Volumen 17 Suplemento 1; 2005

 

Dolor Crónico como Problema de Salud y su Evaluación

Dra. María de la Luz Orozco-Torres
ma.delaluz@infosel.net.mx

 

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Algóloga-Anestesióloga
Departamento de Anestesiología y Clínica del Dolor
Hospital Central, Secretaría de Salud
Av. Venustiano Carranza 2396
San Luis Potosí, México

Resumen


El estudio y manejo de los pacientes con dolor crónico suele ser muy deficiente en las unidades medicas de cuidado primario. Cuando se comprende que el dolor crónico es una enfermedad con procesos multifactoriales se llega al establecimiento de un abordaje interdisciplinario para realizar una evaluación y manejo apropiados.  El dolor crónico es un gran dilema tanto para los enfermos como para los médicos en relación a su diagnóstico, a su terapéutica y a su pronóstico. La mayoría de los médicos no especializados en algología no incluyen un examen somático ni evaluación psicosomática cuando estudian a las personas con dolor crónico. Es obligatorio comprender los mecanismos del dolor crónico para establecer un plan de manejo útil. Como médicos interesados en el diagnóstico y manejo de los enfermos con dolor crónico debemos de comprender que el dolor no es un signo, ni un síndrome, sino una enfermedad por si misma que involucra muchos procesos patológicos.

   El abordaje más aceptado de estos enfermos es la creación de un plan multidisciplinario de estudio y tratamiento.

 

Palabras clave; Dolor crónico, Enfermedad, Abordaje multidisciplinario  

          

Abstract

                    

The primary care medical approach of patients suffering chronic pain very rarely fit for a proper diagnosis plan, nor therapeutic approach. The understanding that chronic pain is a disease with multifactorial process led to the establishment of an interdisciplinary approach to pain evaluation and proper pain management. Chronic pain means for patients as well as for their physicians a great dilemma relating to diagnosis and therapy, as well as prognosis. Most non pain physician do not include somatic examination as well as psychosomatic concepts in their evaluation of pain patients. Understanding chronic pain mechanisms is mandatory in order to create a successfully treatment plan. As doctors interested in pain diagnosis and treatment, we must realize that chronic pain is not a sign, nor a syndrome, it is a disease by itself that involves many pathologic process.

   The most accepted approach of pain patients is to create a multidisciplinary approach to study and treat them.

 

Key words: Chronic pain, Disease, Multidisciplinary approach

 

Introducción

 

El dolor es la razón más importante por la que un paciente acude con un médico. Este síntoma es complejo y multidimensional, determinado no sólo por el daño tisular y la nocicepción, sino también por creencias personales, experiencias dolorosas previas, la psicología, el afecto, la motivación, el medio ambiente y laboral.

   Los médicos están familiarizados con el dolor como un síntoma común y usan la descripción de su localización, cualidad, y duración para determinar la causa y la intensidad del mismo, así como para juzgar la eficacia del tratamiento. La persona que experimenta el dolor, es mucho menos objetiva; desde el punto de vista del paciente, la queja de dolor es un grito de ayuda. La experiencia subjetiva incluye una necesidad de escapar de la causa que lo origina, y si esto no es posible, la persona quiere obtener el alivio de su dolor. El dolor puede producir miedo, y si persiste puede incluso inducir a la depresión, y finalmente el que sufre dolor puede perder el deseo de vivir. Debido a que gran parte de nuestra conducta, especialmente en los primeros años de la vida, está encaminada al deseo de evitar el dolor, la reacción psicológica será tan compleja y variada como los individuos que lo experimentan. Esta complejidad ha sido un gran obstáculo para los médicos que tratan de entender y ayudar a los pacientes con dolor, particularmente aquellos con dolor crónico.

