Volumen
8 Número 5 Septiembre - Octubre 1996
Artículos Especiales
| Dr. Rafael Santana Ortiz |
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El médico, por tradición, siempre se ha caracterizado por su espíritu de superación constante, por lo tanto, al terminar la licenciatura queda un camino muy largo que recorrer y en la mayor parte de los casos, si no lo recorremos, sentimos que algo nos falta, que aún no estamos lo suficientemente preparados para salir a competir. Muy probablemente más de 85% de los egresados de una Escuela de Medicina tiene deseos de continuar sus estudios de postgrado, ya que todos queremos ser igual o mejor que aquel maestro brillante. Sin embargo, se requiere transitar por miles de pesares para poder lograrlo; en primer lugar, para aprobar el examen nacional, y después, otros tantos para poder ubicarse en el hospital donde uno realmente quiere estar. Después de pasar todas esas penalidades y haber iniciado la residencia, cuál es la sorpresa de la realidad que le espera a uno:
Una sobrecarga de trabajo llamada asistencia.
Una máquina de escribir que todo el día va a usar y que incluso cuando tiene la oportunidad de dormir la sigue escuchando.
Una jerarquía que respetar dentro de la cual no se le puede dirigir la palabra al residente del tercer año.
Unas guardias exhaustivas de trabajo, durante las cuales quizás no pudo pegar los ojos ni un minuto y esperando al día siguiente el paso de visita, donde todo el trabajo que realizó y el desgaste tanto físico como emocional que tuvo, quizá no le vayan a gustar al médico de base y tenga uno que repetir parte del trabajo, además se le deja de guardia de castigo para que no vuelva a cometer los mismos errores.
Y las preguntas que uno se hace cuando hay la oportunidad de respirar con calma son las siguientes: ¿y la enseñanza dónde está? ¿Cuándo alguien se va a detener para explicarme algún procedimiento o trasmitirme alguna experiencia? Quizá nunca, ya que simplemente el tiempo no alcanza para estas cosas. Aquí cabe otra pregunta: ¿Es el médico masoquista por naturaleza o por necesidad?
Existen programas académicos para cada una de las especialidades y, debemos reconocer, algunos de ellos muy bien diseñados y estructurados; sin embargo, en su gran mayoría sólo se encuentran plasmados en papel y archivados en algún cajón de escritorio, quedando sólo en buenos deseos los planes de estudio que diseñan los coordinadores de las especialidades. En ocasiones estos programas son diseños de escritorio sumamente ambiciosos y quedan lejos de poder ser llevados a la práctica, ya que simplemente están fuera de la realidad de trabajo que existe en cada una de las divisiones.
Por ejemplo, los cursos que debe cubrir el residente en cada especialidad, frecuentemente no se llevan a cabo o simplemente se da el temario para que el residente estudie por su cuenta y se le cita a un examen, el cual, en muchas ocasiones, parece que es diseñado de referencias totalmente diferentes a las recomendadas para prepararlo.
En gran medida los programas no se pueden llevar al pie de la letra por la sobrecarga de trabajo que se le asigna al residente, ya que en ocasiones el médico adscrito delega toda la responsabilidad en él.
Depende de cada hospital qué tan bien o mal están organizados los programas académicos: mientras que en algunos día a día se esmeran por perfeccionar sus sistemas de enseñanza, hay otros que parece no importarles tanto este aspecto y se limitarán a la asistencia, 'dejando al interés propio de cada residente su propia enseñanza.
En cuanto al acceso a la información actualizada en las hemerotecas, también deja mucho que desear, ya que algunas de ellas apenas cuentan con cuatro o cinco revistas, así como en algunas otras ni siquiera una sola existe que tenga continuidad en su recepción, lo cual permite conseguir solamente información de cinco o seis años atrás, limitando el aprendizaje del residente. En cuanto a este aspecto, se realizan esfuerzos para conseguir revistas mediante cooperación de los residentes, sacrificando parte de la beca mensual que recibimos, participando también en estas cooperaciones algunos médicos adscritos. Sin embargo, todos estos esfuerzos son insuficientes, ya que los costos de inscripción son elevados (y en dólares), lo cual dificulta que esta acción perdure.
