Volumen 9 Número 6 Noviembre - Diciembre 1997

 

Artículos Originales

Indice Predictivo De Mortalidad: Grado De Precisión

Juan Manuel Juárez Cano
         • Ver Versión PDF  

Resumen

Se realizó una evaluación prospectiva del índice predictivo de mortalidad, en el Hospital de Especialidades del Centro Médico La Raza, en un grupo de 207 pacientes. Se desarrolló una calificación especial en que a los parámetros considerados de acuerdo con experiencias previas, se les asignaron uno o dos puntos, con un total de quince puntos desfavorables. Se establecieron los porcentajes predictivos de mortalidad y se relacionaron con otros porcentajes obtenidos en otros pacientes, en estudios previos. Se siguió a los pacientes en su evolución hasta su salida del hospital por defunción o mejoría. Los resultados muestran que los parámetros más significativos para el futuro del paciente son: urgencias, agudización de alteración previa, estado físico 3, 4 ó 5, pacientes geriátricos, y el tiempo de duración del procedimiento anestésico-quirúrgico. Se observó que el grado de precisión del índice es mayor cuando los pacientes son evaluados en 10 puntos negativos o más.

Summary

An evaluation of the prognostic scale of mortality was developed at the Hospital de Especialidades del Centro Médico La Raza; it was carried out in a group of two hundred and seven patients, in order to stablish the degree of accuracy of such Scale. Two hundred and seven patients were included in the study. A preoperative evaluation was made and a ``Prognostic Score'' was stablished. The evaluation of each case was followed until the discharge of the patient from the Hospital, which was registered as: a) improve and/or b) dead. The scale considers a total of fifteen ``unfavorable'' points. It was observed that the mortality rates is very high when patients were evaluated in the preoperative period with ten or more negative or ``unfavorable'' points.

Palabras clave: anestesia, cirugía, índice predictivo, mortalidad.
Key words: anesthesia, surgery, prognostic scale, mortality.

Introducción

El término riesgo implica el grado de probabilidad de sufrir una pérdida o daño asociado con una acción. En medicina, la probabilidad de pérdida o daño se relaciona generalmente con la morbilidad y mortalidad que puede asociarse a los procesos patológicos y las medidas terapéuticas para modificarlos.

En general, las decisiones quirúrgicas se basan en estimaciones de daño-beneficio para un enfermo. Ante la necesidad de contar con este tipo de estimaciones se han realizado múltiples intentos para valorar el riesgo al que se expone un enfermo en relación con un procedimiento anestésico-quirúrgico. En algunos casos, las estimaciones predictivas han alcanzado una notable precisión y han sido útiles para valorar la eficacia de diversas medidas profilácticas y terapéuticas.

La estimación de la morbilidad constituye un problema complejo por la multitud de factores que pueden intervenir y por lo mismo el grado de precisión en esta área es muy bajo; por otro lado, la experiencia ha demostrado que las estimaciones de mortalidad son menos complejas y que se puede predecir con un grado elevado de precisión cuándo se capta el ``alta'' de un paciente por “mejoría” a “por defunción”.

En 1940, la Sociedad Norteamericana de Anestesiología (ASA) integró un Comité formado por Saklad, Rovenstine y Taylor, con el objeto de desarrollar una clasificación del estado físico de los pacientes que permitiera obtener datos uniformes, mejorar la comunicación y hacer comparaciones entre grupos diferentes con respecto a la elección de agentes y técnicas anestésicas. Los autores introdujeron en la escala el concepto de ``alteración sistémica'' y utilizaron los términos ausente, definida, severa y extrema; enfatizaron además que la clasificación no pretendía estimar el riesgo operatorio. Posteriormente, por recomendación de la Asamblea General de la Sociedad Norteamericana de Anestesiología (ASA), el método propuesto, publicado en 1941, incluyó un séptimo grupo para catalogar al enfermo ``moribundo'' cuyo fallecimiento se esperaba dentro de las siguientes 24 h con o sin intervención quirúrgica. Esta escala se utilizó ampliamente durante veinte años.

En 1961, Drips, Lamont y Eckenhoff sugirieron eliminar dos grupos y reducir la escala a cinco. El quinto grupo seguía correspondiendo al enfermo moribundo. Los autores propusieron también utilizar la letra ``E'' para indicar las emergencias; sustituyeron además los términos originales de: ausente, definida, severa y extrema para determinar el estado físico de los enfermos por los siguientes: 1. sin alteración, 2. con alteración moderada, 3. con alteración limitante, y 4. con alteración incapacitante. La introducción de los términos ``limitante'' e ``incapacitante'' permitió una mayor precisión en la clasificación del estado físico.

Después de 45 años, la clasificación de estado físico de la ASA ha demostrado ser un método predictivo de mortalidad quirúrgica de gran precisión.

