Volumen
8 Número 5 Septiembre - Octubre 1996
Artículos Especiales
| Leonardo Viniegra V |
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Inicialmente se desarrolla un marco teórico para el análisis del proceso educativo, agrupándose las diferentes corrientes actuales sobre la educación, en dos grandes tendencias: la pasivo-receptiva y la activo-participativa. Se destaca el predominio abrumador de la tendencia pasivo-receptiva en la educación médica y cómo repercute en la teoría y la práctica de la investigación en biomedicina. Se analizan brevemente las diferencias entre los países altamente industrializados y los escasamente industrializados, poniéndose de relieve que conceptos tales como: "originalidad", "vanguardia", "frontera", etc., aplicados a la investigación, provienen de los países dominantes y no tienen el mismo significado para los países dependientes. Desde una perspectiva activo-participativa, se proponen otras alternativas para la investigación que la ubiquen como un medio de aprendizaje y no como un fin; como una actividad diversificada (interdisciplinaria) y no como un quehacer altamente especializado. Finalmente se subraya la importancia de encontrar soluciones apropiadas a las características de nuestros países dependientes que no consisten en imitar acríticamente lo que ocurre en los países altamente industrializados.
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Firstly, a theoretical frame is developed for the analysis of the educational process, grouping the various present trends in education into two main tendencies: the passive-receptive and the active-participating one. The overwhelming predominance of the passive-receptive tendency on the teaching of medicine as well as its repercussion on the theory and practice of research in biomedicine are pointed out. Differences between highly and poorly industrialized countries are briefly analyzed to emphasize that concepts such as "originality", "vanguard", "frontier" and so forth that are used in research, arise from the dominant countries and therefore their meaning is different to that given in the dependent countries. From an active-participating perspective, other alternatives are proposed so that research can be placed as a means for learning and not as an end in it self; rather, as a diversifying activity (open to the experiences in other disciplines) and not merely as a highly specialized task. Finally, the importance of finding appropriate solutions for the characteristics of our dependent countries that do not merely consist of a non critical imitation of what is happening in the highly industrialized countries is emphasized.
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La idea que cada uno de nosotros se ha formado acerca del papel de la investigación en la educación superior proviene de nuestra concepción de lo que es el proceso educativo, la que a su vez se encuentra determinada, en gran parte, por nuestra propia experiencia como educandos y educadores. Sin embargo, nuestras vivencias no son necesariamente el mejor punto de partida para profundizar en la comprensión del proceso educativo, condición indispensable para formular propuestas de superación apropiadas de dicho proceso.
El camino hacia la comprensión se facilita si reconocemos que la educación formal es un quehacer con profundas raíces en lo social, por lo que este nivel será el punto de partida de nuestro análisis.
La educación, como otros procesos sociales, adquiere formas y modalidades que se modifican en el tiempo y que en un periodo histórico dado, son la resultante de las diversas tendencias actuantes.
Para entender la situación prevaleciente en los diferentes niveles educativos, y en particular en postgrado, habría que distinguir las diversas tendencias en interacción que dan forma y contenido a la educación; no obstante, a riesgo de sobresimplificar pero con fines de facilitar la exposición y la comprensión, pueden ser agrupadas en dos grandes corrientes: la tradicional, de corte pasivo-receptivo o desmovilizadora, y la que se ha dado en llamar educación activa, participativa o movilizadora.
En los planteamientos que siguen me referiré a la educación médica, aunque de ninguna manera son privativos de ella.
Para la tendencia tradicional, que con mucho es la dominante, el alumno es, por encima de cualquier otra característica, un ente receptor de información (las clases teóricas son abrumadoramente expositivas), y en el caso de que pueda aplicarla debe hacerlo en condiciones controladas, previstas de antemano (v. gr. prácticas de laboratorio). A nivel de postgrado también se expresa la dominancia de esta tendencia en el énfasis desproporcionado que se hace recaer en el contenido teórico de los cursos, al que se le asigna mayor valor en créditos. Otro indicador del predominio de esta tendencia es que, en los planes de estudio, se programan independientemente las actividades teóricas y las prácticas como si se pretendiera un efecto de sumación. Empero, el indicador que más atañe a nuestro propósito es el lugar que se le asigna a la investigación en todo el proceso educativo. Para la tendencia pasivo-receptiva, la investigación es una actividad altamente especializada que se encuentra en la cúspide escalafonaria de los méritos académicos en la educación de postgrado; se concibe como una labor que únicamente pueden enseñar los "iniciados", y sólo pueden entender unos cuantos.
