Volumen
16 Número 1 Enero - Marzo 2004
Editorial
El Arte de la Medicina
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Dr. José Co editor. Anestesia
en México Departamento de Neuroanestesiología Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Av. Insurgentes Sur 3877, Col. La Fama, Tlalpan 14269 México, DF |
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Así, no es raro escuchar que la Medicina tiene mucho de Arte y poco de
Ciencia, pero es un Arte implícito en su ejercicio. Evidentemente este
concepto, se refiere más al ejercicio de la semiología y al arte del
diagnóstico clínico, que pueden llevarnos a la más pura clasificación de una
cefalea, al elegante diagnóstico de una pancreatitis, o a la certera
localización de un déficit neurológico, sin que para ello medie más que el Arte
del diagnóstico. Pero, aunque para aplicar la semiología se requiere de
conocimientos anatómicos, fisiológicos, bioquímicos, etc., ese Arte difícilmente
nos ayudará a comprender la historia natural de la enfermedad, el tratamiento
adecuado, las complicaciones probables, la respuesta a la terapia y sobre todo
a la erudición científica acerca de tal o cual proceso metabólico, hereditario,
infeccioso, degenerativo, etc. Es decir, que mientras que para el abordaje de
la enfermedad del paciente se requiere de un carácter científico, para el
abordaje del paciente en su persona, como en su familia y en los alcances de la
enfermedad se requiere más de Arte que de Ciencia. Este concepto en mi opinión
debería más de referirse como humanismo en nuestro ejercicio profesional que
como al Arte implícito en el ejercicio de la medicina.
En este proceso tan diverso ha aparecido la tecnología, que nos ha hecho
más fácil el ejercicio y la práctica de la Medicina, pero que nos ha alejado
del aspecto humano de
Por otro lado, ahora que tenemos acceso a un gran volumen de
información, en donde en infinidad de revistas se nos advierte de nuevos
métodos diagnóstico y nuevos tratamientos, estamos obligados a considerar un
método por el cual podamos filtrar esta información, ya que de otra manera
estaremos condenados a leer, leer y leer, sin saber realmente qué es lo que
debemos hacer para tratar un paciente, o cual es el mejor método diagnóstico
para cualquier enfermedad. Hasta hace unos 15 o 20 años, para conocer mejor
sobre tal o cual tratamiento, podíamos acercarnos a nuestros profesores, y al
aprender de alguien con 30 o más años de experiencia clínica, estábamos seguros
de que nuestro ejercicio profesional, sería mucho mejor del que aprenderíamos
en un libro de texto. Lamentablemente esto ya no parece ser así. Un clínico
experimentado puede estar equivocado si basa, en su experiencia clínica de 30
años, una decisión terapéutica. Se han requerido miles de pacientes para
demostrar por ejemplo, que la trombolísis es efectiva en el caso de infarto del
miocardio y pocos clínicos pueden decir que han visto a varios miles de
pacientes para contraponer su experiencia clínica a la evidencia científica. La
práctica de la medicina basada en la experiencia personal, ya no es concebible,
ya que ésta no está comprobada científicamente. Tampoco podemos basar nuestro
ejercicio en estudios clínicos diseñados en animales de laboratorio o diseñados
de manera deficiente, ya que se estima que apenas el 15% de la información
publicada es "pertinente" para nuestro ejercicio profesional. Aquel
viejo concepto del llamado secreto profesional, que hacia la diferencia entre
un médico común y un buen médico, tampoco es concebible, ya que además de no
ser ético el mantener en secreto un tratamiento que puede ser de beneficio para
la humanidad, este famoso secreto debería someterse al rigor experimental del
que seguramente no saldría bien librado. El secreto profesional sólo tiene
cabida en un mundo basado en el Arte y no en un mundo que se basa en la
experiencia científica.
Lo cierto es, que mientras que uno nos hace médicos (la Ciencia), el
otro nos hace humanos (el Arte). Seamos pues Médicos, sin olvidar el Arte,
apliquemos lo que sabemos sin olvidarnos, que antes que médicos seguimos siendo
al fin y al cabo humanos. Pero, si nuestra meta es practicar medicina
científica, necesitamos basar nuestras decisiones en la mejor evidencia
posible, de otra manera, no importa qué tan bueno sea nuestro entrenamiento o
las intenciones para con nuestros pacientes, estaremos practicando magia y
curanderia detrás de nuestros impecables disfraces de médicos.2
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2.
López Jiménes F. Manual de Medicina Basada en Evidencia. El Manual
Moderno y JGH Editores, México, 2001