En 1966, Pérez-Tamayo L y Zetina-García-Torres F 5 integraron el concepto de riesgo anestésico-quirúrgico (RAQ), combinando la clasificación de estado físico de la ASA con el carácter ``urgente'' o ``electivo'' y la magnitud ``menor'' (A) o ``mayor'' (B) del procedimiento quirúrgico. A partir de ese año, el índice de RAQ ha probado su utilidad y valor predictivo de mortalidad integrado en las formas de Registro de Anestesia del Instituto Mexicano del Seguro Social.

En 1978, Owens, Feltz y Spitznagel publicaron un artículo sobre las clasificaciones del estado físico de la ASA en el que concluyen que son útiles, pero que carecen de precisión científica. En el editorial del mismo número de la revista Anesthesiology, Keats opina que la escala es inconsistente, pero considera que ``como un índice global'' del estado preoperatorio de un enfermo, la clasificación del estado físico no puede tener mayor precisión científica.

En 1979, Flores-Córdova sugirió un método complementario de la Escala de Estado Físico de la ASA, integrado por seis variables que clasificó como: ``positivas o favorables'' y ``negativas o desfavorables'' para el enfermo.

Posteriormente, en 1980, agregó otras cuatro variables: con o sin valoración integral, con o sin medicación crónica, con o sin antecedentes patológicos y hasta 66 años de edad o más.

En 1981, Mendoza-Feria, Flores-Córdova y Pérez-Tamayo realizaron un estudio retrospectivo que incluyó 89 expedientes de enfermos que fallecieron en el periodo postoperatorio. Se utilizó la escala sugerida previamente por Flores-Córdova, y en sus conclusiones los autores reducen la escala a ocho variables.

En 1982, Joo-Reyes, Mendoza-Feria, Flores-Córdova y Pérez-Tamayo en forma prospectiva pusieron a prueba el índice de valoración preoperatoria integral en un grupo de 1,456 enfermos sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos. En esta serie, se utilizó la escala de ocho variables sugerida por Mendoza-Feria y col., y los autores modificaron la escala incluyendo una variable más que tomó en cuenta el diagnóstico de ingreso como ``grave o fatal''.

Por otro lado, se asignó una mayor puntuación a las siguientes variables: estado físico 4 y 5, la presencia de antecedentes patológicos ``agudizados'' y el diagnóstico ``grave o fatal''; se asignaron dos puntos a cada una de estas variables y se integró un total de 12 puntos.

En 1983, Paredes-Hernández, Flores-Córdova y Pérez-Tamayo investigaron la capacidad de captación de factores de riesgo en un estudio comparativo de las siguientes escalas: 1. el índice multifactorial de riesgo cardiaco en procedimientos quirúrgicos no cardiacos de Goldman; 2. la estimación preoperatoria del riesgo en cirugía cardiaca de Urzúa; 3. la clasificación de riesgo cardiovascular en enfermos con alteración vascular periférica de Cooperman; 4. la escala de valoración de la función respiratoria de Rigg y Jones, y 5. la escala de índice predictivo de sobrevivencia del Hospital de Especialidades del Centro Médico La Raza. En sus conclusiones, los autores señalan para las escalas de Goldman, Urzúa, Cooperman y Rigg y Jones, porcentajes de captación de factores de riesgo de 35.5, 16, 29 y 7%, respectivamente; por otro lado, la escala del Hospital de Especialidades captó en 100% los factores de riesgo y, por lo tanto, se recomienda como un buen índice de predicción de sobrevivencia.

También en 1983 Viveros-Dorantes, Mendoza-Feria y Pérez-Tamayo realizaron un estudio prospectivo de sobrevivencia en grupos de enfermos sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos en unidades de tercero y segundo niveles de atención. Para el estudio se diseñó una hoja de registro de datos y se integró una escala de 15 puntos con nueve variables. Se estudió a un total de 483 enfermos y de las observaciones obtenidas en el estudio se deriva la siguiente conclusión: en los enfermos que reúnen 6 y 7 puntos negativos se puede predecir un 5.5% de mortalidad; en los que tienen 8 y 9 11%; en los que reúnen 10, 11, 12, 13, 14 y 15 puntos negativos un 26.36 y 95% de mortalidad.

En 1984, Galván-Morales y Pastrana-Márquez valoraron la utilidad del índice predictivo de sobrevida en forma prospectiva en pacientes pediátricos sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos utilizando la escala sugerida por Viveros-Dorantes y col. Se modificó el inciso referente a la edad, que consistió en tomar como punto desfavorable la edad menor de un mes. En este estudio se concluye que en la edad pediátrica de la vida muestran un incremento mayor de la mortalidad, ya que el grupo de adultos, a partir de más de 13 puntos negativos, presenta una mortalidad de cerca de 100%, y el grupo pediátrico, a partir un puntaje negativo de 12, se asocia a una mortalidad del 100%.