Corolario de lo anterior es que, para la corriente pasivo-receptiva, el papel crucial de la educación recae en las cualidades del maestro; por lo mismo, los mayores esfuerzos se dedican a la superación de la enseñanza, a través de modificar el quehacer del profesor, desestimándose, por otro lado, ciertas cualidades de los alumnos que frecuentemente son decisivas para el aprendizaje.
Para la tendencia participativa, el alumno es un auténtico protagonista en el proceso de conocimiento que es la práctica de la medicina; en consecuencia, su contacto con la información no proviene predominantemente de la exposición del maestro, sino de una búsqueda activa y orientada; tal búsqueda no puede ser en abstracto, sino suscitada por un problema concreto y específico de conocimiento al cual debe dársele algún tipo de solución.
Lo anterior es lo que hace posible un flujo bidireccional entre la información y la acción que permite, en un sentido, que cualquier acción médica se apoye y se enriquezca con información bibliográfica pertinente, y en el otro, que continuamente se valore la información a partir de su confrontación con la práctica. Esta integración de la teoría y la práctica requiere de la mediación imprescindible de la discusión crítica, y es aquí donde encontramos la principal función del maestro en la educación participativa.
Ahora bien, para que el alumno se convierta en un auténtico protagonista del proceso de conocimiento en el que está inmerso, no basta la integración de la teoría y la práctica a través de la discusión crítica, es necesario que haga aportaciones que él mismo genere, y de esta manera aspirar a una participación real en el conocimiento. Tal participación desarrolla en el alumno otra visión de lo que es el conocimiento y su apropiación. En otros términos, la investigación es, para la tendencia participativa, la herramienta de aprendizaje por excelencia, y no un quehacer especializado privativo de "mentes superiores". Consecuencia de lo anterior es que en la educación participativa, el papel crucial lo desempeña el alumno: de aquí que los esfuerzos deben dedicarse a crear las condiciones para que el aprendizaje participativo sea crecientemente posible. Lo trascendente es el aprendizaje como efecto de la participación y la crítica.
La Investigación y la Educación de Postgrado en Medicina
En los estudios de postgrado en medicina prevalece el dominio de la tendencia pasivo-receptiva: tal predominio se manifiesta de manera palmaria en la concepción que se tiene de la investigación. Veamos:
En los cursos de especialización, cuyo propósito el profundizar en el conocimiento de un área determinada, no se incluye a la investigación como herramienta metodológica necesaria para alcanzar tal profundización.
También los programas de maestría y doctorado en ciencias conservan una estructura curricular que escinde la teoría y la práctica y ubica a la investigación como un quehacer especializado, es decir, pone el acento en el desarrollo de investigaciones en un área muy particular del saber (la tesis), que requiere del dominio de técnicas y elementos metodológicos de aplicación restringida, asignándole menos importancia al dominio de esos aspectos de la metodología de la investigación cuya aplicación es mucho más general. En otras palabras, se promueve un tipo de investigación basado en escasas técnicas, que, en pasos sucesivos, se integran dentro de un mismo procedimiento de estudio, obstaculizándose el desarrollo de la investigación multimetodológica cuyo objetivo es asociar diferentes procedimientos, e interdisciplinaria que permita integrar diversos enfoques o niveles (molecular, biológico, psicológico o social) de un mismo problema de conocimiento.
He aquí algunos ejemplos: lo que para algunos es una variación en las concentraciones de ciertos neurotransmisores a nivel cerebral, para otros es una pérdida de peso sin causa orgánica; para otros más es una depresión mayor; algunos otros lo definen como un proceso de duelo, y finalmente otros lo especifican como una situación estresante de gran intensidad (la pérdida de la pareja).
Otro ejemplo: la agravación de los síntomas y signos de una paciente con una enfermedad crónica conocida como lupus eritematoso generalizado es interpretada y estudiada por algunos bajo el criterio de autoinmunidad; de acuerdo con otro enfoque se trata de un trastorno de inmunorregulación; otros estudiosos la definen como vasculitis; y desde la perspectiva psicosocial puede interpretarse como un efecto de situaciones estresantes exacerbadas.
