Volumen 11 Número 1 Enero - Febrero 1999

 

Editorial

La Isla de La Investigación

Francisco Huazano García  

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Cuando entre la población médica se comenta sobre investigación, las reacciones habituales son de incredulidad, duda, asombro, rechazo. .. de todo, menos de aceptación. Y es que una reacción natural del hombre, en este caso del médico, es el temor a lo desconocido.

Y es que la investigación y la estadística son, para un alto porcentaje de médicos latinos, temas desconocidos. Esto se debe, en parte, a la escasa atención que se les presta a estas materias en las diversas universidades, no sólo en México sino en América Latina.

A lo largo de la historia se ha considerado a la investigación como una isla lejana y poco accesible a donde pocos "locos" se atreven a llegar. Y es que, en aras de apegarse exactamente al método científico, tanto los cursos de metodología como los libros que tratan este tema, muestran un gran número de obstáculos que terminan por desanimar al más animoso de los investigadores.

Pero quizás lo que más aleja al médico de la investigación es la creencia generalizada de que ésta es sólo un "Juego de académicos", quienes no hacen nada y a los que todo el mundo les dice "maestros". A esto se suma otro aspecto repelente: el manejo de números y lenguajes poco comprensibles. Esto ocasiona que un porcentaje mínimo de la población médica en general, y en especial de anestesiología, realice trabajos de investigación.

La figura siguiente muestra cómo el no tener una idea clara de lo que queremos hacer nos empuja a un laberinto sin salida, lleno de obstáculos difíciles de salvar. Imaginemos que somos un investigador novato que empieza, lleno de ilusiones, en la "ciudad de la esperanza"; a partir de allí, nuestro primer obstáculo es la "selva de la autoridad" (todos sabemos que ésta es un obstáculo difícil de salvar). Continuamos con el "problema del título", el "pináculo del dogmatismo" y "las cumbres de confusión", para llegar a la "hipótesis", de la cual caemos por el "desfiladero del lucro" hasta el "camino del rediseño y las pruebas preliminares"; después circulamos por la "colina del aburrimiento" y llegamos al "bosque de la fatiga", y pasamos por la "mina de serendipia"; seguimos con la codificación hasta el "monte de la incertidumbre" y el "cañón de la desesperación", y llegamos a la "selva del análisis de datos". De aquí podemos pasar al "delta de los datos desechables" o al "cementerio de las hipótesis descartadas" para darnos cuenta que estamos dentro de una densa bruma en un gran "desierto sin fondos". Agotados ya, se nos presenta la disyuntiva de ir a la "isla de la administración" o a la "isla de la diversión" (casi siempre preferimos esta última). Así, llegamos a las "llanuras del informe escrito" y, si logramos salvar el pantano de los "manuscritos perdidos", arribamos al "delta de los editores", los cuales nos regresan a la "ciudad de la esperanza" a través de la "bahía de la literatura" con un cuento como: "tu trabajo está bien, pero le falta sustento metodológico".


Lo paradójico es que en este caso, a pesar de tanto esfuerzo, no hay victoria. De ahí la necesidad de reestructurar los cursos de metodología de la investigación y contar con un documento que guíe nuestro paso por el camino de la investigación de manera clara y sencilla porque, según Platón, "la belleza de estilo, la armonía, la gracia y el buen ritmo dependen de la sencillez".