Síndromes de Dolor Miofascial y Fibromialgia
| Dr. Juan I. González Machado Dr. Modesto García Escobar mgarciaescobar@yahoo.es
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Departamento de Anestesiología y Unidad de Terapia del Dolor |
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En este artículo no se pretende agotar el
tema, pero si se revisan algunos conceptos que diferencian al dolor miofascial
de la fibromialgia y se analizan conocimientos generales que apoyen a los
interesados en este tema a establecer el diagnóstico y tratamiento mas adecuado
en los pacientes afectados de dolor muscular crónico.
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En
1990 el Colegio Americano de Reumatología8 creó unos criterios
diagnósticos que permitieron la identificación de los pacientes fibromiálgicos
con una sensibilidad del 88.4 % y especificidad del 81.1 %. Estos criterios
incluyen:
Puntos gatillo (figura 1)
Se considera el dolor generalizado cuando se
presenta en el lado derecho e izquierdo del cuerpo, por encima y por debajo de
la cintura, existiendo dolor en el esqueleto axial (columna vertebral, dorsal,
y lumbar; pared torácica anterior). De los hallazgos de la exploración física, los
puntos sensibles constituyen el más potente discriminador entre fibromialgia y
paciente control.

La
realización de estudios para la exclusión de patologías asociadas no constituye
un requisito para el diagnóstico.
En la exploración física, no es habitual
encontrar características de enfermedad ni anormalidad articular. Muchos
refieren tumefacción de articulaciones o partes blandas, pero es poco frecuente
encontrar una sinovitis franca, lo que nos permite descartar una enfermedad
articular inflamatoria. De todas maneras, no debemos olvidar que la
fibromialgia puede aparecer complicando cualquier otra enfermedad sistémica
como la artritis reumatoide o la artrosis. Igualmente, la presencia de
cansancio o debilidad muscular nos podría hacer pensar en algún tipo de
miopatía, pero los estudios electromiográficos (EMG) son normales, concluyendo
tan sólo que el dolor no impide alcanzar el esfuerzo muscular máximo. Asimismo,
el estudio neurológico en pacientes con parestesias y entumecimiento no muestra
anomalías significativas.2 Otros hallazgos comunes en la exploración
son el espasmo muscular o bandas de tensión, que el paciente describe como
nódulos musculares, y que son muy frecuentes a nivel de las alas de los
ilíacos. La hipersensibilidad cutánea, en forma de skinfold tenderness o hipersensibilidad de rodete de piel (dolor
tras pellizcar rodete de piel, generalmente el trapecio) y el dermografismo
(hiperemia reactiva tras pellizcar rodete de piel) son elementos importantes.
También es característico un aspecto moteado (marmóreo) de la piel de las
piernas, sobre todo tras exposición al frío. Todos estos hallazgos son poco
útiles a la hora de establecer un diagnóstico.
El único dato fiable en el examen físico de
estos pacientes que nos permite llegar a un diagnóstico es la presencia de los
puntos sensibles o Tender Points. La
exploración de estos puntos debe hacerse con el pulgar o con el dedo índice,
aplicando una presión equivalente a
Dada la dificultad para la adquisición de
los dolorímetros, se puede utilizar un método sencillo de fácil manejo para
evaluar la intensidad del dolor en la fibromialgia empleando la parte final del
émbolo de una jeringa de 20 mL. Después de bloquear la salida de la jeringa, se
coloca la base del émbolo sobre el punto doloroso y presionamos, observando
cuántos centímetros de presión hay que aplicar antes de provocar dolor. En un
estudio realizado, en el grupo de fibromiálgicos la media en mL antes de
producir dolor era de 6.68 y en el grupo control de 11.67. Los puntos cervical
anterior y la segunda costilla eran los más sensibles, y el trocánter mayor y
glúteos los de menor sensibilidad. Los datos analíticos y radiológicos no son
reveladores y generalmente son utilizados para excluir otras patologías.
En el examen analítico inicial debería
incluirse un hemograma completo, bioquímica, velocidad de sedimentación
globular y función tiroidea, para descartar miopatías u otras patologías,
principalmente de adenohipófisis, que podrían darnos una sintomatología
similar, como el hipotiroidismo o la enfermedad de Cushing. No es necesaria la
realización de radiografías, TAC, gammagrafías o RMN, ya que no ayudan al
diagnóstico. Los estudios serológicos como el factor reumatoide, anticuerpos
antinucleares, serología de Lyme son de dudosa utilidad, ya que, aunque son
positivas con mayor frecuencia que en la población general, no corroboran ni
niegan el diagnóstico.
