. Como había leído que en la Roma antigua se practicaban amputaciones bajo la intoxicación por vino, decidió efectuar estudios en animales. Con poca experiencia en el laboratorio y sin la dirección que le negaron algunos de sus maestros, decidió administrar por vía endovenosa alcohol etílico de 960 a una variedad de animales como pichones, gallinas, guajolotes y perros.
Tales experimentos arrojaron los siguientes resultados: mortalidad de 30%, anestesias fracasadas en 60% de los casos y anestesia aceptable en sólo 10% de ellos. Estas estadísticas adversas no lo desalentaron, más bien animaron su determinación invencible. Entonces diluyó el alcohol hasta obtener una solución al 60%; con ello logró que 85% de los animales sobrevivieran, en 15% no hubo signos de anestesia, pero en el resto tuvo éxito. En una época precedente a los conceptos de la farmacocinética, este aprendiz de médico, por sí mismo, determinó la dosis anestésica y la dosis letal: la primera resultaba de la administración de 2 a 3 ml/kg. de alcohol de 960, mientras que la segunda ocurría 24 horas después de administrar 5 a 6 ml/kg. de la misma solución. Dosis mayores producían también la muerte inmediata.
Casi tres años pasó el joven estudiante realizando sus experimentos y, al no obtener el permiso de sus profesores para efectuarlos en humanos, se trasladó a la penitenciaría. Allí solicitó el permiso para usar un convicto en calidad de voluntario con la condición de que si sobrevivía, se le indultara. Mientras esperaba la decisión del director de la cárcel, uno de sus profesores le permitió administrar la anestesia a un paciente con carcinomatosis al que se le iba a practicar una celiotomía. Finalmente, el 26 de julio de 1928 en la Clínica San Agustín de la Ciudad de México, Manuel García Marín anestesió a un paciente gravemente enfermo, que requirió 40 ml de alcohol a 6011. El periodo anestésico duró 35 minutos y la operación sólo 20 minutos. Quince minutos después de la intervención el paciente estaba consciente y el episodio fue considerado un éxito rotundo.
García Marín recibió el título de médico cirujano con honores en enero de 1929, y mediante una beca expedida por el gobierno mexicano emprendió un viaje por Europa, donde presentó sus resultados ante el 50 Congreso Internacional de Medicina y Farmacia Militar.
Desdichadamente, una comisión especial nombrada por la Cámara de Diputados resaltó la alta incidencia de flebitis y trombosis como complicación por la administración de alcohol concentrado por vía venosa.
Es posible imaginar los grandes logros que Manuel García Marín hubiese alcanzado de haber seguido la especialidad de anestesiología, pero desafortunadamente, con cierto recelo y pena se fue a provincia sin volver a ejercitar su tremendo potencial científico.
No obstante, la anestesiología mexicana hace un reconocimiento al genio, originalidad y determinación de este gran médico, que debe servir de modelo a las jóvenes generaciones14.
En tanto, en la década de 1920 el doctor Benjamín Bandera Cardeña comienza una ardua labor por hacer de la anestesiología una verdadera especialidad. En 1926 ingresó a la Academia Nacional de Medicina y en 1933 a la de Cirugía. En 1928 fue nombrado anestesista oficial del Hospital Francés de México.
El Dr. Bandera y Georges Duffilhot señalaron en 1938 que el grado de acidosis postquirúrgica dependía del sitio de la operación y la extensión de ésta15.
El Dr. Benjamín Bandera es quizá el primer investigador que se da a la tarea de recopilar tesis recepcionales, periódicos no especializados y documentos que relatan los hechos históricos y adelantos de la cirugía en México, elementos que al ser relacionados por él y otros investigadores, constituyeron poco a poco lo que hoy conocemos como la historia de la anestesiología en México.
Entre los anestesiólogos relacionados con las primeras aplicaciones de nuevas técnicas y sustancias se encuentran el Dr. Federico Vollbreclithausen (primero en usar, en 1932, el etileno, en 1933 el evipan y en 1935 el ciclopropano) y el Dr. Manuel Mateos Fournier (residente del Hospital Juárez que en 1934 aplicó bloqueos caudales en partos y refirió un accidente con este tipo de anestesia).
El 23 de noviembre de 1934, distinguidos y entusiastas médicos fundaron la Sociedad de Anestesistas de México, con el objeto de agrupar, promover y apoyar la investigación científica, académica, docente y gremial de la anestesiología mexicana. Ellos fueron los doctores Emilio Varela (presidente), Juan White Morquecho (Secretario), Francisco Cid Fierro, Benjamín Bandera y Federico Vollbrechthausen. En julio de 1948 la Sociedad de Anestesistas de México se reorganizó bajo nuevas bases y a sugerencia del Dr. Vicente García Olivera cambió su denominación por la actual Sociedad Mexicana de Anestesiología16.