En 1984, Garza-Pulido y Pérez-Tamayo realizaron un estudio prospectivo en 84 pacientes sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos en el Hospital de Especialidades del Centro Médico La Raza para elevar el grado de predicción en cuanto a porcentajes del método modificado por Viveros-Dorantes y Pérez-Tamayo en 1983.

De las observaciones obtenidas en el estudio se concluye que en los enfermos que reúnen 8 y 9 puntos negativos se puede predecir 28% de mortalidad; y en los que reúnen 10, 11, 12, 13, 14 y 15 puntos negativos, 36, 50 y 83% respectivamente. Además, sugieren realizar otra valoración para ajustar los porcentajes y aumentar el tamaño de la muestra.

También en 1984, Fuentes-Díaz y Camacho-Castillo, en otro estudio prospectivo del índice predictivo de sobrevida realizado en el Hospital de Ginecoobstetricia Núm. 3 en 79 pacientes sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos que utilizó la escala propuesta por Viveros-Dorantes y col., encontraron la mayoría de los casos entre 1 y 7 puntos negativos, dado el tipo de pacientes de esa especialidad, jóvenes y mínima o ninguna alteración, con lo cual la mortalidad debe ser de 0%.

En 1985, Ruiz-Guerrero y Pérez-Tamayo nuevamente y atendiendo la sugerencia del trabajo de Garza-Pulido, realizan un estudio prospectivo en 202 pacientes sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos en el Hospital de Especialidades del Centro Médico La Raza, para poner a prueba los porcentajes establecidos. En dicho estudio concluyen que los valores de los porcentajes obtenidos en esta serie son menores a los obtenidos en el trabajo anterior, por lo que se deben reajustar.

Material y Métodos

Se estudiaron 207 pacientes, escogidos al azar, en el Hospital de Especialidades del Centro Médico La Raza. Los pacientes fueron sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos, con los siguientes criterios de inclusión: sexo masculino y femenino, edad mayor de 15 años, estado físico (ASA) 3, 4 y 5, programados para cirugía electiva o urgente, mayor y/o menor. Criterios de no inclusión: pacientes que tuvieran problemas en el número de afiliación al IMSS, lo que no permitiera un seguimiento adecuado de su evolución. Criterios de exclusión: pacientes a los cuales por razones de cupo hospitalario se les enviara a convalecer a su clínica u hospital de adscripción y aquellos que una vez incluidos en el estudio, ameritaran una segunda operación.

Para obtener la información se utilizó la hoja de registro de datos diseñada por Viveros-Dorantes y col. y se realizó la captación de datos en la visita preanestésica efectuada aproximadamente 12 h antes en el caso de procedimientos de tipo electivo, y minutos antes de la inducción de la anestesia en los de carácter urgente.

A partir de los porcentajes ``reales'' ajustados del estudio de Ruiz-Guerrero y Pérez-Tamayo, se asignaron los siguientes valores: los pacientes que acumulen 7 puntos negativos o menos no deben tener mortalidad, los que acumulen 8 y 9 puntos negativos, mortalidad de 11 a 20%, los de 10 y 11 puntos negativos, mortalidad esperada de 21 a 30%, los de 12 y 13 puntos negativos, mortalidad esperada de 31 a 50%, y los de 14 y 15 puntos negativos, mortalidad de 81 a 100%.

Se dio seguimiento postoperatorio de la evolución a todos los pacientes hasta captar el ``alta'' de la unidad por ``mejoría'' o ``defunción'', previa corroboración de salida con el Departamento de Trabajo Social de la unidad.

Resultados

Se estudió en forma prospectiva a 207 pacientes, 106 femeninos y 101 masculinos, a los que se les efectuaron procedimientos anestésico-quirúrgicos. La mortalidad total fue de 29 pacientes, 14 femeninos y 15 masculinos (cuadro 1). Con estado físico 3, 160 casos, teniendo 14 defunciones, con estado físico 4, 44 casos con 12 defunciones y con estado físico 5, 3 casos, mismos que fallecieron (cuadro 2). En cuanto al diagnóstico de ingreso, 135 pacientes lo tenían considerado ``fatal'' y hubo 28 casos de mortalidad y 72 pacientes con diagnóstico no considerado fatal, con un caso de mortalidad (cuadro 3).