  

Importancia del problema

 

El dolor es difícil de describir por quien lo sufre, además el lenguaje, las manifestaciones y los gestos de un paciente pueden ser interpretados de forma distinta por varios observadores. Ahí yace gran parte de la dificultad para el estudio de este problema que actualmente alcanza proporciones epidémicas.1 No existen estadísticas a nivel mundial que establezcan la prevalencia exacta del dolor, y mucho menos en nuestro país, pero hay numerosos estudios que sugieren que el dolor es un problema grave y su impacto económico es monumental. En los Estados Unidos de Norteamérica, el 80% de los pacientes que acuden con un médico refieren el dolor como la razón de la consulta. Esto afecta a más de 50 millones de norteamericanos y  produce un costo de más de 70 billones de dólares anualmente en servicios de salud y pérdida de productividad. Se estima que cada año 176,850 pacientes con dolor crónico buscan tratamiento en centros especializados en manejo de dolor.2

 

Definición de dolor

   

Debido a que el dolor es una experiencia común con diversas consecuencias psicológicas, se han realizado muchos intentos para definirlo. La definición más amplia y aceptada actualmente es aquella propuesta por el grupo de Taxonomía de la International Association for the Study of Pain (IASP): “El dolor es una experiencia sensitiva y emocional asociada a daño tisular actual o potencial o descrita en términos de ese daño”.3 Tomando en cuenta esta definición, cualquier dolor es una combinación de factores físicos y psicológicos. Cada paciente tiene su propia experiencia emocional y factores ambientales que poderosamente influyen en el dolor. El dolor tiene diferentes significados y representaciones para diferentes pacientes, dependiendo de su entendimiento, de las circunstancias bajo las cuales se presenta y de su causa. Por ejemplo, un paciente con una lesión dolorosa y aguda, está más propenso a experimentar ansiedad tanto como dolor. El paciente en la unidad de cuidados intensivos debe de lidiar con el ambiente así como con las consecuencias de la molestia de la lesión u operación sufridas.4 El dolor secundario a malignidad después de una operación será percibido más intensamente que el producido por una enfermedad no maligna. El dolor después de una amputación realizada para extirpar un cáncer se percibirá diferente a cuando la amputación sea realizada por insuficiencia arterial periférica después de la cual la pérdida de función será la principal preocupación del paciente.

 

El paciente con dolor

 

El dolor se percibe en cualquier edad de la vida. Existen muchos factores que influencian el umbral del dolor, los cuales pueden incrementar o disminuir la intensidad y percepción del mismo, y se debe de identificar su presencia o ausencia, al igual que tomarse en cuenta para hacer las decisiones terapéuticas.

   La detección de los estímulos que causan lesión en los tejidos y la respuesta a dichos estímulos son de una importancia fundamental para la supervivencia de todos los organismos; cuanto más complejo es el organismo, más complejos son sus mecanismos nociceptivos. Ciertas variedades de dolor tienen muchas de las características de la nocicepción, y en este sentido, dolor y nocicepción se utilizan indistintamente, por ejemplo el dolor agudo. Los sistemas nociceptivos han sido ampliamente investigados en los animales de experimentación, pero el sistema humano es mucho menos accesible a las pruebas objetivas físicas y químicas. Los humanos podemos describir nuestras sensaciones, mientras que los animales habitualmente sólo son capaces de responder de una forma refleja o aprendida. 

   El dolor, esa “experiencia sensitiva y emocional desagradable”, ha sido definido y clasificado de varias formas: epicrítico y protopático, agudo y crónico, somático y psicógeno.  Estas descripciones son de escaso valor para determinar la fisiopatología de la experiencia o para dirigir su forma de tratamiento. Tradicionalmente, las vías del dolor se han comentado utilizando la definición más restringida del dolor: la nocicepción. Este planteamiento es válido en las situaciones de experimentación, sin embargo, los síndromes clínicos dolorosos no suelen ser tan simples.

 

Papel del dolor

 

El dolor agudo es biológicamente necesario, la respuesta fisiológica que provoca es de huida o una reacción de protección. El dolor crónico tiene menos correlación fisiológica con el daño tisular. Puede tener efectos deletéreos en el paciente y en su familia. La lesión original puede resolverse, pero las consecuencias del dolor persisten: incapacidad física por inactividad, cambios morfológicos en el sistema nervioso que perduran, cambios en la conducta, productividad, estilo de vida y actitudes hacia la curación o mejoría.