También se ha estudiado la vascularización
cerebral de estos pacientes mediante SPECT (tomografía computarizada),
observándose una hipovascularización a nivel del núcleo caudado e hipotálamo de
los pacientes fibromiálgicos con respecto a la normalidad. La presencia de
parestesias o trastornos cognitivos menores nos lleva a la realización de
estudios neurológicos, en ocasiones invasivos y costosos. Las biopsias de
músculo no deberían realizarse a menos que exista evidencia clínica que sugiera
miopatía inflamatoria o metabólica. Por otro lado, en pacientes con un
trastorno obvio del humor debería llevarse a cabo una valoración por parte de
un especialista en salud mental.
En un contexto de urgencias médicas, el diagnóstico
diferencial se realizará siempre con otras patologías. La localización torácica
puede en algún momento hacer pensar que el paciente tenga un infarto agudo de
miocardio, un cuadro de dolor en extremidades con el dolor torácico puede
hacernos pensar en una embolia pulmonar. Cuando la localización del dolor es
abdominal también puede confundirse con alguna patología grave como puede ser
la pancreatitis. La ausencia de una contractura abdominal elimina la mayoría de
las causas de dolor de abdomen agudo, pero no una pancreatitis. Si la
localización es lumbar un cólico nefrítico o, sobretodo, una disección aórtica
son cuestiones que siempre hay que tener presentes. Otras manifestaciones de
tipo neurológico pueden hacernos pensar en un cuadro neurológico central
importante.
Dado
que los pacientes con fibromialgia se pueden quejar de sensación de
entumecimiento, parestesias, dolores irradiados, sensación de pérdida de fuerza
y déficit cognitivos, el diagnóstico diferencial en ocasiones incluye
enfermedades neurológicas, como radiculopatías, neuropatías periféricas,
síndromes de atrapamiento (en especial el síndrome del túnel carpiano) y la
esclerosis múltiple. Algunas enfermedades principalmente de tipo reumático
pueden diagnosticarse incorrectamente por la similitud con los síntomas de la
fibromialgia. El lupus eritematoso sistémico puede ser confundido con la fibromialgia
y ambos pueden coexistir en el mismo paciente, lo cual da lugar a una mayor
incapacidad en los pacientes con ambas enfermedades. También se ha descrito una
asociación de la fibromialgia con el síndrome de Sjögren.
Algunos pacientes con fibromialgia se
presentan con artralgias, rigidez matinal y sensación de tumefacción en las
manos, pudiendo plantearse el diagnóstico de artritis reumatoide. Su
coexistencia se ha asociado con aumento del dolor articular, depresión y
ansiedad. La asociación de la fibromialgia con el síndrome de laxitud articular
también es frecuente. La espondiloartritis puede presentarse con rigidez y
dolor músculo esquelético de predominio axial. La fibromialgia puede simular
una polimialgia reumática. Sin embargo, en la polimialgia reumática no se han
descrito de forma consistente los puntos dolorosos característicos de la
fibromialgia, la rigidez es mayor que el dolor, se observa una elevación de la velocidad
de sedimentación globular en la gran mayoría de los pacientes y hay una
extraordinaria respuesta, que no se ha observado en la fibromialgia a dosis
bajas de corticosteroides. Al respecto, cabe mencionar que la supresión rápida
del tratamiento con corticosteroides puede originar síntomas
fibromiálgicos. Las miopatías inflamatorias
y metabólicas causan debilidad muscular y cansancio pero, generalmente, no se
asocian con dolor difuso. Además, en los pacientes con fibromialgia no se
observa una debilidad muscular significativa, aparte de la relacionada con el
dolor o el desuso, y los enzimas musculares son normales. En caso de dudas, el
estudio electromiográfico y la biopsia muscular permitirán establecer el
diagnóstico correcto.
En la osteomalacia puede observarse
debilidad general y dolor musculoesquelético generalizado, a veces severo. El
diagnóstico se basa en los resultados de los análisis de sangre, las
radiografías y, eventualmente, la biopsia ósea. Algunas enfermedades sistémicas
no reumáticas también pueden manifestarse inicialmente con síntomas
fibromiálgicos o coexistir con una fibromialgia. Así, el hipotiroidismo y la fibromialgia
comparten bastantes síntomas, y en algunos pacientes la manifestación inicial
del hipotiroidismo ha sido un cuadro fibromiálgico. Otras enfermedades
endocrinas que pueden presentarse con síntomas similares a la fibromialgia son
el hiperparatiroidismo, la diabetes mellitus y el síndrome de Cushing.