CUADRO I
Sexo

Sexo

Casos

Porcentaje

Mortalidad

Porcentaje relativo

Femenino

106

51

14

13

Masculino

101

49

15

15

Total

207

100%

29

14%

CUADRO II
Estado físico

ASA

Casos

Porcentaje

Mortalidad

Porcentaje relativo

3

160

77

14

9

4

44

21

12

27

5

3

2

3

100%

CUADRO III
Diagnóstico de ingreso

Fatal

Casos

Porcentaje

Mortalidad

Porcentaje relativo

135

65

28

21

No

72

35

1

1

Total

207

100%

29

14%

Con alteración previa agudizada hubo 126 casos, de los cuales 25 fallecieron, y la alteración previa más frecuente fue la hipertensión arterial (28%), insuficiencia cardiaca congestiva (24%), desnutrición (17%), diabetes mellitus (14%), cardiopatía isquémica (14%), anemia (10%), insuficiencia renal crónica agudizada (7%), alteraciones de la coagulación (3%), insuficiencia hepática (3%) y EPOC (3%). Los pacientes sin alteración previa fueron 81, de los cuales hubo cuatro defunciones, un paciente con tetralogía de Fallot, uno con cisticercosis cerebral, uno con traumatismo craneoencefálico y hematoma subaracnoideo y el cuarto con síndrome ictérico obstructivo extrahepático. En cuanto a la ingestión crónica de medicamentos, hubo 170 casos con 24 defunciones y 37 casos que no tomaban medicamento alguno, de los cuales cinco fallecieron. En la valoración integral 138pacientes la tuvieron, con 23 casos de mortalidad; 69 pacientes no la tuvieron y hubo seis muertes. En el tiempo de anestesia, en 80 casos el procedimiento duró menos de dos horas, con cinco casos de mortalidad, y de más de dos horas 127 casos, con 24 muertes (cuadro 4). El tipo de cirugía fue mayor en 173 casos, con 28 fallecimientos y cirugía menor en 34 casos, con un fallecimiento de paciente programado para efectuársele colocación de marcapaso temporal, en el cual como complicación quirúrgica hubo lesión orgánica con el electrodo, y hemorragia profusa. En cuanto al carácter de la cirugía, en 191 casos fue electiva, con 24 fallecimientos, y en 16 urgente, con cinco defunciones (cuadro 5).

CUADRO IV
Tiempo de anestesia

Tiempo

Casos

Porcentaje

Mortalidad

Porcentaje relativo

Menos de 2 h

80

39

5

6

2 h y más

127

61

24

19

Total

207

100%

29

14%

CUADRO V
Carácter de la cirugía

Carácter

Casos

Porcentaje

Mortalidad

Porcentaje relativo

Electiva

191

92

24

13

Urgente

16

8

5

31

Total

207

100%

29

14%

En lo que respecta al tipo de anestesia, 38 casos fueron manejados con anestesia local y/o analgesia, con cuatro muertes, con anestesia regional (BPD y BSA), 39 casos con dos muertes con anestesia inhalatoria pura, cuatro casos con un fallecimiento y con anestesia general balanceada, 126 casos con 22 defunciones (cuadro 6).

CUADRO VI
Tipo de anestesia

Anestesia

Casos

Porcentaje

Mortalidad

Porcentaje relativo

Local y analgesia

38

18

4

11

Regional

39

19

2

5

Inhalatoria

4

2

1

25

Balanceada

126

61

22

17

Total

207

100%

29

14%

En relación con la edad, 28 casos con edad entre 16 y 30 años, con siete fallecimientos; en el grupo de 31 a 50 años, 49 casos con ocho defunciones; en los de 51 a 70 años, 74 casos con ocho fallecimientos, y 56 casos de más de 71 años con seis defunciones. En cuanto al índice predictivo de mortalidad y referente a los puntos negativos y porcentajes probables, hubo 15 casos con 8 y 9 puntos negativos, con mortalidad esperada del 11 20% y en este estudio no hubo mortalidad para este grupo. En los de 10 y 11 puntos negativos hubo 101 casos, con mortalidad esperada de 21 a 30%, y hubo fallecimientos en este grupo para un porcentaje real del 6% en el grupo de 12 y 13 puntos negativos, 84 casos, con mortalidad esperada de 31 a 50%, en donde hubo 18 defunciones para un porcentaje real del 22%. En cuarto y último grupo, con 14 y 15 puntos negativos, hubo siete casos, con mortalidad esperada del 81 al 100%; hubo cinco defunciones para un porcentaje real del 72% (cuadro 7).

CUADRO VII
Índice predictivo de mortalidad

 

Casos

Porcentaje

Mortalidad

Porcentaje relativo

8-9
(10-20%)
12-13
(31-50%)
14-15
(80-100%)

15
101
84


7

7
49
41


3

0
6
18


5

0
6
22


72

Total

207

100%

29

14%

En lo que se refiere al servicio encargado del tratamiento de los pacientes y el servicio de cirugía cardiopulmonar, manejó 65 casos, teniendo 13 muertes para un porcentaje relativo de 20%, cirugía general 44 casos, teniendo cuatro defunciones (9%); urología, 31 casos con dos fallecimientos (6%); neurocirugía, 24 casos con cinco fallecimientos (21%); nefrología, 19 casos con dos defunciones (11%), y angiología, 12 casos con dos muertes (17%), cabeza y cuello nueve casos con una muerte (11%); cirugía reconstructiva tres casos, servicio que no tuvo mortalidad. En cuanto al sitio donde ocurrió el fallecimiento, 10 fueron en quirófano y 19 en hospitalización. En la corroboración de ``altas'' con el departamento de trabajo social, 178 casos fueron por mejoría y 29 por defunción. En lo referente a las causas de muerte, la principal fue insuficiencia cardiaca (ocho casos), falla orgánica múltiple (siete casos), choque séptico (tres casos), tromboembolia pulmonar (tres casos), choque hipovolémico (dos casos), trombosis mesentérica (dos casos), choque cardiogénico (dos casos), encefalopatía hepática (un caso), infarto agudo de miocardio (un caso) (cuadro 8).