A partir de 1937 el Dr. Conrado Zuckerman comenzó a usar el pentotal. Asimismo, por ese mismo tiempo, el Dr. Antonio Colina Barranco fue el primero en utilizar el curare; más tarde, en 1944, los doctores Martín Maquivar y Jorge Terrazas publican el primer trabajo sobre dicho tema17.
En la ciudad de Monterrey, los doctores José Luna Ayala y Alfredo Dávila Gutiérrez también desarrollaron actividades anestésicas durante los primeros años del siglo XX. El último de ellos murió poco después de sufrir una hemorragia cerebral mientras aplicaba una anestesia.
En 1939, el Dr. Rodolfo L. Rodríguez Cantú, también de la ciudad de Monterrey, practicó las primeras anestesias epidurales en la República Mexicana, y adquirió con esta técnica una maestría reconocida por todos los anestesiólogos mexicanos. A partir de este hecho proliferó rápidamente el uso de esta técnica. A él se debe también la introducción de las primeras agujas de Tuohy al país. Ya hacia 1953 era común el uso de la anestesia epidural, tanto en su modalidad de dosis única como la técnica epidural continua, para la que se usaban catéteres comunes disponibles en el mercado y esterilizados específicamente para su aplicación epidural. El Dr. Rodolfo L. Rodríguez Cantú fue además pionero en el tratamiento del dolor agudo postoperatorio con medios farmacológicos y de otra índole, como se puede comprobar en su artículo electroestimulación en el manejo del dolor agudo postoperatorio.
Las actividades anestésicas organizadas en Monterrey datan de 1939, iniciadas por el Dr. Rodolfo L. Rodríguez y continuadas después por los doctores Luis Antonio Canales, Guillermo Tuñón Morales, Rafael Quijano Torres, Enrique Peña García y José Guerra Quiroga.
También de la ciudad de Monterrey y pionero de la inhaloterapia en México es el Dr. Luciano Valero.
Por su parte, el Dr. Martín Maquivar utilizó, en 1940, la anestesia por refrigeración, y realizó las primeras anestesias para cirugía del corazón en el Instituto Nacional de Cardiología junto con los doctores Francisco Cid Fierro y Manuel Castro. Asimismo, con el Dr. Enrique Hülz2 realizó la primera operación con circulación extracorpórea. Las primeras operaciones del corazón en el Instituto Nacional de Cardiología fueron: una persistencia del conducto arterioso, en 1945; una coartación de aorta, en 1948, y una comisurotomía de la mitral, en 1952. En 1957 se operaron los primeros pacientes por comunicación intercavitaria, con corazón abierto, con técnicas de oxigenación, hipotermia y circulación extracorpórea4.
El Dr. Maquiver, eminente anestesiólogo, fue jefe del curso de anestesiología para graduados del Hospital General en 1948, director del primer curso bianual de anestesiología para médicos cirujanos en 1955 y jefe del Departamento de Anestesiología del Instituto Nacional de Cardiología desde 1952 hasta su muerte, acaecida el 26 de julio de 1963. También fue presidente ejecutivo del V Congreso Latinoamericano y del VII Congreso Mexicano de Anestesiología.
A su vez, el Dr. Abraham Ayala González aplicó por primera vez, en 1941, la técnica de Lemmon para la anestesia raquídea continua en el Hospital General de la capital11. En ese mismo año se aceptó la creación de la sección de anestesia en la Academia Nacional de Medicina.
Una de las grandes figuras de la anestesiología mexicana es el Dr. Vicente García Olivera, incansable innovador e introductor de grandes ideas en la práctica de nuestra especialidad. En 1941 organizó la primera Clínica Preoperatoria de Anestesiología. En 1946 coordinó el primer Congreso Nacional Mexicano de Anestesiología. Asimismo, en 1951 aparece la Revista Mexicana de Anestesiología gracias a él; y en 1976 funda la primera Clínica de Dolor en el Hospital General de México16.