Como se ha discutido, el diagnóstico clínico
de fibromialgia no es fácil y se suele establecer por exclusión de los
padecimientos enunciados. La historia clínica y por tanto, la anamnesis es fundamental para el diagnóstico de esta enfermedad. El
interrogatorio los datos más sobresalientes son:
·
Dolor
y rigidez articular generalizada
·
Dolor
y debilidad muscular generalizada
·
Dolor
localizado: lumbar, cervical
·
Astenia
·
Sueño
no reparador
·
Factores
moduladores de la sintomatología
·
Sintomatología
crónica
Otras
alteraciones frecuentes que mencionan los pacientes son parestesias, cefalea
tensional, migraña, dificultad de concentración, fallos de memoria reciente,
mareo, intolerancia al ruido, palpitaciones, dolor torácico atípico, pirosis,
colon irritable, menstruaciones dolorosas, polaquiuria, urgencia miccional, dolor
plantar, talalgia, dolor temporomandibular, fenómeno de Rynaud, sensación
subjetiva de tumefacción. Algunos enfermos solo manifiestan estas alteraciones
al ser interrogados directamente en su búsqueda, ya que suelen considerarlas
como normales. Hay que hacer énfasis en el síntoma clave, el dolor; desde
cuándo, localización, irradiación, ritmo, intensidad, situaciones que lo
empeoran o mejoran, así como la respuesta a los analgésicos.
Tampoco debemos olvidar la anamnesis
dirigida a la esfera psíquica: astenia, y cómo ésta afecta a su vida cotidiana,
alteraciones del sueño, ansiedad o presencia de equivalentes ansiosos, así como
sobre la presencia de elementos o ánimo depresivo. Las alteraciones del sueño
se han considerado de gran relevancia en el diagnóstico de fibromialgia; suelen
acompañarse de depresión y dolor que empeoran la calidad de vida de los
pacientes. Mañez y cols.9 encontraron una sinergia entre el dolor,
el sueño y la depresión.
La exploración física detallada y exhaustiva
es esencial, tanto para confirmar la fibromialgia como para descartar otras
enfermedades, en especial, del sistema osteoarticular. Los hallazgos son pocos
pero orientadores diagnósticos muy importantes: palpación digital de los puntos
dolorosos, examen articular, muscular y neurológico normales y el resto de la exploración
física suele ser normal en ausencia de otras enfermedades asociadas. La
exploración de la movilidad articular debe ser normal, a menos que la fibromialgia
coexista con artrosis o con cualquier tipo de reumatismo inflamatorio. Los
puntos típicos y necesarios para confirmar el diagnóstico no deben tener signos
inflamatorios. Es aconsejable comparar la sensibilidad de estas zonas con otras
control como son la uña del pulgar, la frente o el antebrazo, que deberían ser
indoloras, aunque los pacientes con fibromialgia pueden tener dolor en otras
zonas distintas a las exigidas para el diagnóstico. Recordemos que la presión
debe hacerse con una fuerza aproximada de 4 kilos. La habilidad en la palpación
de los puntos dolorosos depende del examinador y se adquiere con la
experiencia.
Otros hallazgos menos frecuentes e
inespecíficos que pueden encontrarse en estos pacientes son: espasmos
musculares o contractura muscular, aumento de la sensibilidad de la piel en
forma de dermografismo y cutis marmorata.
No existe ninguna prueba de laboratorio ni hallazgo radiológico específico de
la fibromialgia; es más, la normalidad es un elemento a considerar a favor del
diagnóstico de fibromialgia. Las pruebas complementarias sirven
fundamentalmente para detectar otras enfermedades que puedan simular fibromialgia
o que puedan estar asociadas a la fibromialgia con el fin de confirmar o
descartar, en caso de duda, la existencia de enfermedades reumáticas
inflamatorias, en especial, las espóndilo artropatías
y las enfermedades sistémicas autoinmunes. La tabla 1 muestra los signos y
síntomas más comunes para establecer el diagnóstico de esta entidad dolorosa.