CUADRO VIII
Causa de muerte

Insuficiencia cardiaca

8

Falla orgánica múltiple

7

Choque séptico

3

Tromboembolia pulmonar

3

Choque hipovolémico

2

Trombosis mesentérica

2

Choque cardiogénico

2

Infarto agudo del miocardio

1

Encefalopatía hepática

1

En lo que atañe a los días de estancia, permanecieron de uno a cinco días 28 casos, pacientes de los cuales 10 fallecieron; de 6 a 10 días, 45 casos, con 8 fallecimientos; de 11 a 15 días 43 casos, con una defunción; de 16 a 20 días 31 casos, con tres defunciones, y de más de 21 días de estancia hospitalaria 60 casos, con siete muertes.

Discusión

Con base en los resultados obtenidos en el estudio anterior por Ruiz-Guerrero y Pérez-Tamayo, en donde los porcentajes obtenidos ``reales'' fueron menores a los valores asignados como porcentajes probables de mortalidad, para el presente estudio hubo que reducir aún más los porcentajes de probabilidad, y aun así los porcentajes reales que obtuvimos fueron menores. Contrariamente a lo observado en los estudios previos, en el grupo 8 y 9 puntos negativos, no hubo mortalidad, siendo que se esperaba una mortalidad hasta de 11 a 20%. En los siguientes dos grupos, la mortalidad fue menor, como antes se señaló, y en el grupo de 14 y 15 puntos negativos con probabilidad de mortalidad de 80 a 100%, fue de 72%, lo cual coincide con todos los trabajos anteriores, en donde debe hacerse un ajuste en los grupos intermedios y reducirlos, y sugerimos que los pacientes que acumulen 9 puntos negativos o menos sean considerados pacientes en los cuales no debe haber mortalidad.

En cuanto a las otras variables, como alteración previa agudizada, reafirmamos que el riesgo de mortalidad se incrementa cuando el paciente quirúrgico cursa concomitantemente con otros padecimientos, por lo general de orden crónico-degenerativo, como es el caso de la diabetes, que en nuestro estudio estuvo presente en 14% de los pacientes fallecidos y cuya mortalidad, como señalan Keighley y col., no se aumenta, pero la sepsis y la mayor tendencia a las complicaciones es mayor. En el caso de la desnutrición y de la anemia crónica (17 y 10% respectivamente en nuestro estudio), Barrera y col. han observado que con menos de 7 g de hemoglobina/dl se incrementa el trabajo cardiaco, se aumenta el consumo de oxígeno y las resistencias periféricas, y ocurre lesión miocárdica marcada por producción de lactato miocárdico y aparición posterior de falla cardiaca. En el caso de pacientes con enfermedad vascular periférica, según Cooperman M. y col., las complicaciones que se asocian con este tipo de padecimiento son: insuficiencia cardiaca congestiva e infarto de miocardio, lo cual coincide con los resultados obtenidos en este estudio. En lo referente a la hipertensión arterial, Bulpitt y col. encontraron que la hipertensión es causante directa del 6% de las muertes, dada por daño cardiovascular; en nuestros resultados mostramos a este padecimiento como la alteración principal presente en el 24% de los pacientes fallecidos. La obsesidad, además de aumentar el riesgo de mortalidad, representa para el anestesiólogo dificultades técnicas, como la limitación mecánica de la ventilación, que usualmente lleva a signos clínicos de hipoxia e hipercapnia, aunado a la enfermedad preexistente de tipo circulatorio y metabólico, además de otras, como venopuntura difícil, laringoespasmo frecuente y sobredosis. Jarret y col. revelan que cuando existe 30% de sobrepeso, la mortalidad ocurre en 1.3%, además de que es mayor factor de riesgo en jóvenes que en ancianos y en mujeres que en hombres. Ramsey-Stewart reporta que 40% de los pacientes tenían datos radiológicos de atelectasias pulmonares en el postoperatorio; en nuestro trabajo se encontró que del total de defunciones 23% cursaba con 10% o más de sobrepeso. Dentro de los antecedentes no patológicos más importantes se encontró el tabaquismo, con variaciones en la intensidad, el cual, aunque no es considerado un padecimiento, estuvo presente hasta en 55% de las defunciones. Pearce y col. revelan que fumar incrementa la mortalidad perioperatoria (alteraciones ocasionadas por el CO2 y la nicotina), lo que desvía la curva de la hemoglobina a la izquierda, y provoca alteraciones en el electrocardiograma. La nicotina actúa a nivel simpático-adrenal, provoca hipersecreción de moco, leucocitosis, hipercoagulabilidad, inducción enzimática y aumento de la IgC. Se concluye que se necesitan 24 h para la eliminación de la nicotina.

