Volumen
9 Número 3 Mayo - Junio 1997
Editorial
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Dra. Ma. del Pilar González G. |
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Desde la creación del hombre ha existido el dolor y disminuirlo o abolirlo es una de las más antiguas inquietudes.
Ya en El Fértil Creciente, 4,000 años a.C., los sumerios utilizaban el opio como analgésico. Más tarde, los griegos reconocieron que el opio, además de analgesia, provocaba alteraciones respiratorias, así como dependencia física y psíquica, ya que al ser suspendido bruscamente en aquellos que se habían habituado a él, éstos sufrían alteraciones neurovegetativas y motoras, lo que se conoce como síndrome de abstinencia.
La búsqueda de nuevas sustancias que tuvieran menos efectos colaterales y menor grado de adicción llevó al descubrimiento de los antagonistas y agonistas antagonistas; sin embargo, no estaba claro su mecanismo de acción hasta que se descubrieron los receptores morfínicos y los neurotransmisores que intervienen en la producción del dolor.
Para cuantificar la potencia analgésica de los diferentes morfínicos se ha tomado como patrón de referencia a la morfina, que es el alcaloide más importante del opio.
Toda sustancia que tiene afinidad por el receptor opiáceo y reproduce los efectos de la morfina es un agonista o morfinomimético, mientras que las sustancias que tienen afinidad por el receptor, pero no tienen actividad morfínica se denominan antagonistas.
Existen múltiples estudios que han comparado los efectos de opioides agonistas con agonistas-antagonistas para el control del dolor agudo en el postoperatorio.
Se considera que los opiáceos sintéticos son una buena opción para el manejo del dolor. La buprenorfina es un agonista parcial con afinidad por los receptores m y, en menor grado, antagonista parcial k; estas características lo hacen el morfinosímil más empleado en la actualidad para el control del dolor.
El descubrimiento de los receptores opiáceos distribuidos en el SNC y el uso predominante de los analgésicos han traído un cambio radical en el control del dolor postoperatorio. La analgesia epidural se debe a la unión de los opiáceos con receptores situados en las astas dorsales de la médula espinal, lo que origina una analgesia similar a la producida por vía intravenosa.
El dolor es un síntoma que provoca alteraciones fisiológicas y psicológicas y que, además, retarda la recuperación del paciente. Para controlar este síntoma se debe individualizar a cada paciente y aplicar la técnica analgésica y el fármaco adecuados, tomando en cuenta las características del paciente, tipo de dolor y efectos adversos.
En la práctica actual de la anestesiología no hay disculpa para que el paciente tenga dolor en el postoperatorio, por lo que debemos estar actualizados en esta materia y, principalmente, dar a conocer las experiencias de cada anestesiólogo mediante publicaciones periódicas de nuestra especialidad. Por ello, nuevamente invito a la comunidad de anestesiólogos y algólogos a que compartan sus conocimientos y experiencias a través de esta su revista.