La integración de cada nivel de manifestación de los procesos descritos, dentro de una perspectiva de conocimiento, configura, precisamente, una de las modalidades de la investigación interdisciplinaria.
Nuestra propuesta de incorporar a la investigación como una herramienta de aprendizaje prominente en el postgrado de la medicina y no como una actividad de dedicación exclusiva, es decir, como un medio y no como un fin, contradice las ideas dominantes que contemplan a la investigación como un quehacer de máxima especialización.
Para clarificar nuestros planteamientos se requiere, en primera instancia, de una definición de la investigación científica.
Diremos que investigar, en su acepción más amplia, es generar observaciones significativas por medio de una metodología rigurosa.
Analicemos brevemente esta definición: una observación significativa hace alusión a que, en toda observación, existe un trasfondo conceptual (teórico) del cual derivan una o varias hipótesis, la(s) que a su vez, al someterse a contrastación, les asigna(n) a las observaciones su significado (apoyo o confirmación, debilitamiento o rechazo de la(s) hipótesis).
El otro componente de la definición: "... por medio de una metodología rigurosa" se refiere a varios aspectos: en primer lugar, que el instrumento de medición empleado alcance un grado de precisión tal, que los cambios o variaciones encontrados en una secuencia de observaciones, puedan ser atribuidos al objeto de conocimiento, y no a la inexactitud e imprecisión del instrumento de medición.
En segundo lugar, que el instrumento de medición tenga validez, es decir, que abarque todo aquello que se quiere medir y sólo lo que se desea medir (validez de contenido). Asimismo, que sea una representación suficiente y adecuada de los conceptos y la(s) hipótesis que motivaron su construcción (validez conceptual).
Un tercer aspecto del rigor metodológico se refiere a la adecuación de las estrategias de investigación para contrastar la(s) hipótesis propuesta(s), y a la pertinencia de las tácticas de investigación para anular o cancelar el efecto que, sobre la medición, tienen los prejuicios del observador.
Dentro de esta propuesta de definición encuentra acomodo un amplio espectro de posibilidades de investigación en medicina que abarca desde el conocimiento de cómo se llevan a cabo las labores cotidianas de atención médica hasta el conocimiento de intrincados procesos bioquímicos, psicológicos o sociales que condicionan, perpetúan, agravan o atenúan la expresión de enfermedades.
Por otra parte, para el concepto de investigación antes descrito, la originalidad no está dada predominantemente por la incorporación de las innovaciones tecnológicas al proceso de investigación, sino que se refiere a nuevas propuestas teóricas que sustenten hipótesis novedosas. Asimismo, la calidad y la validez de la investigación no depende de la solidez que supuestamente es privativa de las mediciones basadas en las cualidades fisicoquímicas de la materia de la cual carecerían las mediciones de variables clínicas y psicosociales, sino del rigor y la adecuación del diseño metodológico para poner a prueba la(s) hipótesis.
El no comprender lo anterior propicia que, en el ámbito de la biomedicina, exista una serie de equívocos acerca de la interpretación que se hace de las cualidades que debe reunir la investigación deseable: "originalidad", "calidad", "de vanguardia o de frontera", etc. La factura de todos estos calificativos proviene de los países altamente industrializados cuya historia, desarrollo, necesidades y situación actual son cualitativamente diferentes de los países poco industrializados y dependientes como el nuestro. Permítaseme una digresión a este respecto.
En los países altamente industrializados, la investigación en general y la biomédica en particular se consideran una actividad de máxima especialización, basada en la innovación tecnológica del momento, y cuyo desiderátum es promover más innovación tecnológica dirigida hacia otras esferas del quehacer social que, a su vez, generan nueva información cristalizable en innovaciones técnicas e instrumentales, estableciéndose así una cadena de múltiples y diversos eslabones que se autoimpulsa y expande constantemente.
Precisamente en virtud de su alto grado de desarrollo industrial, en este tipo de países, la innovación tecnológica contribuye decisivamente a fortalecer su hegemonía y dominación (financiera, industrial, ideológica, politico-militar) sobre las naciones dependientes. En otras palabras, la ciencia es poder cuando es capitalizable por la industria de alta tecnología; de aquí que los conceptos de "calidad", "originalidad", "vanguardia", etc., cuando se aplican a la investigación, estén estrechamente ligados a su relación con el poder.