   Cada tipo de dolor tiene diferente función de alarma, por lo que se requieren diferentes protocolos de evaluación: la historia clínica, el examen físico completo y los estudios de laboratorio y gabinete son tomados como una base. La evaluación debe de reconocer el potencial que el componente emocional juega en el dolor dentro de su presentación clínica y de la respuesta al tratamiento, así como reconocer el dolor como un estilo de vida para el paciente con dolor crónico. Se utilizan diferentes modalidades terapéuticas debido a que la mayoría de los tratamientos efectivos para el dolor agudo no son apropiados para utilizarlos por largos períodos de tratamiento que generalmente son necesarios para el dolor crónico. Las expectativas de los diferentes tratamientos deben de ser realistas: el dolor agudo debe de ser eliminado. El dolor crónico debe de ser controlado al máximo, y el paciente debe de recibir ayuda para adaptarse a vivir con el dolor residual. En el caso del dolor crónico, la presentación de un dolor agudo concomitante, debe de ser tratado de manera agresiva. Con frecuencia el dolor es mejor tratado cuando el paciente entiende la etiología y su significado.5,6

 

Dolor agudo vs. dolor crónico

 

Es muy importante que el médico y sus pacientes distingan entre lo que es un dolor agudo y lo que en la actualidad se concibe como dolor crónico, este último catalogado como una enfermedad en sí. Las diferencias más importantes entre dolor agudo y el dolor crónico se resumen en las siguientes líneas.

Dolor agudo

Factores fisiopatológicos

·         Biológicamente útil, sirve de aviso de lesión tisular inminente

·         Está bien definido

·         Con mecanismos nociceptivos periféricos, transmisión nerviosa periférica (A-Delta, C), conexiones centrales (asta posterior), vías centrales (haces espinotalámicos), inhibición local y descendente

·          Respuesta valiosa (lucha, huida) ante el estrés

·         Tiene una duración en tiempo corta, autolimitada

·         Asociado a hiperactividad autonómica: hipertensión, taquicardia, sudoración, vasoconstricción, etc.

Factores psicológicos

·         Expectativa de aparición y resolución

·         Interacción de factores sociales, culturales y de personalidad

·         Dolor más ansiedad

·         La ansiedad aumenta la percepción

·         Pueden estar implicados factores económicos y familiares

·         No suele estar presente un posible beneficio secundario

Implicaciones terapéuticas

·         La evaluación y tratamiento toma menos tiempo. Duración del tratamiento corto y autolimitado

·         Expectativas de curar el dolor. El porcentaje de éxito del tratamiento es alto

·         Los agentes analgésicos antiinflamatorios periféricos son útiles. El bloqueo nervioso periférico es efectivo. El bloqueo central (anestésicos locales) es efectivo. Los opioides sistémicos y espinales son efectivos. Los ansiolíticos probablemente son efectivos. Los métodos psicológicos sirven de ayuda

 

Dolor crónico

Factores fisiopatológicos:

Factores psicológicos:

Factores terapéuticos:

 

Dolor crónico

 

En forma arbitraria se considera que el dolor es crónico cuando ha durado más de 3 a 6 meses, o cuando persiste a pesar de haber desaparecido la causa aguda desencadenante. Por otro lado, tanto en el dolor agudo como en el crónico, existen dos tipos de dolor: el nociceptivo y el neuropático.7