Tabla 1. Cuadro clínico de fibromialgia |
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Signos/Síntomas |
Porcentajes |
Dolor |
80-97 |
Alteraciones del sueño |
50-98 |
Como hemos dicho, la causa de la fibromialgia
no es clara, por lo tanto, se ha de considerar cada caso individualmente, los
efectos desencadenantes pueden ser físicos, emocionales, infecciones, cirugía o
estrés. Evitar el término de reactiva o postraumática. Para valorar la
capacidad laboral se ha de tener en cuenta la severidad de los síntomas incluyendo;
la intensidad del dolor, y el distrés psicosocial, utilizando, para esto,
instrumentos de medida válidos. En la mayor parte de enfermos de fibromialgia los
síntomas desaparecen o mejoran. Casi todos son capaces de trabajar, pero la
flexibilidad laboral y las posibles adaptaciones les pueden ser de gran ayuda.
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Es
importante un tratamiento global que se ha de prolongar hasta conseguir la
independencia del enfermo. Se han de utilizar todos los medios disponibles de
rehabilitación que estén cubiertos por la sanidad, los beneficios que podamos
obtener fuera de la misma no son seguros ni está comprobada su eficacia, y
causan un perjuicio económico.
El paciente con fibromialgia ha de ser
incluido en un programa multidisciplinario en el que se deban tener en cuenta
una serie de preceptos básicos y realizar un planteamiento integral. La
heterogeneidad de los pacientes que pueden ser diagnosticados como portadores
de fibromialgia implica que el tratamiento deba considerarse de forma
individualizada, teniendo en cuenta la severidad y las consecuencias de los
síntomas en cada paciente. Será fundamental descartar la posible existencia de
enfermedad psíquica o de fenómenos de somatización, así como de problemática
medicolegal.2
El
desconocimiento de la etiopatogenia de la fibromialgia imposibilita por el
momento el tener un tratamiento farmacológico totalmente efectivo, por lo que
el abordaje prioritario debe ser sintomático multidisciplinario. Una de las
consecuencias del desconocimiento de la etiopatogenia de esta entidad
patológica es el enorme número de fármacos estudiados, de los cuales sólo una
minoría ha mostrado cierta efectividad. Por otra parte, no se dispone en la
actualidad de ensayos clínicos metodológicamente correctos, realizados con pacientes
fibromiálgicos. En general, las principales carencias de éstos estudios son
reducidos tamaños muestrales y la corta duración de los períodos de
tratamiento; en algunos casos la aleatorización es incorrecta y los
enmascaramientos incompletos. Por otra parte, en los ensayos analizados existe
una gran diversidad de variables de eficacia (escalas de sueño, ansiedad,
depresión, rigidez, fatiga, puntos dolorosos, etc.) y el análisis estadístico
de estas variables no se realiza en la población por intención de tratamiento
(los sujetos que finalizan el estudio). Finalmente, hay que recordar la
dificultad de realizar valoraciones más o menos objetivas en el contexto de una
patología fluctuante como la fibromialgia.
Los antidepresivos tricíclicos clásicos (especialmente
la amitriptilina en dosis de 10 hasta 50 mg/día) tomados en dosis única una
hora antes de acostarse pueden mejorar el dolor, el sueño, la fatiga, siempre
inferiores a las utilizadas para tratamientos antidepresivos. Hay que recordar
que estos fármacos tienen un efecto diferido, que únicamente un porcentaje bajo
de pacientes mantiene la mejoría de los síntomas a largo plazo (aparecen
fenómenos de tolerancia a los pocos meses de iniciado el tratamiento) y que un
porcentaje no despreciable de pacientes presenta reacciones adversas de tipo
anticolinérgico. En algunos casos resistentes o con elementos depresivos
asociados, puede ser efectiva la asociación matinal de un inhibidor selectivo
de la recaptación de serotonina tipo fluoxetina o paroxetina, a dosis de 20-40
mg/día, pero siempre asociado con amitriptilina. En los estudios publicados
algunos mejoran fundamentalmente las alteraciones del sueño y del humor
depresivo, sin aliviar el dolor. Por tanto, se puede conocer qué fármacos
presentan más efectos sobre el componente depresivo que sobre el componente
álgico.
En un estudio abierto el tratamiento con
venlaxafina, fármaco antidepresivo que bloquea la recaptación de serotonina y
de norepinefrina,2 se asoció con una reducción del 50% o más de la
sintomatología en 6 (55%) de 11 pacientes; sin embargo, el carácter abierto del
estudio, el escaso número de pacientes incluidos y el hecho de que el
antecedente o la presencia de trastornos psíquicos, en especial depresión o
ansiedad, predijera una respuesta positiva, limitan el valor de los resultados
de este estudio. En pacientes con ansiedad manifiesta, puede ser útil durante
un corto periodo de tiempo la asociación de alprazolam en dosis única nocturna
de 0.5-1 mg, asociado a ibuprofeno.