En 1946 aparece en la revista Anesthesiology el artículo Anestesia regional intravenosa del Dr. Luis García Herreros Cacho, médico mexicano considerado el reintroductor de la técnica de Bier, descubierta en 1908 y denominada un año después como anestesia venosa. Dicha técnica había sido descrita por el Dr. Gonzalo Castañeda Escobar, otro mexicano que escribió sobre ella un artículo denominado Nuevo procedimiento anestésico el 5 de julio de 1909 en Berlín, donde además subraya algunas ventajas de la anestesia local contra la general. El mérito del Dr. García Herreros es haber publicado en tan prestigiada revista un trabajo de investigación clínica acerca de la anestesia regional intravenosa, nombre con el que se conoce actualmente dicha técnica, y haber presentado algunas modificaciones aún vigentes.
Entre las modificaciones que el Dr. García Herreros hizo a la técnica de la anestesia regional intravenosa resalta el uso de un barbitúrico por vía endovenosa en pequeñas dosis para lograr la hipnosis, prevenir reacciones tóxicas al anestésico local y reducir la cantidad de éste. También colocó un segundo torniquete en una área previamente anestesiada para lograr mejor tolerancia a la compresión. Sin embargo, su aportación más importante fue haber sustituido a la procaína (novocaína) por la tetracaína (pantocaína)18,19.
En 1946, con motivo del primer centenario de la demostración de Morton en el Hospital General de Massachusetts en Boston, la Academia Nacional de Medicina pidió, entre otros, a Fernández del Castillo, Bandera y Alcántara Herrera, que realizaran una crónica formal respecto a los orígenes y desarrollo de la anestesiología en México.
Los trabajos de los autores mencionados fueron leídos en la Academia Nacional de Medicina y publicados en la Gaceta Médica de México. La importancia de estos documentos ameritó sus reimpresiones en revistas mexicanas en 1972 y 198420.
Retornando la historia, la primera operación bajo hibernación artificial fue realizada por el Dr. Homero Treviño en 1954 en el Hospital Militar. Y los doctores Villegas y Guillermo de Ovando realizan en 1959 la primera apendicectomía bajo hipnosis también en el Hospital Militar.
En tanto, en la ciudad de Guadalajara el Dr. Ignacio González Montes practicó su labor de anestesista durante 50 años, la cual comenzó a finales del siglo pasado. Asimismo, como pioneros de la especialidad en Jalisco cabe citar a los doctores Fernando Banda, Manuel Pérez Gómez, Arcadio Fernández y Zaqueo G. Nuño.11 Cabe señalar también que la Sociedad de Anestesiología de Guadalajara se fundó en febrero de 19484.
Igualmente, la Sociedad de Anestesiología de Monterrey fue fundada en 1950, siendo la primera sociedad médica de la región. La inquietud por formarla fue del Dr. Raúl Taboada en unión de los doctores Guillermo Tuñón Morales, Rafael Quijano Torres, José Treviño Faz, Carlos Adame Barocio, Oscar Elizondo García, Enrique Peña García, José María González, Luis Antonio Canales y Rodolfo Rodríguez Cantú.
En San Luis Potosí se distinguieron los doctores Miguel Soberón y José M. Quijano, autores de un estudio sobre la raquiestovainización, y más adelante el Dr. Salvador Nava, quien introdujo los modernos aparatos de anestesia en ese estado. La Sociedad de Anestesiología de San Luis Potosí se fundó en 19534
La primera anestesia con fluotano (halotano) en nuestro país (incluso en varias naciones de América no hubo otra antes) fue administrada por el Dr. Michael Johnstone, el 16 de noviembre de 1956 en el hospital La Raza del Instituto Mexicano del Seguro Social de la Ciudad de México, durante la celebración del VI Congreso Mexicano de Anestesiología21.
La historia reciente de la anestesiología yucateca sitúa el despertar de esta disciplina (como especialidad) el 16 de agosto de 1966, cuando un pequeño grupo de médicos anestesiólogos constituyó legalmente la Sociedad Yucateca de Anestesiología con objeto de representar y agremiar 4 los médicos dedicados a esta noble actividad. Así, su pasado reciente recuerda a Sansores Manzanilla, López Peraza, Valencia Romero, Herrera Ruiz, Martínez Repetto, Méndez Peñate, Madera Reyes, Lara Vázquez, etc., como pioneros de la anestesiología yucateca. Dicha agrupación se transformó después en el Colegio de Anestesiólogos, y en 1996 cumplió 30 años de representación científica-gremial6.
Por otro lado, en 1969 M. Llerena propuso usar el conector distal de la aguja de Tuohy con una columna de líquido para identificar el espacio epidural22.
Otro gran representante de la anestesiología mexicana es el Dr. J. Antonio Aldrete, quien ha legado un sinfín de aportaciones a la práctica de esta especialidad, entre las cuales se encuentran las siguientes:
El Dr. Baquero es uno de los precursores del bloqueo caudal en niños en México, y publicó su experiencia en la revista Anestesia en México en 196534.