   El dolor nociceptivo implica la activación y/o sensibilización de los nociceptores periféricos los cuales traducen el estímulo nocivo en impulsos eléctricos los cuales son transmitidos a la médula espinal y a los centros rostrales más altos dentro del sistema nervioso central (SNC). El dolor nociceptivo a su vez puede ser dividido en dos tipos: somático y visceral. El dolor somático resulta de la excitación y sensibilización de nociceptores en tejidos como hueso, tejido periarticular, articulaciones y músculo. Involucra cuatro procesos fisiológicos: a) transducción, b) transmisión, c) modulación, d) percepción. Está bien localizado topográficamente y puede ser constante o intermitente. Ejemplos de dolor somático son el síndrome de dolor miofascial, metástasis óseas, fibromialgia. El dolor visceral está mediado por nociceptores en el sistema cardiovascular, respiratorio, gastrointestinal y genitourinario. Se han identificado nociceptores en todos los tejidos y órganos, excepto en el SNC. Existen diferencias clínicas significativas entre la nocicepción visceral y la cutánea. Hay relativamente menos nociceptores en las vísceras que en la piel, y estos receptores tienen un perfil de activación diferente. Por ejemplo, al cortar o quemar el mesenterio, el cérvix uterino u otros órganos no se produce necesariamente dolor clínico, pero la tracción, la distensión o la isquemia producen un cierto tipo de dolor. Este dolor es a menudo difuso y mal localizado, y generalmente tiene un componente autónomo significativo. Las fibras viscerales aferentes que conducen la información nociceptiva han de viajar a la médula espinal con las fibras autónomas, prácticamente siempre con las fibras simpáticas. Se proyectan a las mismas áreas del asta posterior que las correspondientes fibras aferentes somáticas. Los nociceptores viscerales tienen unos campos amplios y una amplia distribución dentro de la médula en los diversos segmentos espinales. Esto impide una localización precisa de la sensación visceral, y puede explicar el fenómeno del dolor referido. Aproximadamente el 75% de las neuronas del asta posterior torácica y lumbar reciben señales procedentes de las vías aferentes viscerales y somáticas. Una vez que la señal aferente visceral alcanza el asta posterior, el procesamiento y la transmisión posterior siguen el mismo patrón general que la información somática. Es posible que la información sobre la naturaleza del estímulo, si no sobre su intensidad, sea transmitida por diferentes sustancias transmisoras. Este concepto está en estudio.

   La naturaleza difusa y mal localizada del dolor visceral y el fenómeno del dolor referido suelen complicar la evaluación y el diagnóstico en los pacientes con dolor visceral, especialmente el de localización abdominal. Un paciente no puede sentir dolor en el páncreas, pero sí ser consciente de dolor en la porción superior del abdomen o en la espalda.  Sin embargo, el hecho de que las fibras aferentes viscerales se proyecten en la médula espinal con las fibras simpáticas, resulta clínicamente útil.  Normalmente dicho dolor visceral puede ser interrumpido al anestesiar las fibras simpáticas o los ganglios apropiados, que pueden ser accesibles por vías percutáneas. Por ejemplo, el dolor visceral procedente del páncreas, hígado, estómago o la vesícula biliar mejora a menudo con el bloqueo anestésico local de las fibras aferentes viscerales simpáticas y acompañantes en el plexo celíaco o en los nervios esplácnicos.

   Debe de tenerse en cuenta que es muy difícil determinar la contribución relativa de los sistemas sensitivos somático y visceral en un síndrome doloroso concreto. Es probable que exista un componente autónomo en todos los síndromes dolorosos. Las fibras aferentes nociceptivas activan tanto los reflejos somáticos como los autónomos.  El espasmo muscular reflejo somático o visceral y la vasoconstricción refleja, pueden producir dolor. El alivio de aquéllos con bloqueo simpático podría llevar a una interpretación errónea de la causa fundamental real del dolor. Del mismo modo, la presencia de una reacción tipo placebo no indica la ausencia de una actividad nociceptiva y por consiguiente, no puede utilizarse para concluir que el dolor es de origen psicógeno.

