Volumen 8 Número 6 Noviembre - Diciembre 1996

 Editorial

Editorial. Anest. México 96 (Noviembre-Diciembre)

Orlando Tamariz-Cruz   

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Hoy, finalmente, un hasta luego.

Este último número de 1996 constituye el final de una gestión editorial intensa, compleja, controvertida en ocasiones pero, sobre todo, satisfactoria.

A manera de recapitulación creo que deben analizarse los objetivos que llevaron a ésta, su "revista roja", a conformarse como ahora la conocen. Los objetivos básicos fueron proporcionar al anestesiólogo (y al especialista afín) un medio de comunicación serio, con afán cientificista, de gran difusión, que recopilara las experiencias generadas en el interior de la República y que sirviera de medio educativo médico continuo.

Por otra parte, un objetivo importante fue hacer competitiva la publicación del máximo órgano gremial confines educativos - la FSARM -con respecto a otras publicaciones nacionales y extranjeras de la misma índole. Si bien es cierto que en este rubro queda mucho por andar, creo que se ha avanzado en la tarea.

No quisiera despedirme sin hacer público mi reconocimiento a personas e instituciones sin cuya intensa participación hubiera sido imposible alcanzar el nivel actual de Anestesia en México: a los doctores Uriah. Guevara, Ramón de Lille y Víctor Valpuesta, este último encargado de la estrategia para conseguir que la revista fuera incluida en los índices de información bibliomédica.

Al doctor Luis Jáuregui, entrañable amigo y compañero de trabajo, prácticamente el autor de toda la reestructuración física y de formato de la revista. Gracias a él nuestra revista es la revista roja y cuenta con un formato editorial fácil de leer, pero sobre todo con calidad internacional.

A Judith Arciniega, compañera inteligente, dedicada, capaz y eficiente, que compartió conmigo complejas problemáticas, como las de distribución, contacto con instituciones públicas e instituciones internacionales. Ella fue la encargada de relaciones públicas de la revista, sin interés alguno o remuneración económica. A cambio de todo eso, todo mi cariño.

A los compañeros del Colegio de Anestesiólogos de Puebla, sede editorial inicial y fuente de anestesiólogos solidarios y participativos. Sigamos trabajando por nuestro bello estado.

A los miembros del equipo de producción de Comunicaciones Científicas Mexicanas, quienes constituyen un grupo eficiente y capaz, coordinados por Jorge Godoy, gerente general, interesado por el progreso de las publicaciones médicas en nuestro país. Gracias por tolerar los malos humores y por el apoyo.

A los residentes del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán, mi casa de trabajo. Sin su interés y dedicación no hubiera sido posible mantener el ánimo y las ganas de ver: "¿Cómo salió el nuevo número, doctor?".

A todos los calificadores médicos de los artículos de investigación; por razones obvias, ellos y yo sabemos quiénes son. Muchas, muchísimas gracias por su ayuda.

Finalmente, un agradecimiento cumplido a todos los lectores que de alguna u otra forma han participado dando opiniones y, sobre todo, leyendo nuestra revista, ya que gracias a ellos Anestesia en México cuenta con una amplia circulación.

Es evidente que la lista puede ser interminable y, para no cometer errores por omisión, simplemente gracias a todos.

¡Camarada, he aquí mi mano!
Te doy mi cariño, más precioso que el dinero,
Te entrego mi ser, en vez de darte prédicas o ley.
¿Quieres darte a mí? ¿Quieres venir a viajar conmigo?
¿Seguiremos unidos tanto como duermen nuestras vidas?

Walt Whitman (The song of the Open Road, 1946)