En 1975, la Dra. Esthela Melman y col. Presentaron su extensa experiencia con anestesia caudal en recién nacidos e infantes, una técnica que hoy se utiliza en todo el mundo35.
El Dr. Víctor Solís Martínez del Campo presentó en 1975 una experiencia de 150 casos con bloqueo caudal ante la Sociedad Mexicana de Cirugía Pediátrica. Más tarde publicó su experiencia con esta técnica en recién nacidos36.
A su vez, el Dr. Ricardo Plancarte Sánchez popularizó en 1990 el bloqueo del ganglio hipogástrico superior para el tratamiento del dolor pélvico37; y en 1991 describió el bloqueo del ganglio impar o de Walter, propuesto como una alternativa para tratar el dolor perineal de origen vegetativo38.
Congresos Mexicanos De Anestesiología
En 1946, con motivo del centenario de la aplicación del éter en Boston, México celebró el primer Congreso Mexicano de Anestesiología durante la VII Asamblea Nacional de Cirujanos.
Desde entonces los congresos se efectuaron cada dos años. Los seis primeros los auspició la Asamblea Nacional de Cirujanos; después (1958) los organizó la Sociedad Mexicana de Anestesiología, AC; y más adelante se intercalaron, en los años nones, reuniones organizadas por las sociedades de provincia que se denominaron Jornadas Nacionales de Anestesiología. A dichas jornadas se les dio carácter de congresos en 1963 y se desarrollaron como actividades de la naciente Federación de Sociedades de Anestesiología de la República Mexicana, AC, a partir del X Congreso Mexicano de Anestesiología celebrado en la ciudad de San Luis Potosí.
Con la celebración, en septiembre de 1987, del congreso organizado por la Sociedad Mexicana de Anestesiología en Ixtapa Zihuatanejo, el número de congresos llegó a 2311.
En 1989 se realizó el XXIV Congreso Mexicano de Anestesiología en Ciudad Juárez, Chihuahua, y dos años después el XXV en Puebla, Puebla. A partir de 1992 se realizan cada año (León '92, Puerto Vallarta '93, Cancún '94, Tijuana '95, Monterrey '96, Chihuahua '97 y Querétaro '98).
Cabe destacar que la Federación Mundial de Sociedades de Anestesiología (WFSA) organizó su primer Congreso Mundial de Anestesiología en Holanda, en septiembre de 1955. Y México tuvo el honor de ser sede del VI Congreso Mundial de Anestesiología en abril de 1976, al que asistieron aproximadamente 5,000 congresistas, con gran éxito científico, social y económico.
Con los beneficios de ese congreso, el comité organizador, presidido por el Dr. Guillermo Vasconcelos Palacios, constituyó un fideicomiso para dedicar parte de los productos del capital a programas de enseñanza e investigación en anestesia. Así nació la fundación "Benjamín Bandera",, que hasta hace poco había auspiciado más de 30 cursos de actualización por año en diferentes estados de la República Mexicana11.
Federación De Sociedades De Anestesiología De La República Mexicana
Esta institución comenzó sus actividades en 1964 y fue registrada con el número de escritura 131,641 en el Archivo General de Notarías de la Dirección General Jurídica y de Estudios Legislativos del Departamento del Distrito Federal el día 23 de marzo de 1972.
El 3 de enero de 1973, el Dr. Julio C. Sánchez Farrera le envió una carta, desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, al Dr. Luis Pérez Tamayo para someter a su consideración unos bocetos del emblema representativo de la Federación y, en su caso, presentarlo a la asamblea ordinaria de delegados que se verificaría en la ciudad de Tijuana, Baja California, para su aprobación.
El lema que propuso fue: Uniti contra dolorem, scientiam artemque faciemus, que significa: Unidos contra el dolor, haremos ciencia y arte.
Uno de los dibujos está inspirado en un emblema que envió el maestro Bandera, en el cual la palabra griega, algos forma la República Mexicana. En los tres bocetos la Cruz de Compostela se encuentra sobre el contorno de la República Mexicana, y sólo en dos dicha cruz está sujeta por una mano (que representa al anestesiólogo) en posición de bloqueo. El nombre de la Federación circunda el emblema y el lema aparece en su base destacado por un marco39.
En 1949 se incluyó la Cruz de Santiago de Compostela (escudo de la SMA), porque representa a la primera Sociedad de anestesiología organizada en México que, incluso es de las más antiguas (aun de todas las especialidades) del país y de América Latina. La espada representa la lucha en bien de la humanidad, y la cruz, el sacrificio, amor y dolor.