   El dolor neuropático es resultado de lesión en las estructuras nerviosas del sistema nervioso central o periférico.7 Estas lesiones producen descargas atópicas y espontáneas de los nervios así como una reorganización del sistema nervioso. Ciertas alteraciones de las estructuras neurológicas y de su funcionamiento pueden dar lugar a dolor. Los cambios metabólicos de la diabetes o de la intoxicación por mercurio pueden producir una neuropatía periférica dolorosa. La lesión viral, por ejemplo del herpes zoster, de la poliomielitis tardía, o la enfermedad de Guillian-Barre, pueden producir también estados dolorosos. El traumatismo de los nervios periféricos puede desembocar en dolor neuropático procedente de los neuromas, causalgia o dolor fantasma. En todas estas situaciones se desconocen los mecanismos de producción del dolor, aunque podría tratarse de un desequilibrio en el número relativo de fibras gruesas y fibras finas. La lesión de los ganglios raquídeos, las raíces posteriores, la médula espinal, el tallo cerebral, el tálamo y/o la corteza cerebral pueden causar dolor neuropático central, normalmente de duración indefinida.  En estos casos no existe lesión tisular activa aparente o procesos similares a la nocicepción periférica. El sistema simpático puede participar en ciertos síndromes dolorosos neuropáticos, como la causalgia y la distrofia simpática refleja. En algunos casos, por ejemplo, la neuralgia del trigémino o la migraña, puede no existir una alteración anatómica o bioquímica identificable.  La figura 1 muestra imágenes clínicas típicas de dolor crónico no oncológico y secundario a cáncer.

 

   De acuerdo con Wall,8  existen cuatro posibles mecanismos para la producción de dolor en las lesiones de los nervios periféricos: 1) la “compuerta” podría estar causada por mal funcionamiento; 2) los nervios podrían sensibilizarse mecánicamente y generar impulsos ectópicos; 3) puede existir un “cruce de líneas” entre las fibras gruesas y las finas, y 4) pueden darse cambios en el procesamiento central. Una de las características de este dolor es que aparece acompañado de una sobre actividad simpática eferente, que puede reflejarse en alteraciones del control del riego sanguíneo de la piel, los músculos y los huesos en el área afectada, y en alteraciones de piloerección, de la sudoración y posiblemente de la sensibilidad cutánea nociceptiva.  

   Es difícil atribuir un mecanismo común a todos estos síndromes dolorosos. Además, existen tres fases aparentemente distintas de la respuesta del dolor en función del tiempo: la teoría del control de compuerta se aplica a los acontecimientos neurofisiológicos que ocurren durante los milisegundos o los segundos consecutivos a la lesión o a otro acontecimiento nocivo. Los cambios en la sensibilidad del sistema se producen minutos a horas después de la lesión. Los cambios morfológicos y bioquímicos a largo plazo ocurren días a meses después del acontecimiento. Estas tres fases deben actuar a través de mecanismos diferentes, y por tanto, sería razonable suponer también que el tratamiento de cada una tenga que ser diferente. 

   La principal diferencia entre el dolor neuropático y otros tipos de dolor es que no existe una señal de entrada nociceptiva continua. Por lo tanto, cabría predecir que las maniobras antinociceptivas habituales no van a ser efectivas contra el dolor neuropático. Por desgracia, esta es la experiencia clínica más frecuente en el paciente con dolor crónico. En forma típica es descrito como quemante o ardoroso. El dolor neuropático puede ser generado periféricamente, involucrando entidades como la radiculopatía cervical o lumbar, lesiones de nervios espinales, plexopatías braquial o lumbosacra. El generado centralmente involucra lesiones del sistema nervioso central a nivel de la médula espinal o más alto. Y por último, el dolor mantenido por el simpático puede generarse en la periferia o centralmente y está caracterizado por una alteración localizada, autonómica en el área afectada con cambios vasomotores y sudo motores, edema, sudoración y atrofia. Este tipo de dolor neuropático es llamado distrofia simpática refleja, causalgia o síndrome de dolor regional complejo.

