El Dolor como Enfermedad
| Dr. Guillermo Aréchiga-Ornelas* Dr. Víctor M. Whizar-Lugo** |
* Editor Huésped |
Los que nos dedicamos al estudio y cuidado de las personas que sufren dolor sabemos que este síntoma se ha transformado en una enfermedad que requiere de un equipo múltiple para poder establecer un diagnóstico acertado y mas que nada, para iniciar un plan de tratamiento integral que resuelva el problema de los pacientes. La algología, o mejor dicho, la especialidad que estudia a los pacientes con dolor crónico se le conoce también como ¨Medicina del Dolor¨. Es una subespecialidad sui géneris en la que participan áreas no solo médicas, sino profesionales relacionados con la atención de la salud como son los psicólogos, los trabajadores sociales, los administrativos de los hospitales y hasta los políticos que deciden los presupuestos anuales destinados al sector salud. Desafortunadamente, en nuestro México, al igual que en muchos países alrededor del mundo, esta rama de la medicina continúa siendo el ¨patito feo¨ de la atención médica. Si bien es ya mucho lo que se ha hecho, aún tenemos mucho más por hacer en los años venideros.
El dolor es un serio problema de salud mundial. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) lo define como ¨Una experiencia sensorial y emocional desagradable relacionada con daño tisular, real o potencial, o descrita por el paciente como relacionada con dicho daño.¨ Se trata de una definición que en la actualidad no se puede aceptar como completa, una descripción que no es fácil de comprender si no se tiene una amplia información sobre los conceptos actuales de la fisiopatología de dolor. Se sabe que en algunos países el dolor crónico es un problema de salud muy costoso ya que genera pérdidas por disminución del ingreso per capita de las personas afectadas, gastos médicos y de hospitales, pagos para compensar a los pacientes y gastos por los servicios legales, entre otros. En los Estados Unidos de Norteamérica, el 80% de los pacientes que acuden con un médico lo hacen por dolor. Esto afecta a más de 50 millones de norteamericanos y produce un costo aproximado de 70 billones de dólares cada año en pérdida de productividad y servicios de salud. Se ha estimado que cada año 176,850 pacientes con dolor crónico buscan tratamiento en centros especializados en manejo de dolor.1 Cuando se trata de dolor por cáncer, los datos epidemiológicos son aproximados, por ejemplo, la OMSS menciona que un 25 a 30% de los pacientes con neoplasias que reciben tratamiento activo tienen dolor. Entre el 60 y 90% de los enfermos terminales sufren de dolor moderado a severo.2 En México, como en casi todos los países, no tenemos datos estadísticos respecto al dolor no oncológico ni información sobre la incidencia y prevalencia del dolor por cáncer, sin embargo es de suponerse que la pérdida de la salud, laboral y económica deba de ser enorme y es por ello que requerimos desarrollar una base de datos encaminada a obtener esta información ausente.
Schweitzer, en 1931 decía ¨Todos tenemos que morir. Pero mi mayor y constante privilegio es poder ahorrrar días de tortura. El dolor es el azote más terrible de la Humanidad; peor incluso que la misma muerte.3 Este enunciado fue usado por Brennan y Cousins 4 en el inicio de su revisión sobre el alivio del dolor como un derecho humano, lo cual fundamentan en dos hechos; a) las múltiples evidencias sobre el manejo inadecuado de las personas que sufren dolor y la poca ética profesional al respecto y b) la cultura creciente a nivel internacional sobre los derechos humanos, sobre todo en las sociedades liberales de los países occidentales. Al revisar los derechos de los pacientes que tenemos por norma en nuestros hospitales del sector salud nos podemos percatar que este decálogo inicia con el ¨Derecho a recibir atención médica adecuada¨, lo cual deja a criterio del médico cual es la atención adecuada. Creo que este decálogo, si bien intencionado, dista mucho de incluir el estudio y manejo del dolor como un derecho humano. Los pacientes, hospitalizados o no, deberían de recibir un manejo óptimo de su dolor, sea este agudo o crónico.
El dolor es una sensación desagradable difícil de definir por los pacientes, sin embargo, son ellos los que lo están padeciendo, y por ende, son ellos el único monitor creíble de su sufrimiento, monitor humano al cual debemos de creer en toda la extensión de la palabra. No obstante, seguimos escuchando en nuestros hospitales a médicos y enfermeras expresiones nada éticas sobre el diagnóstico y manejo del dolor; ¨el paciente de las cama 3 es un simulador, inyéctenle un placebo hasta que se le pase el dolor que dice que tiene¨ , o aún más patético; los pacientes no preguntan por analgésicos porque consideran que el dolor es parte obligada de su enfermedad.
Entender al dolor como una enfermedad no es algo fácil. Por ejemplo, el neurocirujano considera que un paciente con ciatalgia crónica siempre va a tener un componente anatómico que requiere de cirugía o de bloqueos. Lo mismo sucede con los pacientes que sufren dolor en la zona trigeminal, muchos de ellos con RNM normales. Podíamos citar docenas de ejemplos en este sentido sin lograr convencer a nuestros colegas quirúrgicos de que la solución no siempre requiere de cirugía, de que se trata del dolor como enfermedad independiente. Aún para los que nos entrenamos en esta área de la medicina ha sido largo el camino que nos llevó a comprender este novel concepto. Una vez que concebimos al dolor como una entidad nosológica propia, se facilita su estudio y manejo. En la actualidad los médicos no algólogos deberían de resolver la mayoría de los problemas de dolor en las clínicas de primer contacto, o en hospitales de segundo y tercer nivel de atención, y solo aquellos problemas de difícil diagnóstico o de tratamiento complicado deberían de ser vistos por los especialistas en dolor. Van a pasar algunos años para llegar a esta meta, mientras tanto es nuestra obligación despertar el interés de los profesionistas de la salud en el estudio de este apasionante campo del dolor.
Este suplemento de Anestesia en México incluye el material editado de las conferencias del módulo sobre dolor crónico del Congreso Mexicano de Anestesiología celebrado en Noviembre 2004 en la progresista Ciudad de Monterrey. Para complementar su contenido se han invitado a otros especialistas en dolor que con su saber han proveído un conocimiento más amplio del tema. No pretendemos agotar los temas incluidos en este suplemento, pero si llamar el interés y despertar la curiosidad de los lectores sobre algunos aspectos relevantes del dolor.
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