En el XXXI Congreso Mexicano de Anestesiología realizado en la ciudad de Chihuahua en septiembre de 1997, el nombre de Federación de Sociedades de Anestesiología de la República Mexicana, AC se modificó a Federación Mexicana de Anestesiología, AC.
En la actualidad la Federación Mexicana de Anestesiología, AC agrupa a 51 sociedades de anestesiología de todo el país, que representan a un total de 2,750 anestesiólogos.
Esta Federación está afiliada a la Federación Mundial de Sociedades de Anestesiología (WFSA), así como a la Confederación Latinoamericana de Sociedades de Anestesiología (CLASA).
La presidencia del comité ejecutivo de la Federación ha estado a cargo de los siguientes médicos anestesiólogos:
1964-1965 Alfonso Suárez y Muñoz Ledo
1966-1967 Rafael Quijano Torres
1968-1969 Francisco González García
1970-1971 Jorge Delgado Reyes
1972-1973 Luis Pérez Tamayo
1974-1975 Rubén Osorio Báez
1976-1977 Gastón Ezquerro Madrigal
1978-1979 Rafael Espinoza Bonilla
1980-1981 Rodolfo Vega Ramos
1982-1983 Oscar Sierra Álvarez
1984-1985 Leonel Canto Sánchez
1986-1987 Melitón Díaz Guadarrama
1988-1989 Carlos Sáenz Larrache
1990-1991 Roberto Gil Acevedo
1992-1993 Ramón de Lille Fuentes
1994-1995 Esthela Leaño Martínez
1996-1997 Mario Villarejo Díaz
1998-1999 Francisco Romo Salas
Consejo Mexicano De Anestesiología
El Consejo Mexicano de Anestesiología, AC se constituyó el 18 de junio de 1973; y el 19 de julio del mismo año se firmó el acta constitutiva. Los fundadores fueron: la Federación de Sociedades de Anestesiología (Dr. A. de Ávila Cervantes), la Academia Nacional de Medicina (Dr. E. HüIsz Suárez), la Academia Mexicana de Cirugía (Dr. V. García Olivera), la Asociación Mexicana de Escuelas y Facultades de Medicina (Dr. H. Pizarro Suárez) y la Asociación Mexicana de Hospitales (Dr. L. Pérez Tamayo).
La Academia Nacional de Medicina otorgó la declaratoria de idoneidad y el aval correspondiente el 29 de agosto de 1974. La Dirección General de Asuntos Legales de la Secretaría de Salubridad y Asistencia tomó nota de la integración del Consejo el 19 de marzo de 1976.
La primera promoción para certificar a médicos especialistas en anestesiología se realizó el 3 de septiembre de 1976. Los primeros exámenes de certificación de médicos como especialistas en anestesiología se verificaron los días 20 de noviembre de 1977 y 26 de febrero de 1978. Ambos se realizaron en las aulas del Departamento de Enseñanza del Hospital 20 de Noviembre, ISSSTE. Los exámenes escritos se presentaron de las 9:00 a las 12:00 horas y los orales de las 15:00 a las 19:00 horas.
Las evaluaciones de los candidatos registrados a los exámenes del día 26 de febrero de 1978 se realizaron en forma simultánea en Monterrey, bajo la coordinación del representante del consejo (Dr. Carlos Adame Barocio), en Guadalajara, con la dirigencia del representante del consejo (Dr. Jesús Saldamando Cota), y en el Distrito Federal40.
El número total de anestesiólogos certificados hasta febrero de 1987 era de 1,325, y en 1997 de 3,028.
Presidentes del Consejo Mexicano de Anestesiología desde su fundación:
Formación Y Capacitación De Anestesiólogos
Con el desarrollo de los servicios asistenciales del país, una de las ocupaciones más serias tanto de las autoridades gubernamentales como de las sociedades médicas, es capacitar especialistas en número congruente con las necesidades de cada población.
Entre los primeros cursos para capacitar médicos en anestesia de un servicio organizado están los del Hospital Juárez, impartidos alrededor de 1950 bajo la dirección del doctor Juan White Morquecho.
Posteriormente la Sociedad Mexicana de Anestesiología organizó cursos para médicos cirujanos cada dos años: el primero se efectuó en febrero de 1955 con un programa teórico-práctico de 30 semanas en los principales hospitales del Distrito Federal.