   Se mencionó antes que el dolor crónico se define como aquel dolor que es persistente, atribuible a una causa orgánica o no, y que dura más allá del período de curación normal. Con frecuencia los pacientes con dolor crónico han sido sometidos a una extensa evaluación médica y han seguido numerosos tratamientos médicos, anestésicos y quirúrgicos sin mejorías notorias. El dolor crónico es un problema multidimensional, que con frecuencia lleva a una ruptura importante en la vida de los pacientes y sus familias. Muchos pacientes de dolor crónico se sienten aislados en su sufrimiento. Estos enfermos con frecuencia están decepcionados con su médico, y los médicos pueden también sentirse inútiles al tener poco más que ofrecer a estos pacientes. Tales pacientes están experimentando lo que comúnmente se refiere como síndrome del dolor crónico, y son candidatos adecuados para un programa interdisciplinario del manejo del dolor.

 

Importancia de la valoración y manejo integral

 

El abordaje multidisciplinario para tratar a los pacientes con dolor crónico fue desarrollado por el Dr. John Bonica en l961 y se convirtió en un modelo internacional, modelo que ha sido adoptado alrededor del mundo. Este método fue descrito como un esfuerzo de colaboración por parte de diversas disciplinas para tratar a pacientes que sufren dolor crónico. Más reciente, la atención se ha fijado en un abordaje interdisciplinario, el cual implica una mayor comunicación, integración y coordinación acerca de las metas del tratamiento por parte de los miembros del equipo.8,9,10 No todos los pacientes que pueden beneficiarse de un programa como éste necesitan todos los servicios ofrecidos por todas las disciplinas disponibles. Siempre se deben buscar las diferencias y necesidades de cada paciente. Dejar de hacerlo así redundaría en un mal servicio al paciente y promovería erróneamente a la homogeneidad en los pacientes con dolor. Robbins y colaboradores2 realizaron un meta-análisis de estudios que evaluaban los programas de tratamiento de dolor crónico, encontrando que en comparación con los métodos  de modalidad única, aquellos pacientes que participaron en programas interdisciplinarios demostraron mejoría a largo plazo. Los pacientes con dolor crónico que recibían este tipo de tratamiento estaban funcionalmente mejor que el 75% de los pacientes controles, presentaban mejoría en niveles de actividad, intensidad de dolor, conductas dolorosas y uso de medicamentos y de servicios de salud comparados con los que no recibían tratamiento interdisciplinario. Además, 68% de los pacientes tratados en estos centros regresaban al trabajo comparado con el 36% del otro grupo. Los resultados del seguimiento a un año de pacientes con dolor crónico revelaron que el completar el tratamiento en  el manejo interdisciplinario fue terapéuticamente efectivo. Sin embargo, las dimensiones psicológicas y sociales que acompañan al dolor crónico son difíciles de mejorar a pesar de lograr mejoría en cuanto a la percepción del dolor, como resultó en el estudio de Sabine y cols.5 en el cual estudiaron a 477 pacientes con dolor crónico, tratados en el centro de dolor de la Universidad de Viena, Austria. Estos pacientes recibieron múltiples tratamientos como farmacoterapia, acupuntura, TENS, fisioterapia y tratamiento analgésico invasivo, y a pesar de mejoría importante en el puntaje de evaluación del dolor y de las dimensiones conductuales y cognitivas, el estado de ánimo y el bienestar psicológico, no mejoró.

   Es importante mencionar que no todos los pacientes con dolor crónico padecen este síndrome, que está caracterizado por una serie de normas de conductas inadaptadas con secuelas emocionales, que desembocan en una ruptura de su vida. Tal patrón de conducta por parte del paciente suele referirse como “conducta del dolor” y se caracteriza por cambio de médico, demandas de técnicas diagnósticas adicionales, solicitar intervenciones quirúrgicas, utilización de altas dosis de narcóticos, alcohol o somníferos para aliviar el dolor, aislamiento de la familia y de los amigos y alineación de los demás centrándose continuamente en el dolor, habilidad para la comunicación inútil, alteraciones del ritmo del sueño y, en algunos casos, un abuso general del sistema de salud. Además de estos patrones de conducta evidentes, pueden coexistir estados emocionales como depresión, ansiedad, sentimientos de impotencia, desamparo y desesperanza, frustración, autocompasión, miedos respecto al futuro, pensamientos de suicidio, y en algunos casos, actitudes de suicidio. Esta mezcla de sentimientos y conductas son una amenaza para la existencia del individuo y han sido correctamente referidos como “dolor-dando-vueltas”. Cuando se identifica esta conducta, el objetivo está claro: el paciente con dolor crónico debe romper con estos patrones y reemplazarlos por un estilo de vida más adaptado.