Con lo anterior, puede comprenderse que la especialización creciente es una necesidad imperiosa en los países altamente industrializados en aras de acrecentar su poder dentro del concierto actual de las relaciones internacionales, aunque esto signifique el empobrecimiento espiritual de los especialistas que pierden, progresivamente, la posibilidad de comprender el proceso social donde se insertan y de identificar de qué manera su actividad contribuye a fortalecer o debilitar ciertas tendencias sociales. A ello se suma el desinterés por otras manifestaciones del conocimiento y de la cultura que son el fundamento de toda civilización.
En nuestros países dominados y dependientes, la especialización progresiva se enmarca en una dinámica diferente: lejos de romper la dependencia, la profundiza. La razón es simple: nuestros países están en gran medida imposibilitados para el aprovechamiento, a escala industrial, de los descubrimientos y aportes de la investigación basada en uso de tecnología novedosa, por lo cual la llamada investigación de frontera o de vanguardia basada en instrumentos tecnológicos de enorme complejidad, regresa a las naciones altamente tecnificadas por diversas vías, para su asimilación industrial, y nos regresa después, en forma de tecnologías de avanzada y de rápida obsolescencia, cuya adquisición profundiza la dependencia.
El otro efecto de la especialización progresiva, el empobrecimiento espiritual con la pérdida paulatina de una visión globalizadora del proceso de conocimiento y del interés hacia otras manifestaciones de la cultura, sí tiene profundos efectos en nuestras sociedades, que distorsionan su quehacer y generan un divorcio progresivo entre la realidad social y los intereses particulares de los especialistas.
Comprender las diferencias entre los países es un primer paso para entender que las consignas de moda acerca de la investigación tienen sus raíces en otros ambientes que nos son ajenos, por lo que su validez es discutible y resulta del todo inadecuada su aplicación tácita a sociedades como la nuestra, cuya realidad es disímbola.
Tenemos por delante la necesidad imperiosa de darles un contenido propio a las nociones de "originalidad", "vanguardia", etc., o incluso proponer otras cualidades de la investigación -de mayor prioridad que respondan a la realidad de nuestros países y propicien un auténtico progreso del quehacer médico. Los planteamientos que siguen parten de la premisa de que la investigación es el recurso medular del aprendizaje.
La Investigación Como Herramienta de Aprendizaje
La incorporación de la investigación como herramienta predominante del aprendizaje en medicina sólo será posible con una transformación en nuestros conceptos y en nuestra forma de acción que deje de considerar a la investigación biomédica como una actividad altamente especializada para ubicarla como un quehacer necesario en cualquier ámbito del conocimiento.
Analicemos a guisa de ilustración algunas posibilidades para la investigación con una estrecha vinculación a la práctica clínica. Además de lo que tradicionalmente se considera como parte de la investigación clínica y de la epidemiología clínica, gran parte de las actividades cotidianas son susceptibles de "recuperarse" para la investigación. Dicho de otra manera, el ejercicio de la medicina es susceptible de aprenderse por intermedio de la investigación rigurosa a condición de reorientar y enriquecer esa actitud inquisitiva que. caracteriza a la práctica clínica bien llevada.
Investigar es conocer si los criterios de diagnóstico o de tratamiento de determinadas enfermedades que se aplican en un servicio clínico o en una unidad médica, son actualizados u obsoletos, consistentes o variables, uniformes o diversos, etc. Tal conocimiento es un punto de partida indispensable si se desea elevar la calidad de la medicina que se practica.
Investigar es conocer la frecuencia diferencial de las enfermedades, y en particular de las iatrogénicas, en una unidad médica o en una población circunscrita. El conocimiento de las enfermedades iatrogénicas, no necesariamente atribuibles a error humano, en cuanto a su frecuencia, factores de riesgo, factores predisponentes, expresión clínica, medidas preventivas útiles, etc., representa uno de los espacios menos explorados. La incidencia de la iatrogenia constituye un indicador privilegiado de la calidad de la atención médica al facilitar comparaciones transversales (entre diferentes servicios clínicos o unidades médicas) o longitudinales (de cada servicio o unidad consigo mismo); también permite valorar la utilidad y la continuidad de las diversas medidas profilácticas que se instituyan.