En cuanto al proceso fisiológico de la edad, es sabido que en los extremos de la vida, pero principalmente en la edad avanzada, se incrementa el riesgo anestésico, debido a la reducción general en la función orgánica, concepto coincidente con nuestros resultados. La respuesta inotrópica, la homeostasis cardiovascular y la capacidad de respuesta al estrés están disminuidas, no así las resistencias periféricas, las cuales están aumentadas, provocando hipertensión arterial. Aunque la edad por sí misma es considerada factor de riesgo, suele asociarse a otras alteraciones, como la anemia crónica y el hecho de que aproximadamente 90% de los pacientes geriátricos reciben medicación crónica, resultados que concuerdan con lo encontrado en nuestro estudio, en donde se observó que 82% de los pacientes fallecidos mayores de 71 años tenían ingestión crónica de medicamentos. Muravchick observó que mucha de la morbilidad y mortalidad relacionada con la anestesia está en función de la farmacología preoperatoria del paciente. El tratamiento crónico aumenta el riesgo por modificación directa de la función orgánica o por alteración de la respuesta del paciente a los agentes anestésicos, siendo más frecuentes y más graves las interacciones farmacológicas en un paciente con medicación crónica. El tipo de operación también cambia con la edad, y la cirugía de urgencia ocupa más de 60% de los casos después de los 71 años.

En relación con el tipo de anestesia, la técnica que principalmente se prefiere es la general balanceada (61%), lo cual es entendible dado el tipo de pacientes que se manejan en nuestra institución, en la mayoría de las ocasiones, de extrema gravedad, aunque en este, como en otros hospitales, a pesar del creciente interés por la anestesia regional, se usa más la anestesia general.

En lo referente al sexo, la relación de mortalidad fue de 1:1, por tratarse de un hospital de atención general; no es así en el caso de los hospitales de ginecoobstetricia, los que tienen su morbilidad y mortalidad de acuerdo con el tipo de pacientes que se atiende, que generalmente son mujeres sanas.

En nuestro estudio hubo una muerte por infarto agudo de miocardio, y aunque el paciente no tenía antecedente de infartos previos, el riesgo de infarto aumenta en mayores de 65 años, con arritmias, hipertensión arterial e insuficiencia cardiaca y periodo transoperatorio de hipotensión por más de 10 minutos.

La incidencia de complicaciones pulmonares en el postoperatorio es de 5-10%; el sitio de la operación y el estado pulmonar preoperatorio son los mayores; los hombres, los obesos y los que tienen más de 40 años son los que se complican con mayor frecuencia y más con anestesia general que con regional. En los resultados que mostramos, observamos que el servicio de cirugía cardiovascular tiene el más alto número de intervenciones, aunque no la más alta tasa de mortalidad, la cual correspondió a neurocirugía, seguida por la cardiovascular, cirugía general y urología, lo cual coincide con otros estudios. Dentro de las complicaciones más comunes se encuentran: hipertensión arterial, hipotensión arterial, bradicardias y arritmias, y para tratar de detectar este tipo de complicaciones y accidentes prevenibles se han ideado múltiples sistemas, aunque lo que permanece sin resolver es el error humano.

La predicción de riesgo de mortalidad es importante y ante la necesidad de contar con este tipo de estimaciones se han realizado múltiples intentos para valorar el riesgo al que se expone un enfermo en relación con un procedimiento anestésico-quirúrgico. Y al detectar esos factores de riesgo, hay que resolverlos cuando sea posible, pues la seguridad anestésica para el paciente puede ser dada cuando se conocen los cambios fisiopatológicos resultado de dichos factores. Algunos métodos entre sí y hasta ahora el índice predictivo de mortalidad del Hospital de Especialidades han demostrado captar hasta en un 100% los factores de riesgo y por lo tanto se recomienda como un buen índice de sobrevivencia.

Todos los seres humanos no somos automáticamente los mismos; por lo tanto, las técnicas anestésicas no pueden ser conscientemente estereotipadas, previendo que en todo beneficio hay un riesgo.