 

Evaluación y manejo del paciente con dolor crónico

 

La realización de la historia clínica y examen físico del paciente con dolor crónico difiere de la de pacientes con otros problemas médicos, principalmente porque el tipo de información necesaria es diferente. Ocasionalmente estos pacientes tienen una enfermedad somática que ha sido pasada por alto. En otros casos, el diagnóstico fue correcto pero no se pusieron en práctica todas las modalidades terapéuticas potencialmente efectivas. Estas posibilidades deben de ser las primeras en tomarse en consideración y a menudo existen respuestas favorables al tratamiento. Por lo común, los pacientes tienen alguna enfermedad psiquiátrica importante no diagnosticada, una situación social de inadaptación o un proceso funcional somático como una hiperfunción simpática. Tales problemas pueden producir dolor directamente o complicar de forma importante el tratamiento de un dolor somático tratable.10,11

   El proceso de evaluación tiene varios objetivos. El primero es determinar si existe una lesión orgánica como causa del dolor. El segundo es determinar la existencia de factores somáticos y psicosociales que estén perpetuando el dolor o que reduzcan la tolerancia del paciente al mismo dolor. El tercero es determinar el impacto del dolor en la vida diaria. El objetivo final es desarrollar un plan de tratamiento que alivie o disminuya la intensidad del dolor y disminuya el impacto que éste produce en el paciente.12 Por lo tanto, la búsqueda de información nos ayudará a determinar tanto la causa subyacente somática o psicológica que causa el dolor y el nivel y naturaleza de la incapacidad producida.

   La adecuada evaluación del paciente con dolor crónico requiere de una gran cantidad de información clínica, alguna de ella escondida y que irá saliendo al realizar la historia clínica. Sin embargo, a menos que el médico se tome el tiempo suficiente para establecer una relación médico-paciente de confianza, el paciente ocasionalmente negará o no comentará acerca de problemas importantes personales o familiares o de dependencia de drogas. El establecer esta relación médico-paciente puede ser difícil en pacientes con dolor crónico, los cuales a menudo están enojados, impacientes o decepcionados. Sin embargo es esencial para detectar hechos importantes sobre el paciente y su vida. También es esencial obtener la participación y aceptación por parte del paciente respecto al plan terapéutico, apoyándonos en el hecho de que el paciente está buscando ayuda y en cierto grado, desea sentirse mejor. Un aspecto práctico muy importante, es que la realización de la historia clínica consume mucho tiempo: sus antecedentes médicos son amplios, la relación interpersonal es complicada y generalmente el paciente está muy preocupado por su cuerpo y a menudo son extremadamente detallistas en sus descripciones de las diferentes sensaciones somáticas que los preocupan o creen que son importantes para comunicárselas al médico. Debido a esta  montaña de información, es muy útil inicialmente, realizar preguntas directas. Es necesario un abordaje organizado para asegurarnos que cierta información básica es obtenida de todos los pacientes; la utilización de un cuestionario es útil como guía para entrevistar a los pacientes. Partes esenciales de este cuestionario son:

 

 

La valoración del paciente con dolor crónico requiere partir de la realidad de que

el dolor es una experiencia diversa psicofisiológica que es experimentada por el paciente. Su representación puede estar enmascarada por el examen físico y los estudios de laboratorio establecidos. La valoración es clínica, pero también tiene una parte intuitiva.