Si el insomnio es un síntoma relevante, la
administración de 10 mg de zolpidem al acostarse, puede resolver el problema,
así como la zopidona un hipnótico no benzodiacepínico. El uso aislado de
analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos (AINES) no suele ser demasiado
efectivo en el tratamiento del dolor, si no es asociado con otros fármacos.
Puede iniciarse con una pauta fija de
La ketamina a dosis 250-600 mg/kg/vía oral
mostró que mejora el dolor, debido a su acción sobre receptores NMDA, no
existiendo en la actualidad estudios controlados sobre este fármaco. La
ciclobenzaprina es un relajante muscular que se considera activo a nivel
central y que en ensayos clínicos bien planteados, ha demostrado una notable
eficacia en el tratamiento de la fibromialgia. El mecanismo a través del cual
la ciclobenzaprina ejerce su efecto en pacientes con fibromialgia puede ser
doble, a nivel central y a nivel periférico. La primera evidencia que se tuvo que
el SNC podía jugar un papel importante en la fibromialgia, fue cuando se
demostró que los trastornos del sueño estaban directamente relacionados con el
dolor musculoesquelético en la fibromialgia. Este novedoso fármaco en dosis
única nocturna o mejor; en dosis fraccionadas cada 8 horas, puede ser un buen
complemento para paliar la contractura muscular.
Otros fármacos empleados con resultados
esperanzadores son
La inyección local es eficaz aplicada en los
“puntos gatillo”, es decir en aquellos puntos cuya presión desencadena dolor a
distancia. Es más importante identificar los puntos a tratar, que el fármaco
con que se infiltre. En general, se recomienda anestésico local de corta
duración de acción tipo lidocaína. Hay discrepancias entre los distintos
autores, sobre el empleo de bupivacaína, afirmándose que puede ser la causa da
aparición o agravación de los problemas musculares. No se deben usar
anestésicos con epinefrina por posible miotoxicidad. No es aconsejable
infiltrar corticosteroides en los puntos gatillo, reservándose para puntos
dolorosos ubicados en fascias, cápsulas, ligamentos y bolsas serosas. Un solo
tratamiento local es generalmente suficiente en puntos dolorosos de corta
duración. Si el dolor mejora, pero vuelve a recurrir al poco tiempo, hay que
considerar la posible presencia de factores de sobrecarga perpetuadores. En
muchos casos la intensidad del dolor irá reduciéndose gradualmente después de
inyecciones repetidas. Los efectos secundarios de las infiltraciones locales de
los puntos gatillo incluyen: lesiones musculares por traumatismo, sangrado
local y cicatrización, fibrosis muscular, lesiones de fibras nerviosas,
equimosis/hematomas, síncopes y reacciones anafilácticas y lesiones de órganos
en la inyección de determinados músculos (neumotórax, neumoperitoneo, punción
renal o hepática).
A veces la fibromialgia será el único, pero
en otros casos ésta coexistirá con cuadros que pueden añadir sus propias
peculiaridades (artrosis, osteoporosis, artritis de cualquier etiología). Suele
ser útil explicarle al paciente que la fibromialgia consiste en estado de menor
tolerancia al dolor. Además, se ha de informar al paciente, cuáles de sus
síntomas son debidos a la fibromialgia y cuáles no. Hay que hacer énfasis en la
naturaleza benigna del proceso. En la actualidad se cree que la ansiedad y la
depresión pueden no ser la causa sino la consecuencia de un padecimiento
doloroso crónico. Sin embargo, aunque estas alteraciones no son la causa del
dolor, sí es cierto que cuando existen, si no se tratan, harán más difícil el manejo
de los síntomas de fibromialgia.9 Se le explicará el tratamiento y
los efectos secundarios que puede generar.
