Volumen
8 Número 5 Septiembre - Octubre 1996
Editorial
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Orlando Tamariz-Cruz |
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“La importancia del hombre no radica en lo que logra, sino en lo que ansía lograr”.
Khalil Gibrán, Arena y Espuma, 1926.
Estimados lectores, este número es muy especial para todos los que de una u otra forma colaboramos para que Anestesia en México constituya un verdadero muestrario tanto de la actividad anestesiológica nacional como del sentir de los anestesiólogos. Este número se encuentra dedicado a la enseñanza; la enseñanza al fin de este atribulado milenio.
Si bien a todos nos atrae conocer el estado de la enseñanza por diferentes motivos, existen dos grupos de profesionales especialmente interesados en ella: los profesores de postgrado (incluidos los jefes de los departamentos de enseñanza, educación médica continua, investigación, etc.) y los propios alumnos, los residentes.
En este número sus protagonistas han vertido todos sus sueños, todas sus esperanzas, todas sus expectativas y, sobre todo, todas sus experiencias para compartirlas con nosotros.
En este número recordaremos lo vivido como residentes y conoceremos los avances que en el área se han logrado, a través de los escritos de importantes y respetados especialistas en el área.
Todos y cada uno de los participantes tomaron su cometido con gran compromiso y responsabilidad, sabedores de la trascendencia de su participación; pero una mención especial merece el papel desarrollado por el Dr. julio Zaragoza -editor invitado-, cuyo dedicado esfuerzo hizo posible integrar a personalidades tan importantes como Leonardo Viniegra, Uriah Guevara o Humberto Galicia Negrete, fusionando sus opiniones con la naciente voz de los jefes de residentes de diferentes partes del país.
Por otra parte, este número marca el fin de otro año editorial, siendo el último previo a la asamblea de delegados por realizarse en Monterrey, Nvo. León; por lo tanto, en esta ocasión queremos terminar por el principio; es decir, terminar dando voz a los que empiezan y a los encargados de la determinación de su futuro.
Sea ésta probablemente la aportación más importante de mi gestión, esa intención tiene; pero tiene también, como al principio, todas mis ilusiones, sueños, principios e ideales. Y sobre todo, la mejor intención de llevar hasta sus centros de trabajo, los sueños compartidos de los que, como el que suscribe, piensan que un trabajo dedicado a los demás, sin deseos egoístas o afanes protagónicos, es lo que nuestro atribulado país requiere para sostener su grandeza.
“La verdad adelgaza y no quiebra,
y siempre anda sobre la mentira,
como el aceite sobre el agua”.