   La experiencia diaria ayuda en la habilidad para dirigir la evaluación y obtener los mejores resultados de la misma. La información más valiosa acerca del dolor es el reporte del paciente. La valoración de las necesidades del paciente es importante, ajustando el manejo a los problemas prioritarios. Todas las técnicas de valoración son útiles pero ninguna es perfecta. Siempre que sea posible, el paciente debe de participar en las decisiones del manejo, sintiendo que su intervención y ayuda en el manejo del dolor, haciéndolos sentir con más control sobre el dolor y serán más cooperadores a dicho tratamiento.

   La valoración del dolor puede ser difícil, frustrante y laboriosa. Es importante considerar al paciente como un todo, y no sólo la localización dolorosa. Creerle al paciente es de la máxima importancia. La aproximación sistemática ayudará al médico a determinar la fisiopatología del dolor del paciente. Con este conocimiento se puede comenzar la modalidad terapéutica.

   El involucrarse en el manejo del dolor representa una oportunidad para los anestesiólogos de expandir su actividad más allá de la sala de operaciones.  El manejo del dolor ya es un componente integral importante de la práctica de la anestesia.13 Sin embargo se requiere que en los programas de residencia de anestesiología se cuente con educación y entrenamiento en el manejo del dolor, ayudando a que el anestesiólogo aprenda nuevos modelos conceptuales de dolor crónico, adquiera habilidades no tradicionales y se sienta a gusto en diferentes papeles profesionales. Las habilidades del anestesiólogo para técnicas de anestesia regional contribuyen a los avances en el manejo del dolor crónico, sin embargo, muchos pacientes con dolor crónico no son candidatos para este tipo de tratamiento ya que muchos de ellos no tienen una anormalidad orgánica identificable, y otros tienen una incapacidad aparentemente excesiva para el problema físico conocido. 

   “Mínima patología con incapacidad máxima sigue siendo el enigma del dolor crónico”. El modelo biopsicosocial lleva a entender la nocicepción dentro de  un conjunto complejo de factores físicos, psicológicos (cognitivo, emocional y conductual) y socioculturales. Más que armar un rompecabezas con estos pacientes, el anestesiólogo acepta las limitaciones de las explicaciones biomédicas y de algunas intervenciones y busca ayudar por otros medios, dentro de la perspectiva multidimensional del dolor.13 Es importante recordar que los hallazgos objetivos de daño tisular no son requisito para considerar un reporte de dolor como real.  La discapacidad funcional es un aspecto importante de la experiencia de dolor cónico. En pacientes que sufren de dolor crónico no oncológico, a menudo existe poca correlación entre el dolor reportado, los hallazgos físicos, los resultados de pruebas diagnósticas y la discapacidad observada.

   Como escribe Michael J. Cousins: “En el futuro, la anestesiología puede tener el papel clave en el manejo de lo que indudablemente es la enfermedad del nuevo milenio, esperando que el alivio del dolor sea considerado dentro de los derechos humanos  básicos.  No desearíamos nada menos para nosotros mismos y ciertamente tampoco para los que amamos.”14,15

 

Conclusiones

 

El dolor crónico es una enfermedad costosa en términos de salud y económicos, que debería de recibir una atención privilegiada por nuestras autoridades de salud, tanto en el área de formación de recursos humanos como en el desarrollo de establecimientos para investigación, estudio y manejo de estas desafortunadas personas. Esta entidad incluye situaciones muy heterogéneas con factores conocidos y causas desconocidas, con intrincados mecanismos algogénicos que llevan a manejos complicados y resultados parciales. No son pacientes para un determinado especialista, se trata de enfermos complejos, con o sin patología psicológica o psiquiátrica agregadas que ameritan de abordajes interdisciplinarios.

   El misterio del dolor crónico, implica la desilusión de los pacientes y sus familiares que no comprenden por que la medicina actual no puede solucionar su problema, así como la frustración de los médicos que no pueden suplir las necesidades de estas personas.
   La forma actual de ayudar a estos pacientes se fundamente en comprender al dolor como una entidad nosológica por si misma y no como un signo de sufrimiento.

Referencias

 

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