Investigar también incluye el dar respuesta a preguntas tales como: ¿Qué tan apropiado es el uso de los recursos de diagnóstico y tratamiento de los que se dispone en un servicio o unidad médica? ¿Cuáles son las tecnologías de diagnóstico más útiles para su posible incorporación en la práctica cotidiana? ¿Cuáles son los recursos más eficaces para el tratamiento de ciertas enfermedades que deben estar disponibles en la práctica diaria? ¿Cuál es el impacto de las acciones del personal de salud en la calidad de vida del paciente?
No olvidemos, dentro de esta descripción de posibilidades, que el quehacer de investigación de un médico con funciones docentes incluye, también, el conocimiento del proceso educativo en el que está inmerso (investigación educativa) para enriquecer sus experiencias y elevar la calidad de su participación en su propio aprendizaje y en el de sus alumnos.
El conjunto de las posibles áreas de interés para la investigación que se han descrito, no son otra cosa que la observación de los aspectos significativos de las actividades cotidianas, y en ningún caso se puede prescindir de una metodología rigurosa para que tales observaciones sean válidas. El conocimiento que proporcionan es base indispensable para superar la calidad del ejercicio de la medicina y su enseñanza, además de ampliar considerablemente la riqueza de experiencias de aprendizaje del médico.
En la figura 1 se ilustra cómo, a partir del quehacer clínico cotidiano, se puede configurar un amplio espacio de investigación directamente involucrado con las labores clínicas.

La realidad clínica como fuente de investigación.
Para tal efecto, se requiere identificar los aspectos significativos de dicho quehacer con sus correspondientes indicadores o criterios de calidad que constituyen las variables a medir. Tales investigaciones son fuente de información imprescindible para las acciones educativas dentro del quehacer médico, y constituyen el vínculo entre otros tipos de investigación y la realidad clínica. En la figura 2 se destacan algunas formas posibles de interrelación de diversos tipos de investigación, tomando como referente uno de los aspectos significativos presentados en la figura 1: el uso de las pruebas de laboratorio y gabinete que es dependiente del tipo de conocimiento que tenga el usuario, del proceso diagnóstico.

Niveles de conocimiento y la práctica clínica.
El primer nivel de conocimiento, el más próximo al referente clínico, corresponde a la investigación educacional, ya que las "maniobras" para promover la superación en el uso de las pruebas diagnósticas se dirigen al personal que realiza dicha actividad (los médicos) y son de naturaleza educativa. El segundo nivel de conocimiento pertenece a la investigación clinicoepidemiológica, cuyo propósito, en este caso, es determinar objetivamente la utilidad de un recurso diagnóstico. El tercer nivel de conocimiento corresponde a la llamada investigación aplicada, dependiente de una industria altamente tecnificada, cuyo objetivo es "materializar" en innovaciones tecnológicas ciertos conocimientos generados por la investigación básica. Como puede apreciarse, el eslabón decisivo para que los diversos tipos de investigación tengan repercusión en el quehacer clínico cotidiano (referente clínico), es justamente el proceso educativo (incluida la investigación que le es propia), donde la información generada por los distintos tipos de investigación es criticada, seleccionada y ponderada en su aplicación a la realidad práctica. También la figura 2 ilustra otra de las modalidades posibles de la investigación interdisciplinaria (educativa, clinicoepidemiológica y aplicada).
Estos y otros ejemplos, dentro de la concepción de la investigación que se propone, la destacan como una actividad ampliamente diversificada en oposición a la idea dominante que la ubica como una labor altamente especializada.
Lo anterior significa la capacidad para afrontar problemas de conocimiento complejos a través de enfoques heterogéneos aunque complementarios que incluyen:
Fuentes de información diferentes: el expediente clínico, los pacientes, el médico tratante, los registros de laboratorio, etc.
Instrumentos de medición apropiados a la naturaleza de la(s) variable(s) a medir: escalas de medición normales, ordinales o de intervalo que, solas o en combinación, integran encuestas, cuestionarios, listas de cotejo, etc.