Bibliografía

  1. Goldstein A Jr, Keats A. The risk of anesthesia. Anesthesiology 1970; 32: 130-143.
  2. Saklad M. Grading or patients for surgical procedures. Anesthesiology 1941; 2: 281-284.
  3. Drips DR, Lamont A, Eckenhoff EJ. The role of anesthesia in surgical mortality, 1961; 178: 261-266.
  4. American Society of Anesthesiologists: New Classifications of Physical Status. Anesthesiology 1963; 24: 111.
  5. Pérez-Tamayo L, Zetina-García-Torres F. Valoración del riesgo anestésico-quirúrgico en ginecoobstetricia. Revista Mexicana de Anestesiología, 1966; 15: 149-153.
  6. Owens DW, Feltz AJ, Spitznagel LE. ASA physical status classifications: A study of consistency of ratings. Anesthesiology 1978; 49: 239-243.
  7. Keats AS. What do we know about anesthetic mortality? Anesthesiology 1979; 50: 387-392.
  8. Flores-Córdova N. Método de valoración del riesgo anestésico-quirúrgico. Departamento de Anestesiología del Hospital de Especialidades del Centro Médico La Raza, IMSS, 1980.
  9. Mendoza-Feria V, Pérez-Tamayo L. Valoración integral del riesgo anestésico-quirúrgico. Estudio retrospectivo. Tesis, Facultad de Medicina, UNAM, 1981.
  10. Joo-Reyes L, Pérez-Tamayo y col. Valoración integral del riesgo anestésico-quirúrgico. Estudio prospectivo. Tesis, Facultad de Medicina, UNAM, 1982.
  11. Paredes-Hernández A, Pérez Tamayo L, Flores-Córdova N. Método predictivo de sobrevivencia en pacientes sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos. Tesis, Facultad de Medicina, 1984.
  12. Viveros-Dorantes JL, Mendoza-Feria VM, Pérez-Tamayo L. Valoración predictiva de sobrevivencia en el paciente quirúrgico en unidades de tercero y segundo niveles de atención médica. Tesis, Facultad de Medicina, UNAM, 1984.
  13. Galván Morales RF, Pastrana-Márquez JL. Índice predictivo de sobrevivencia en pacientes pediátricos sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos. Tesis, Facultad de Medicina, UNAM, 1985.
  14. Garza-Pulido MA, Pérez-Tamayo L. Valoración del índice predictivo de sobrevida en pacientes sometidos a procedimientos anestésico-quirúrgicos. Tesis, Facultad de Medicina, UNAM, 1985.
  15. Fuentes-Díaz M y cols. Valoración predictiva de sobrevida en ginecoobstetricia. Tesis, Facultad de Medicina, UNAM, 1985.
  16. Ruiz-Guerrero A, Pérez-Tamayo L. Índice predictivo de mortalidad. Tesis, Facultad de Medicina, UNAM, 1986.
  17. Keighley MR, Rasay G, Fitzgerald MG. Influence of diabetes on mortality and morbility following operations for obstructive jaundice. Annals of Royal College of Surgeons of England, 1984; 66: 49-51.
  18. Barrera M y col. Consecuencias hemodinámicas de la anestesia con halotano durante la anemia crónica. Anesthesiology 1984; 61: 75.
  19. Cooperman M y col. Cardiovascular risk factors in patients with peripheral vascular disease. Surgery 1978; 84: 505-508.
  20. Bulpitt CJ, Clifton P et al. Risk factors death in treated hypertensive patients. Lancet 1979; 21: 134-137.
  21. Sorlie P, Gordon T et al. Body build and mortality. The Framingham Study. JAMA 1980; 243: 1828-1831.
  22. Dewind LT, Payne JH. Intestin bypass surgery for morbid obesity. JAMA 1976; 236: 2298-2301.
  23. Randall CC. Anestesia general para pacientes obesos enfermos. Anesthesiology 1983; 59: 132.
  24. Rose G, Shipley MJ. Plasma lipids and mortality: A source of error. Lancet 1980; 8: 523-525.
  25. Corli C y col. El mejor agente anestésico en el paciente obeso. Anesthesiology 1982; 53: 145.
  26. Brodsky JB et al. One lung anesthesia in morbility obese patients. Anesthesiology 1982; 57: 132-134.
  27. Catenacci AJ et al. Anesthetic hazards of obesity. JAMA 1961; 175: 657-665.
  28. Jarret RJ, Shipley MJ, Rose G. Weight and mortality in the Whitehall Study. Br Med J 1982; 285: 535-537.
  29. Ramsey-Stewart G. The perioperative management of morbidly obese patients. Anaesth Intensive Care 1985; 13: 399-406.
  30. Pearce M y col. Tabaquismo y anestesia. Abstinencia perioperatoria y morbilidad. Anesthesiology 1984; 61: 453-459.
  31. Haljamäe H. The physiological process of aging and anesthetic risk. Acta Scand Anesth, Abstracts, 1985; 15.
  32. Stefansson T. Preanesthetic evaluation of risk factors in the elderly. Acta Scandinava Anesthesia, Abstracts, 1985.
