Volumen
7 Número 6 Noviembre - Diciembre 1995
Cartas al Editor
| Dr. Othón Cruz López. Dr. T. Fernando López Urcid. Dr. José Luis Gándara R.
Jefe del Depto. de Agentes Biológicos Facultad de Medicina, BUAP. |
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Al Dr. Orlando Tamariz-Cruz.
Editor de la Revista Anestesia en México
PRESENTE.
En Anest Mex 1994;5: 307-309, publicamos en la revista que Ud. acertadamente dirige, el caso clínico titulado Manejo anestésico de la miasis nasal. Reporte de una variante de aplicación de mascarilla laríngea, en el cual describimos tanto la técnica anestésica como el método quirúrgico empleados para extraer las larvas de mosca.
Desde la aparición de aquella descripción, varios colegas se han comunicado a nuestro Servicio de Parasitología del Hospital Universitario de la B. Universidad Autónoma de Puebla, preguntándonos si a nuestro juicio es preferible emplear el procedimiento quirúrgico (que requiere de anestesia general) o utilizar la irrigación continua.
Debido a la amplia difusión de Anestesia en México, consideramos conveniente externar la experiencia de.. nuestro grupo de trabajo con respecto a los pros y contras de usar el procedimiento quirúrgico vs. la irrigación nasal con el paciente despierto.
En primer lugar, debemos tener en mente que la miasis es una patología de la pobreza, pero que afortunadamente, aun en pacientes con condiciones que favorecen su desarrollo (malas condiciones higiénico-dietéticas, etc.), como los que en su mayoría atendemos en nuestra unidad hospitalaria, sigue siendo poco frecuente.
¿Cuándo Empleamos El Procedimiento Quirúrgico?
Generalmente recurrimos a la anestesia general en pacientes pediátricos, en quienes no se logra un buen nivel de cooperación para la realización de irrigación continua sin anestesia. En estos casos hemos empleado mascarillas laríngeas números 2 y 2.5 (con 5 y 10 ml de aire para llenado - del globo, respectivamente).
Cuando el traslado al hospital ha sido retardado y existe evidencia de destrucción e invasión de los tejidos blandos en tabique nasal, faringe o boca. En estos casos, la opción del tratamiento quirúrgico utilizando mascarilla laríngea es primaria, debido a que la vía aérea es protegida de la migración retrógrada de las larvas, considerando también que es muy probable que sea requerido más de un procedimiento quirúrgico.
Cuando, no obstante que se trate de pacientes adultos, existe poca cooperación al realizar irrigaciones nasales, o bien cuando ha iniciado la invasión de tejidos.
¿Cuándo Empleamos Tratamiento Médico Sin Tener Que Utilizar Anestesia General?
En adultos que no presentan invasión a tejidos.
En niños que cooperan adecuadamente y en quienes no existe lesión tisular.
En el último caso, cabe mencionar que en nuestra práctica, aun con niños cooperadores, preferimos el empleo de mascarilla laríngea, ya que protege en forma adecuada la vía aérea y únicamente utilizamos sedación sin profundizar el plano anestésico.
A manera de recordatorio, los lavados (irrigación nasal) se llevan a cabo empleando una mezcla a partes iguales de éter al 1% con solución salina isotónica. Esta mezcla es aplicada mediante aspersión en una narina, obteniéndose el líquido por la narina contralateral. El procedimiento se realiza cada 8 horas el primer día, cada doce horas dos días más y posteriormente cada 24 horas, hasta dejar de obtener larvas.
En nuestra práctica, cuando tenemos casos correspondientes a miasis nasal, preferimos emplear las técnicas descritas, ya que tenemos la desagradable experiencia de un caso que desarrolló rinitis atrófica después del tratamiento con irrigaciones.
Por último, debe existir una buena comunicación entre el anestesiólogo, el otorrinolaringólogo y el parasitólogo (infectólogo), con el fin de realizar una valoración adecuada, eligiendo cualquiera de los métodos mencionados por consenso.
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El cuerpo editorial de Anestesia en México agradece el interés del Dr. Cruz López por aclarar algunos puntos relacionados con su artículo, donde sugiere algunas pautas para el tratamiento de la miasis nasal, utilizando la innovación tecnológica conferida por la mascarilla laríngea.
En un editorial invitado publicado en nuestra revista, los Dres. Acosta Nava y Ramírez Acosta dedican algunas reflexiones relacionadas con los trabajos publicados tanto por el Dr. Cruz como por el Dr. Mancha (publicado también en nuestra revista). Una de estas reflexiones destaca por la aplicación a ciertos aspectos no contemplados en la discusión del artículo del Dr. Cruz.
Los Dres. Acosta y Ramírez mencionan en su editorial que la mascarilla laríngea no aísla ni protege la vía aérea contra broncoaspiración; de cualquier forma, aceptan que actualmente se encuentra en controversia si la mascarilla laríngea ofrece o no protección contra aspiración de secreciones, sangre o cuerpos extraños provenientes de la naso u orofaringe.
al vez sería conveniente que el Dr. Cruz comentara si en su experiencia se presentó o no fenómeno de broncoaspiración; ya que, de la lectura de su carta y de su artículo, se desprende que en ningún caso se observó esto, pero no lo expresa claramente en el contenido del trabajo.
Si bien la presentación del caso clínico es realizada en forma impecable, creemos que una consideración referente al punto mencionado es pertinente.
Agradecemos al Dr. Cruz su interés en nuestra revista y esperamos más aportaciones en un futuro.
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