En 1956-1957, la Secretaría de Salubridad y Asistencia, con los auspicios de la Lotería Nacional, organizó un curso de anestesia en el Hospital General bajo la dirección del doctor Martín Maquivar Amelio, a fin de formar médicos especialistas de esta rama para el servicio de esa dependencia. Es importante destacar que se pretendía becar a ese grupo de médicos para que estudiaran la especialidad en Estados Unidos. Sin embargo, el doctor Maquivar demostró que en México, con un buen programa y profesorado adecuado, se podían formar excelentes especialistas. De este curso egresaron grandes valores de la anestesiología, como el doctor Manuel Alcaraz Guadarrama, quien hizo escuela en dicho nosocomio11.
Hoy en día el programa de especialización consta de tres años, y cuenta con el reconocimiento de las principales instituciones educativas de la República Mexicana. Asimismo, promueve un servicio social por hospitales rurales con duración de cuatro a seis meses durante el tercer año de residencia.
La educación médica continua se efectúa por medio de congresos, cursos de actualización, capacitaciones en servicio, etc., en todo el país. Actualmente la Federación ha regionalizado la organización de dichos actos para satisfacer la demanda y asegurar la calidad de los mismos.
En la educación de pregrado, es decir, la que se realiza durante la licenciatura, no se incluyen cursos básicos de anestesiología en la mayor parte de los programas de las escuelas y facultades de medicina de México, por lo que el estudiante desconoce todo lo referente a esta disciplina y no la elige como especialidad. Una excepción de esto son los programas de las facultades de medicina de Tampico, Veracruz, San Luis Potosí, Estado de México, Guerrero, Hidalgo y el Instituto Politécnico Nacional. En este sentido cabe mencionar que en la ciudad de Pachuca fue instituido un curso sobre bases de la anestesiología gracias al Dr. Gastón Barranco, quien fue director de la Facultad de Medicina de la Universidad del estado de Hidalgo después de destacar como un prestigiado anestesiólogo. Entre sus aportaciones a la especialidad resalta haber inventado la válvula no reinhalatoria pediátrica que lleva su nombre.
El Instituto Mexicano del Seguro Social es la institución que más ha contribuido a la formación de especialistas en la materia. En los cursos entre 1954 y 1965 la especialización se realizaba con una residencia tutelar en la que los estudiantes rotaban por los diferentes servicios del hospital.
En los hospitales La Raza y Centro Médico Nacional, a partir de 1962, se estableció la residencia de anestesiología, aplicando un programa adecuado y organizado con duración de dos años.
En 1966 se logró el reconocimiento universitario de la residencia de anestesiología, con lo cual se inició la etapa formal de la especialidad, con objetivos bien definidos que cubren las diferentes áreas del conocimiento.
Dicho programa sirvió como base para las residencias que se ofrecen en las diferentes instituciones hospitalarias de la república.
De las 37 especialidades que se imparten en el IMSS, la anestesiología ocupaba el tercer lugar en cuanto a número, con 1,383 médicos egresados durante el lapso de 1972 a 198511.
Publicaciones
Otro importante renglón en el desarrollo de las especialidades médicas son las publicaciones.
La Sociedad Mexicana de Anestesiología hizo esfuerzos en dos ocasiones por publicar los trabajos científicos de los anestesiólogos: la primera vez con un suplemento en la Revista de Cirugía del Hospital Juárez (1939), y posteriormente en la revista Medicina.
A continuación presentamos una breve reseña de tres artículos originales extractados de la Revista de Cirugía del Hospital Juárez publicada en noviembre de 1937.
Anestesia. Publicación Bimestral De La Sociedad De Anestesistas De México. Año 11, Noviembre De 1937, Núm. 6. Director: Dr. Juan White Morquecho.
Dr. Juan White Morquecho, SAM
Los Accidentes De La Raquianestesia
En este artículo el autor subraya el hecho de que algunos enfermos en buenas condiciones para ser operados presentaban accidentes directamente imputables a la raquianestesia. Afirma que pueden producirse accidentes inmediatos que, incluso, provocarían la muerte, o tardíos, considerados como secuelas de la anestesia.