En lo que atañe a la asistencia a cursos de actualización, congresos o ciclos de conferencias, también se dificultan, ya que los cursos suelen ser de costo elevado y para conseguir las becas a que tenemos derecho, se requiere un sinfín de requisitos, si es que se consiguen, ya que lo común es escuchar por parte de las autoridades: "No tenemos fondos por el momento para este rubro".
Un punto importante dentro de la formación como médico especialista, sin lugar a duda, es llevar a cabo proyectos de investigación y publicaciones en revistas de prestigio, sin embargo, se realiza el protocolo, el cual puede ser excelentemente estructurado, muy interesante y con amplia trascendencia, pero la realidad es que dentro de las limitaciones del mismo, está que el hospital no puede otorgar ni lo mínimo indispensable para su realización, lo cual nos obliga a diseñar protocolos más simples, con menos trascendencia, en muchos de los casos sobre cosas ya investigadas y sobre aspectos meramente clínicos y observacionales, sin el apoyo formal de laboratorio o gabinete - lo cual les daría mayor objetividad y validez -; esto ocasiona disminución de la calidad del mismo y desgraciadamente también nos orilla a ver estos trabajos como un trampolín para cumplir con un requisito que se nos pide y así poder graduarnos.
En cuanto al sistema de calificación, consideramos que realmente no existe homogeneidad entre los diferentes hospitales, a pesar de cumplir cabalmente en las cuestiones académicas, de asistencia y disciplina. Lo cual, al egresar el estudiante, lo coloca, en este último caso, en desventaja para conseguir un trabajo en una institución o para obtener una beca si pretende continuar sus estudios en otros hospitales.
Otro aspecto que también interfiere notoriamente en el proceso enseñanza-aprendizaje del residente, es el económico, ya que, sobre todo cuando es casado y con hijos, la beca tan reducida que se percibe no le permite solventar todos los gastos, distrayendo consigo la atención y por consiguiente disminuyendo la calidad del aprendizaje.
Ya una vez analizados y criticados los puntos más importantes que atañen a la enseñanza de postgrado, en México, proponemos las siguientes alternativas de solución:
Respecto a los programas académicos:
a) Que éstos sean estructurados y diseñados con base en la realidad de salud-enfermedad que se vive en el país.
b) Que sean completos, fundamentados bajo bases reales en cuanto a tiempos, para que no se programen en horas en que la asistencia tiene más actividad.
c) Que estos programas sean diseñados interinstitucionalmente y se dé vigilancia para que en todos los hospitales se lleven a cabo con apego a lo acordado.
d) Que se permita a los residentes de mayor jerarquía de cada especialidad participar en la estructuración de los mismos, expresando sus experiencias y señalando los errores y logros alcanzados para perfeccionarlos día con día.
Destinar más recursos para que las hemerotecas funcionen. Que existan tanto revistas como material de información computarizados y actualizados, para de esta manera ofrecer una mejor preparación al residente y por consiguiente una mejor calidad de atención al paciente.
Que los comités de becas funcionen cabalmente y se nos haga realidad ese derecho que tenemos, para poder asistir anualmente a los dos eventos académicos más fácilmente.
En cuanto a los proyectos de investigación, sugerimos se les dé la importancia debida y no se vea la inversión en ellos como un dinero mal empleado, como desgraciadamente en ocasiones se le cataloga. Que a través de la división de enseñanza e investigación de los hospitales se facilite el acercamiento del residente con las instituciones creadas para apoyar este tipo de proyectos.
En lo que se refiere al sistema de evaluación, sugerimos que haya uniformidad en lo que respecta a los puntos a evaluar y éstos sean ponderados de igual forma para evitar desventajas en el momento de ser egresados.
Realmente creemos que estas consideraciones podrían mejorar en mucho la preparación del médico residente.