Contenidos de investigación variados: factores de riesgo de enfermedad; curso clínico y pronóstico de enfermedades; utilidad de pruebas y procedimientos diagnósticos; eficacia de maniobras terapéuticas; formas de uso de los recursos de diagnóstico y tratamiento; impacto de la atención médica en la calidad de vida de los pacientes; grado de dominio de las capacidades involucradas en la resolución de problemas clínicos, etc.
Estrategias de investigación distintas: diseños experimentales u observacionales, longitudinales o transversales.
Tácticas de investigación múltiples: procedimientos de muestreo (aleatorios, por cuota); procedimientos de asignación de la maniobra (aleatoria o en base a juicio clínico); procedimientos de aplicación de la maniobra (abierta o a ciegas); procedimientos de observación de las variables (abierto o a ciegas); procedimientos de observación de las observaciones (histórica o concurrente, única o múltiple).
Análisis de los resultados: procedimientos estadísticos de descripción de la población; pruebas de hipótesis en una muestra; pruebas de hipótesis en dos muestras relacionadas o independientes; pruebas de hipótesis en más de dos muestras relacionadas o independientes; procedimientos estadísticos para estimar el grado de asociación entre variables; etc.
El dominio de la metodología de la investigación con un enfoque diversificado puede alcanzarse a condición de que el quehacer clínico cotidiano se convierta, al propio tiempo, en objeto de observación rigurosa y metódica en sus aspectos más significativos, y de esta manera la investigación se ubica como un verdadero instrumento de aprendizaje de la práctica clínica, dotándola de un rigor y una racionalidad sin precedentes.
Es de hacer notar que las modalidades de investigación descritas no dependen para su realización de la adquisición de la tecnología del momento, y sus resultados no son aprovechables (o no son de interés) por las industrias que fabrican tecnología altamente refinada. Por lo mismo no acrecientan el poder de una nación industrializada y tampoco forman parte de las "transferencias tecnológicas" que nos hacen esos mismos países. No es de extrañar, por lo tanto, que los diversos contenidos de investigación apuntados arriba no se consideren de alto nivel, ni originales, mucho menos de vanguardia o de frontera, ya que tales calificativos, como se analizó antes, guardan relación con el poder de una sociedad, y provienen de las metrópolis industrializadas.
Poco importa si aquellas investigaciones responden a necesidades reales y urgentes, como por ejemplo: elevar la calidad de la práctica de la medicina y su aprendizaje, racionalizar el uso y la compra de tecnología de diagnóstico y tratamiento, etc. Tampoco se toma en cuenta si aportan información novedosa y de repercusión inmediata para el quehacer médico o si requieren del máximo rigor metodológico; la "comunidad científica internacional" -entiéndase las elites de los países altamente industrializados- las ubica en el último nivel de la jerarquía y las considera de escasa trascendencia.
Estas reflexiones pretenden llamar la atención para que no incorporemos, de manera acrítica, el discurso dominante acerca de las prioridades y jerarquías en la investigación, cuya procedencia es "ese'' exterior altamente industrializado.
Estamos encerrados en el círculo vicioso de la especialización progresiva que genera mayor dependencia de la tecnología, cuya adquisición profundiza y dirige la especialización, cerrándose el cerco que impide el acceso a otros derroteros.
Nuestra responsabilidad es encontrar verdaderas alternativas de progreso y superación, cuya viabilidad está en relación con el grado de convencimiento y el esfuerzo de concertación con el que emprendamos la búsqueda de tales alternativas.
No se trata de proponer que la investigación básica de alto nivel deba debilitarse en nuestro medio; se trata de promover otras concepciones y quehaceres de investigación que incidan directamente en la atención médica y constituyan, al propio tiempo, experiencias de aprendizaje que desarrollen, en los médicos, capacidades para adecuarse a las condiciones disímiles y cambiantes de la práctica clínica propia de nuestro medio y de sus problemas de conocimiento prioritarios, así como una actitud inquisitiva ante su trabajo cotidiano.
La opción aquí propuesta significa una transformación sustancial de los programas educativos no sólo de postgrado sino también en otros niveles de educación. No se trata sólo de cambiar, es crucial la dirección y los contenidos del cambio; en este sentido, nuestra propuesta consiste en profundizar en el conocimiento de la tendencia participativa de la educación, vigorizarla y procurar su predominio. Tales progresos sólo podrán consolidarse cuando se incorpore a la investigación como recurso prominente de aprendizaje.
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