Los divide en tres grupos más importantes, a los cuales se les debe dar atención preferente:
La hipotensión arterial es casi constante en la raquianestesia, en la mayor parte de los casos es mínima, de 1 a 1.5 cc de mercurio. Las principales causas que se invocan para explicarla son: la parálisis de cierto número de fibras simpáticas que produce vasodilatación; la pérdida del tono muscular en un gran número de músculos estriados (músculos de las extremidades inferiores y del abdomen); la disminución de la capacidad respiratoria y las tracciones sobre los anexos; pero esta ligera hipotensión no tiene importancia clínica alguna, se tolera perfectamente, sólo cuando la irrigación sanguínea de los centros nerviosos cerebrobulbares se encuentra deficiente, cuando realmente hay anemia cerebral, es cuando se presentan los accidentes. Dicha anemia ha sido producida por una baja brusca y considerable de la presión arterial debida a las tracciones enérgicas de las vísceras abdominales, sobre todo las del abdomen alto; a los estiramientos demasiado fuertes de los miembros inferiores (osteosíntesis del fémur), a lesiones renales con hipertensión, a permanencia del individuo sentado después de la anestesia o al levantamiento rápido después de operaciones de corta duración.
Con respecto a este grupo menciona que las secuelas de la anestesia raquídea han disminuido notablemente con el uso de la novocaína como sustituto de la cocaína, debido a que la novocaína irrita menos y la cocaína produce vasoconstricción local que dura entre 45 minutos y 1 hora.
Con respecto a este accidente menciona que se debe a la introducción de una dosis insuficiente porque no se ha solubilizado bien la solución anestésica.
Para evitar estas fallas el Dr. Morquecho mezclaba sistemáticamente el líquido cefalorraquídeo en la ampolleta de novocaína y esperaba 2 minutos para inyectar, agitando suavemente la ampolleta, con lo cual, para su satisfacción, las anestesias incompletas desaparecían41.
Conducta En Los Accidentes De La Raquia
Dr. Santiago Rodríguez Gómez
Divide a los accidentes en inmediatos y tardíos, los primeros se subdividen en benignos y graves, los segundos raramente son graves. Textualmente se menciona: "Para los accidentes inmediatos es necesario que el encargado de la vigilancia del enfermo tenga a su alcance todo el material indispensable (jeringas, agujas1 ampolletas diversas, cardiazol, efedrina, lobelina coramina, cafeína, aceite alcanforado, alcohol, éter, oxígeno inyectable, oxígeno para inhalaciones, algodón, compresas, abrebocas, tiralenguas, una pinza de Kocher y tubo de hule para ligadura).
"Una vez raquianestesiado el enfermo, colocarlo en ligero Trendelemburg y poner toda la atención en él vigilando facies, pulso, respiración y tensión arterial las veces que fuera necesario.
"Los fenómenos que con frecuencia se presentan son los motivados por la llamada tempestad de los 20 minutos, caracterizada por hipotensión arterial, respiración superficial y frecuente, lentitud del pulso, palidez de la cara, sudor profuso, dilatación de las pupilas, angustia, náuseas y vómitos.
"Se mejoraban las condiciones de estos pacientes haciendo respiraciones profundas con la boca abierta, friccionando enérgicamente la cara con una compresa humedecida con alcohol, protegiendo los ojos con otra compresa seca; el alcohol lo olerá en cada inspiración profunda. Si la tensión sigue bajando y el pulso se hace frecuente, y la respiración más superficial, la vigilancia debe ser más atenta y se procederá a usar los tonicocardíacos y las inhalaciones de oxígeno.
"En un grado mayor, ya con relajación de esfínteres hasta el síncope, la conducta varía completamente. Si el síncope es respiratorio, inyectar inmediatamente lobelina intravenosa, dar respiración artificial, inhalaciones de oxígeno sólo al principio, después a través de una gasa con alcohol, inhalaciones de anhídrido carbónico como excitante del centro respiratorio, si esto no es suficiente, inyectar oxígeno subcutáneo y continuar con la respiración artificial.
"En el caso de síncope cardíaco, inyectar en primer lugar adrenalina a dosis pequeñas, 1/10 cc por vía intravenosa, después cardiazol, efedrina, éter, alcohol, cafeína, aplicar puntos de fuego en la región precordial, luchar en esta forma como mínimo una hora y durante todo este tiempo respiración artificial.
"Los accidentes secundarios principales son: cefalea, raquialgia, parálisis y retención urinaria.
"La cefalea se mejora y desaparece con las inyecciones intravenosas de suero hipertónico glucosado al 50%, cloruro sódico al 15%, en caso de que al hacer la punción raquídea se haya encontrado una hipertensión del líquido cefalorraquídeo, agua bidestilada (20 cc) en caso de que exista hipotensión del líquido cefalorraquídeo. En ambos casos mezclar la soluciones con ¼ a ½ mg de atropina.
"La raquialgia se trata con medicamentos analgésicos y opiáceos.
"La retención urinaria se modifica con inyecciones de estricnina a una dosis de 1 a 2 mg diarios.
