Volumen
8 Número 1 Enero - Febrero 1996
Editorial
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Dr. Juan Daniel Charles Torres |
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El 16 de octubre de 1846, William Thomas Green Morton empleó éter sulfúrico para la extracción de un tumor de parótida al paciente Gilbert Abbot por el cirujano John Collins Warren en el Hospital General de Massachusetts. Desde entonces la especialidad de Anestesiología ha avanzado, en la segunda mitad del siglo XIX con pasos lentos y en el presente siglo con una explosión de conocimientos en las áreas de fisiología, farmacología y tecnología biomédica, que han permitido la atención integral de nuestros pacientes.
Es evidente que la anestesiología ha contribuido de manera importante a la estructura total de la medicina, especialmente en el avance de la cirugía, de las técnicas de reanimación cardiopulmonar, en la creación y desarrollo de las áreas de cuidados intensivos y en la investigación experimental y clínica.
Debido al interés de algunos anestesiólogos, se logró evidenciar las diferencias entre el paciente adulto y el niño. El recién nacido tiene que pasar por una etapa de transición que le permite adaptarse a la vida extrauterina y que se caracteriza por múltiples cambios que impactan básicamente al sistema cardiorespiratorio; así mismo, al continuar su desarrollo, siguen las modificaciones en su estructura anatómica y fisiológica. También es necesario hacer notar que la patología que afecta a estos grupos de edad es diferente de la encontrada en el paciente adulto; baste recordar la presencia de cardiopatías congénitas, atresia de esófago o hernia diafragmática, que son entidades que amenazan la vida y que tienen que ser corregidas en este período para permitir el desarrollo en un paciente con una expectativa de vida en nuestro país, de aproximadamente 65 años.
Además, el paciente pediátrico tiene una respuesta farmacológica diferente. Por mencionar algunos ejemplos, se ha encontrado que la concentración alveolar mínima de los anestésicos inhalatorios es más baja en el paciente prematuro, probablemente reflejando diferencias farmacodinámicas, y aumenta progresivamente durante los primeros meses de vida, reflejando diferencias farmacocinéticas. Los relajantes neuromusculares también tienen diferentes respuestas en los niños cuando se les compara a los adultos. Stead, en 1955, publicó por primera vez sus experiencias con estos fármacos y llamó a los recién nacidos "miasténicos en miniatura" por la sensibilidad frente a los relajantes no despolarizantes y por ser "resistentes" frente a la acción de la succinilcolina.
Han aparecido en la literatura, desde hace 40 años, reportes de morbilidad y mortalidad en niños anestesiados, y algunas otras comunicaciones de países como Francia y Suecia muestran un riesgo más alto de paro cardíaco en niños menores de un año cuando se comparan con niños más grandes y adultos durante el perioperatorio. En un estudio en Canadá, cuando se separan los pacientes de menos de un mes de edad, la frecuencia de eventos adversos intraoperatorios y en sala de recuperación es mayor en este grupo de edad.
Keenan, en 1994, publica sus resultados de un estudio retrospectivo de ocho años en niños de 0 a 4 años de edad y anota la presencia de bradicardia y eventos adversos, relacionándola con la edad del paciente, el estado físico y el manejo por un anestesiólogo pediatra o por un anestesiólogo general, y a pesar de las limitaciones en la metodología de un estudio retrospectivo, una de sus conclusiones es que más niños presentaron eventos adversos (hipotensión 30%, asistolia o fibrilación ventricular 10%, y muerte en 8%), cuando tenían un ASA 3-5, cirugía prolongada y/o de emergencia y cuando estuvieron al cuidado de un anestesiólogo no entrenado en anestesia pediátrica. Una de las conclusiones de este artículo establece la necesidad de contar con subespecialistas expertos en el manejo anestésico de los niños.
Es ahora cuando la figura de la Dra. Estela Melman, con su capacidad visionaria, se engrandece al reconocer que desde 1968 inició en el Hospital Infantil de México Federico Gómez la residencia de anestesiología pediátrica, labor que se ha continuado hasta la actualidad.
Se ha logrado integrar un programa de enseñanza en anestesiología pediátrica, que está en periodo de aprobación por las autoridades universitarias.
No quisiera terminar esta participación sin antes mencionar que el 23 de septiembre de 1995 se formó la Sociedad Mexicana de Anestesiología Pediátrica y que constituye el capítulo de la subespecialidad ante la Sociedad Mexicana de Anestesiología, con varios objetivos perfectamente bien definidos:
Agrupar a médicos anestesiólogos pediatras.
Establecer normas mínimas para la atención a nivel de excelencia a todos los pacientes, mediante actividades de educación médica continua y de equipamiento de quirófano y áreas afines.
Fomentar y apoyar la investigación en anestesiología pediátrica.
Promover y divulgar la información actualizada en el campo de la subespecialidad.
La primera mesa directiva quedó constituida de la siguiente manera:
Presidente: Dr. Víctor Fuentes García.
Vicepresidente: Dr. Juan Daniel Charles Torres.
Secretario: Dr. Sergio Ayala Sandoval.
Tesorero: Dra. Olga Verónica Flores Sánchez.
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