El tratamiento físico y rehabilitador es una
modalidad de manejo que varía en función del tipo e intensidad de la clínica de
cada paciente. Clínicamente los aspectos de priorización terapéutica son el
dolor, la disfunción tisular y la discapacitación secundaria al dolor. El
tratamiento debe ser individualizado y adaptado al paciente. Es necesaria la
participación activa del paciente y la existencia de un centro especializado. El
tratamiento mediante ejercicios aeróbicos de bajo impacto en los pacientes con
fibromialgia mejora algunos de los parámetros de su cuadro clínico mientras
están siendo sometidos a una terapia física de reentrenamiento. Cuando cesa el
período de reentrenamiento físico, los pacientes empeoran nuevamente en los
parámetros clínicos, aunque sigan manteniendo un nivel de forma física
significativamente superior al que tenían antes de comenzar con el tratamiento,
incluso durante periodos de un año. De aquí se puede deducir que la falta de
forma física de estos pacientes no es la causa de la fibromialgia, sino más
bien una consecuencia de ella y que la mejoría en la forma física sólo se
correlaciona con una mejoría en el cuadro cínico mientras dura la intervención
pero no cuando cesa, a pesar de seguir manteniendo una forma física
significativamente mejor durante largos periodos de tiempo. El tratamiento
sintomático en los pacientes con el síndrome fibromiálgico se basa
fundamentalmente en procedimientos cuyo objetivo es disminuir hipertonía
muscular y conseguir una situación de relajación para paliar el dolor
miotendinoso. Interesa actuar de forma concomitante sobre factores
conductuales, de sobrecarga, eliminando la aparición de factores exógenos como
frío, humedad, sobrecarga posicional y estrés tanto agudo como crónico,
optimizando los factores biopsicosociales y tratando las alteraciones somáticas
como procesos inflamatorios, degenerativos y, todos aquellos que pudieran
aumentar el riesgo de aparición de dolor somático.
Los factores psicológicos juegan un papel
importante tanto en el inicio como en el mantenimiento de la fibromialgia. No
existe ninguna terapia psicológica que haya demostrado una clara eficacia en el
tratamiento de esta entidad. Los tres grandes grupos de intervenciones a nivel
psicológico, no excluyentes son:
programas de modificación del
comportamiento, dirigidos a aumentar el nivel funcional de las tareas
cotidianas. Entretenimiento en técnicas de biofeedback.
El EMG-biofeed-back consiste básicamente en el intento de relajación voluntaria
de la tensión muscular en respuesta a una señal, proporcionada por electrodos
superficiales, que indica el grado de tensión muscular. Terapia conductual cognitiva
en casos de trastornos de la personalidad. Varios estudios han evaluado
diferentes programas de tratamiento cognitivo conductual. Básicamente, estos
programas se orientan a tres objetivos: a) ayudar a los pacientes a conocer los
efectos de la actividad de la esfera intelectual (ideas, creencias y
expectativas o esperanzas) y de la conducta (tipo de actividad), sobre el
dolor; b) insistir en el papel que puede jugar el propio paciente para
controlar su dolor y en las adaptaciones a éste; y c) enseñar a los pacientes
habilidades cognitivas específicas (distracción, imágenes guiadas, etc.) y
habilidades conductuales (ritmo ordenado de actividad, establecimiento de
metas, etc.) para combatir el dolor. La mayoría de los estudios, aunque
difieren en las técnicas y la duración, describen algún beneficio.
El tratamiento de la fibromialgia es más
efectivo cuando se asocian varias de las modalidades terapéuticas anteriormente
comentadas, siendo esto mas cierto cuanto más grave es la afectación del
paciente fibromiálgico, llegando hasta el denominado “síndrome de dolor crónico
incapacitante”, complicación en la que el sufrimiento y la dificultad para
realizar el trabajo diario son significativos.
Las primeras experiencias abiertas en España
dirigidas al tratamiento multidisciplinar de la fibromialgia, que incluye
tratamiento físico, psicológico, ocupacional y médico, parecen aportar
resultados muy positivos. Recientemente
se ha puesto en marcha un centro especializado en la ciudad de Alicante, donde
los pacientes reciben un excelente tratamiento.
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Los
pacientes afectados con dolor muscular crónico continúan siendo
infradiagnosticados y relegados por muchos médicos que desconocen estas dos
entidades de dolor miofascial y fibromialgia. Esta última es con mucho, una
entidad misteriosa a cuyo diagnóstico se llega por exclusión de otras
patologías. Ya en 1906 Gowers había señalado la
presencia de la fibrositis en un artículo sobre lumbago, pero fue hasta la
década de los 60' cuando se describió la enfermedad bajo el término de
fibrositis.2,3 Yunus en
1981,10 llamó la
atención sobre estos pacientes y diez años mas tarde la ACR emitió una
clasificación que fue aceptada por la mayoría de los clínicos, investigadores y
los pagadores de servicios de salud.
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