"Las lesiones paralíticas corresponden a la fisioterapia"41.
Contraindicaciones De La Raquianestesia
Dr. Benjamín Bandera, SAM
Las contraindicaciones de la raquia pueden dividirse en absolutas y relativas, y entre ellas se mencionan las siguientes:
La necesidad de comunicación, no sólo con los compañeros de la especialidad sino con los cirujanos y otros grupos afines, provocó la publicación de la Revista Mexicana de Anestesiología cada dos meses, órgano oficial de la Sociedad Mexicana de Anestesiología, cuyo primer número apareció en agosto de 1952.
Merece mención especial el hecho de que es la única revista latinoamericana que no ha interrumpido su publicación en más de treinta años.
Hubo en un tiempo dos revistas más de anestesia en el país: Anestesiología AMERA (Asociación de Médicos Residentes y Exresidentes de Anestesia del Hospital General de México), la cual se publicó durante ocho años a partir de 1974 y dejó de salir por la crisis económica de 1982, y otra en Guadalajara, como órgano de la Federación de Sociedades de Anestesiología de la República Mexicana, AC.
En cuanto a los libros de texto, el doctor Guillermo López Alonso, profesor de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y distinguido anestesiólogo de esa entidad, publicó en 1968 Fundamentos de anestesiología, libro con evidente intención didáctica en el que colaboraron otros prestigiados especialistas y editado por Prensa Médica Mexicana.
La segunda edición de esta obra, corregida y aumentada, apareció en 1976, editada por la misma compañía. La tercera se publicó en 1985, mucho más completa, rica en información actualizada y con capítulos de gran utilidad práctica.
En 1977, Excerpta Médica (Amsterdam-Oxford) editó un excelente libro, Anesthesiology, con los artículos más importantes del VI Congreso Mundial de Anestesiología celebrado en México en 1976. Fueron compiladores de esta obra los doctores E. HüIsz, J.A. Sánchez Hernández, G. Vasconcelos y J.N. Lunn.
En 1978, los doctores S. Ayala y J.A. Gandera editaron Anestesia obstétrica y perinatología. Temas selectos, siendo autores de varios capítulos profesores nacionales y extranjeros de prestigio mundial11.
Con motivo del XXII Congreso Mexicano de Anestesiología en septiembre de 1985 en Mérida, Yucatán,
el comité organizador dedicó una sesión especial para revisar temas relacionados con la historia de la anestesiología de nuestro país, siendo coordinador de dicha sesión el Dr. J. Antonio Aldrete de la Universidad de Alabama, Birmingham, Estados Unidos, quien remarcó la importancia del hallazgo de reportes que aportaban nuevos datos al conocimiento histórico y permitían sustentar la tesis, aún no desmentida, de que fue en la Península de Yucatán donde se administró la primera anestesia por inhalación con éter de México.
También es importante mencionar el libro del Dr. J. Antonio Aldrete titulado: Texto de anestesiología teórico-práctica, en dos tomos, de más de 900 páginas cada uno, el primero publicado en 1986 y el segundo en 1990, ambos editados por Salvat Mexicana de Ediciones, SA de CV. En ellos se conjunta la experiencia de autores mexicanos, latinoamericanos, españoles y portugueses, y es una obra única en su género porque todos son de habla hispana, lo cual le ha dado un merecido éxito, además de tener un alto contenido histórico y científico.
Hay también un artículo de especial interés por su visión futurista, que recoge el pensamiento y la filosofía de todos los anestesiólogos que en México han aportado algo a nuestra especialidad, bien sea en forina individual o a través del trabajo en sus sociedades a lo largo de todo el país. Este artículo, publicado en la revista Anestesia en México, órgano oficial de la Federación Mexicana de Anestesiología, AC, afirma en síntesis: "Quisiéramos ver llegar el año 2000 con un alto nivel científico en las especialidades médicas. Para lograrlo, particularmente en anestesiología, proponemos como objetivos los siguientes:
En conclusión, el logro de estos objetivos sólo será alcanzado con base en el trabajo continuo, unificado, responsable, de alto nivel académico, compartido y sobre todo desprovisto de egoísmos mal entendidos, para así seguir construyendo la historia de la anestesiología mexicana y que las futuras generaciones de especialistas en esta disciplina se sientan orgullosos de pertenecer a ella, además de deseosos de participar activamente en un proceso histórico sustentado en el pasado y en el presente, para tener siempre un mañana con mejores expectativas de progreso en la noble labor de supresión del dolor humano, ya que: "quitar el dolor es obra divina".
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