Volumen 16 Número 3 Julio - Septiembre 2004

 

Editorial Invitado

¿Cuánto cuesta escribir un artículo científico?

Prof. Dra. Idoris Cordero Escobar*
ice@infomed.sld.cu

 

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* Especialista de Segundo Grado en Anestesiología y Reanimación
Profesora Titular del ISCM-H. Doctora en Ciencias
Vicepresidenta de la Sociedad Cubana de Anestesiología y Reanimación
Editora Jefa de la Revista Cubana de Anestesiología y Reanimación

Estimados colegas y amigos:

Con mucho gusto recibo la invitación del colega y amigo Dr. Víctor Whizar-Lugo, Editor Jefe de la Revista Anestesia en México, para escribir un editorial en esta prestigiosa publicación y créanme que lo hago con gran placer pues me gustaría compartir con sus lectores, algunos elementos sobre porqué resulta tan difícil que los médicos en general y en nuestro caso, los anestesiólogos en particular, plasmemos con signos escritos y en un papel, la rica experiencia que tenemos y compartirlas con los demás. No creo que se trate de egoísmo, pues los anestesiólogos Latinoamericanos, definitivamente, somos una gran familia.

Los que tenemos la responsabilidad de dirigir una revista, sabemos cuán difícil resulta completar un número y mucho mas devolver un artículo para que sea corregido o reevaluado por diferentes razones.

Si analizamos fríamente este aspecto, se pudiera pensar que se trata de temor a escribir los resultados de nuestras investigaciones, experiencias, o casos problemas porque se infiere que pudieran no tener suficiente calidad, estar errados y/o ser criticados, pues a veces se cree que sólo los artículos escritos por científicos del primer mundo tienen valor.

Si queremos escribir un artículo en una revista científica, todos sabemos que tenemos que circunscribirnos a las reglas que establece el editor. Estas reglas son universales, no son impuestas por nosotros; pero deben ser estrictas para que la revista tenga la calidad y goce, como otras, de suficiente prestigio y los artículos tengan la dignidad y decoro que debe caracterizarlos. Se exige que cuidemos el idioma, que respetemos las elementales reglas ortográficas y que nuestro estilo literario permita una fácil comprensión del texto. Las particularidades de la gramática, el uso excesivo de gerundios y los anglicismos constituyen verdaderas dificultades, mientras que para otros, es una pérdida de tiempo después de una larga jornada laboral sentarse a actualizar un tema o realizar un análisis estadístico.

Así, después de una breve introducción, objetivos, material y método, resultados, discusión y conclusiones, se pedirá que la bibliografía esté actualizada y cumpla las normas internacionales de acotación. Y esto resulta fácil decir; pero muy difícil de conseguir. Se sabe de grandes científicos que tuvieron enormes dificultades para hacerse comprender por la gente de su época, no tanto por lo avanzado de sus descubrimientos, sino por la manera de expresarse. Y no tan sólo por dificultades en hablar, en gran medida, también para escribir. Existen artículos trascendentes en medicina, que nos han llegado gracias a la interpretación y traducción del pensamiento, que otros hicieron posteriormente. Y no nos referimos fundamentalmente a la complejidad del pensamiento sino a lo confuso del lenguaje empleado.

Se adivina el esfuerzo del autor, la importancia del trabajo, pero a veces cuesta entender lo que se quiere decir. Es la manera de escribir la que hace difícil la lectura y ardua la comprensión. Y es una lástima, porque brillantes ideas han quedado oscurecidas por la forma en que se presentaron. Por esta razón, se dice, que existen escritos que duelen los ojos y hieren los oídos.

Por todas estas razones, en alguna medida, se pierde todo el cúmulo de conocimientos y experiencias que deben ser compartidas o incluso discutidas, para tratar de transmitir a otros colegas o porqué no, a otras generaciones los resultados de años de trabajo, que no siempre se encuentran en los libros. El desarrollo tecnológico actual permite minimizar estas dificultades. Se sabe que hoy existen infinidad de posibilidades para poder publicar de forma electrónica, en numerosos revistas, con mayor facilidad; sin embargo, tampoco estas herramientas se utilizan con la frecuencia que deberían de utilizarse.

Sólo es necesario que nos propongamos comenzar e incentivar a las generaciones más viejas a plasmar las experiencias vividas, y a las más jóvenes a divulgar los resultados de sus investigaciones.

Esta, a mi modo de ver será la mejor y única forma de romper el hielo. No se trata de escribir un tratado. Se ha dicho, por numerosos autores de una u otra forma que se debe escribir lo que uno sabe y nada más y pienso que es una gran verdad. Es simplemente, adaptarse a las normas de publicación de cada revista. Rober Louis Stevenson (1850-1894) dictó un precepto muy actual: "Si un hombre puede organizar sus ideas,  entonces puede escribir"

Yo los exhorto colegas Mexicanos a intentarlo. Al principio cuesta trabajo, después es casi una necesidad. Si por alguna casualidad, logré despertar en algunos ese interés, creo haber cumplido mi objetivo, si no al menos espero compartan mis ideas y estén de acuerdo conmigo.