  33. Muravchick S. Preoperative pharmacology and anesthetic risk. International Anesthesia Clinics, 1980; 18: 11-23.
  34. Jacobsen E. Symposium: Geriatric Anaesthesia. Scand Anesth Acta. Abstracts, 1985: 18.
  35. Breheny F, McCarty. Maternal mortality. Anaesthesia, 1982; 37: 561-564.
  36. Peterson HB et al. Comparative risk of death from induced abortion at 12 weeks gestation performed with local versus general anesthesia. J Obstetric Gynecol 1981; 141: 763-768.
  37. Harvey DC et al. Comparison of morbidity between inpatients and outpatients following gynaecological laparoscopy. Ann of the Royal College of Surgeons of England 1985; 67: 75-76.
  38. Phillips OC, Hulka JF. Obstetric mortality. Anesthesiology 1965; 26: 435-444.
  39. Vasconcelos PG y col. La anestesia como factor directo de muerte en obstetricia. Revista Mexicana de Ginecoobstetricia 1980; 48: 199-231.
  40. Cates W et al. Legal abortion mortality in the United States. JAMA 1977; 237: 452-455.
  41. Cundy JM. Anaesthetic deaths and Caesarean section. Br Med J 1979.
  42. Briggs BA. Perioperative cardiovascular morbility and mortality. International Anesthesia Clinics 1980; 18: 71-83.
  43. Luria MH et al. Actue myocardial infarction: Prognosis after recovery. Annals of Internal Medicine 1976; 85: 561-565.
  44. Lappas DG et al. Cardiac dysfunction in the perioperative period. Anesthesiology 1977; 47: 117-137.
  45. Goldman L et al. Cardiac risk factors and complications in noncardiac surgery. Medicine 1978; 57: 357-370.
  46. Otto CHW. Respiratory morbility. International Anesthesia Clinics 1980; 18: 85-106.
  47. Moore PG et al. Factors affecting outcome after chest injury. Anaesth Intensive Care 1985; 13: 362-369.
  48. Marx GF et al. Computer analysis of postanesthetic deaths. Anesthesiology 1973; 39: 54-58.
  49. Spielman FS y col. Incidentes críticos en quirófano y periodo perioperatorio. Anesthesiology Abstracts, 1986; 65: 470.
  50. Barnes PJ y col. Complicaciones anestésicas que requieren cuidados intensivos. Int Anesth Care 1980; 8: 404-409.
  51. Curling PE et al. Concomitant carotid and coronary artery surgery: Anesthetic management, morbidity and mortality. Anesthesiology Abstracts 1982; 57: 74.
  52. Lacaine F et al. Prognostic factors in survival after porta systemic shunts. Ann of Surg 1985; 202: 729-734.
  53. Vaugham RW, Vaugham MS. Anesthetic related complications: prospective model to identify perioperative risk. Anesthesiology 1982; 57: 93.
  54. Warner MA et al. Risk of cardiac operations in patients with concomitant pulmonary disfunction. Anesthesiology 1982; 57: 457.
  55. Randall CC. Predictores de complicaciones en la recuperación postanestésica, Abstracts, 1982; 57: 132.
  56. Martin DE et al. An analysis of post-anesthesia rounds made by a trained interviewer. Anesthesiology Abstracts, 1986; 65: 71.
  57. Cooper JB et al. Preventable anesthesia mishaps: A study of human factors. Anesthesiology 1978; 49: 399-406.
  58. Thompson PD et al. Death during jogging or running. JAMA 1979; 242: 1265-1268.
  59. Hiley M. Mala administración anestésica. Contribución intraoperatoria a la muerte. Anesthesiology 1984; 61: 791-792.
  60. Hamilton WK. Unexpected deaths during anesthesia. Anesthesiology 1979; 50: 381-383.
  61. Jeffrey CHC et al. A prospective evaluation of cardiac risk index. Anesthesiology 1983; 58: 462-464.
  62. Domaingue CM et al. Cardiovascular risk factor in patients for vascular surgery. Anaesth Intensive Care 1982; 10: 324-327.
  63. Waters BS et al. Evaluation of risk cardiac in noncardiac surgical patients. Anesthesiology 1981; 55: 343.
  64. Vaughan RW et al. Predicting adverse outcomes during anesthesia and surgery by prospective risk assessment. Anesthesiology 1983; 59: 132.
  65. Föex P. Preoperative assessment of the patient with cardiovascular disease. Br J Anaesth 1981; 53: 731-744.
  66. Stenfanson S. Ischemic heart disease: preoperative assessment and evaluation of risk factors. Scand Acta Anesth 1985.
  67. Pérez-Tamayo L. Avances de cirugía. Índice predictivo de sobrevida en enfermos operados, 1985.
  68. Keats AS. What do we know about anesthetic mortality. Anesthesiology 1979; 50: 387-392.